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dinamica Enamoramiento.docx

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01/27/2014

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Enamoramiento La relación romántica, por ser una de las formas de interacción humana más pura e intensa, merece algunas consideraciones especiales. En una pareja ideal, ambas personas aportan al crecimiento de su energía. Cada uno se vuelca en amor hacia el otro. Los dos se entregan incondicionalmente, y los dos saben también recibir y agradecer. Se eliminan las competencias por la energía, evitando así debilitarse mutuamente, y convirtiéndose en un verdadero equipo para la vida. El amor da energía. El que da amor, como vimos anteriormente, está dándole energía al ser amado, pero al mismo tiempo está llenándose de energía él mismo. Una buena pareja es un gran sustento para sobrellevar los vaivenes de la vida, para caminar acompañados, completos. Sin embargo, en muchas parejas y pseudoparejas la realidad puede ser muy diferente. A veces, más que una fuente de energía, es la principal fuente de conflictos y competencias. Hay parejas que viven quitándose energía el uno al otro en lugar de aumentarla. Mediante los celos excesivos, las peleas y discusiones, el ejercicio del poder sobre el otro, etc. ¿Y cómo se llega a esto? Muchas veces cuando dos personas se atraen y comienzan una relación, todo es hermoso entre ellos. La energía de ambos llega a extremos increíbles cuando están juntos, sienten que tocan el cielo con las manos, todo es euforia y excitación. Este es el enamoramiento inicial. Al principio, el contacto entre estas dos personas en realidad no es tal, sino que es un contacto entre dos fantasías, entre dos imágenes idealizadas que no se corresponden necesariamente con las personas reales. Los niveles de energía alcanzados provienen básicamente de la ruptura de las barreras entre ambas personas. De ser completamente dos desconocidos, a acceder a un conocimiento profundo del otro, tanto físico como de su personalidad, se van derrumbando vertiginosamente las barreras hasta llegar a un acercamiento fuerte. En este proceso hacia la intimidad, cada uno, a través del otro, accede a la energía del universo de una forma frontal, increíblemente pura. Pero por irreal, esta forma de relacionamiento es limitada. Al poco tiempo, la proyección se va evaporando, la intimidad ya se consiguió, no hay más barreras que derribar y la energía deja de venir de nuestro propio inconsciente. Llegado ese punto, y acostumbrados a la fuerza de la energía que ambos generaban juntos, cada uno comienza a pretender que dicha energía venga del otro, y a sentirse frustrado si no la
 
consigue. Ahí comienzan los reproches, las peleas, y la lucha por la energía del otro. Muchas parejas se rompen en este punto. Otras continúan pero mal encaminadas. Sólo las que se fundan en el verdadero amor pueden lograr una transición de la etapa del enamoramiento inicial hacia un amor real entre personas reales, basado en el mutuo conocimiento y no en fantasías. Para lograr este tipo de relación, hay que dejar de lado ciertos conceptos muy publicitados y establecidos. Uno de ellos es el cliché de la media naranja, de pensar que sólo hay una persona en el mundo para cada cual. Inconscientemente estamos preparados para creer que el amor consiste simplemente en encontrar a la persona a quien amar, y que cuando esta aparezca todo se dará naturalmente y de forma fantástica. Las películas románticas, miles de frívolas canciones de amor que escuchamos día a día, novelas, cuentos, y todo un bagaje cultural contribuyen a esta expectativa. El esperar al príncipe azul, o a la princesa encantada, es una ilusión dañina que atenta contra la formación de una auténtica pareja de amor. Erich Fromm hace una ilustradora comparación con el aprendizaje de un arte. Si una persona quiere aprender a pintar, y atribuye su fracaso a no encontrar el pincel adecuado, poniendo todas sus expectativas en que cuando lo consiga hará cuadros maravillosos, lógicamente vivirá frustrado. Si en lugar de ello depositara sus energías en aprender la técnica de la pintura, con el tiempo seguro conseguiría algún pincel que se adapte a sus necesidades. El mismo razonamiento aplicamos al esperar encontrar a la persona indicada para formar pareja, y suponer que cuando esta llegue mágicamente estaremos preparados para ser felices juntos por siempre. Si aprendemos a amar, no será lo central encontrar el objeto para nuestro amor. Desarrollaremos la capacidad de relacionarnos positivamente con el sexo opuesto, y tendremos entonces la libertad de elegir inteligentemente con quién deseamos compartir nuestra vida. La realidad es que hay en el mundo muchos hombres y muchas mujeres, y que muchos de ellos podrían formar buenas parejas entre sí, si estuvieran bien predispuestos y preparados para ello. Desde ya, no diría que cualquiera podría ir bien con cualquiera. Pasando por el aspecto químico de la atracción física, hasta los distintos tipos de personalidad, costumbres, valores y
 
proyectos, determinadas personas podrían formar relaciones positivas solamente con cierto subgrupo de potenciales compañeros. Otro enem
igo popular es el enunciado de que “el amor es ciego”. Abundan las historias al
estilo de Romeo y Julieta, o aquellas en las que los enamorados son de distintas clases sociales, o que por diversas circunstancias son totalmente inconvenientes, pero sin emba
rgo “el amor es más fuerte” y supera las dificultades. Lamentablemente para el romanticismo, estas
situaciones son en realidad reflejo de una debilidad humana. No somos animales que sólo nos guiamos por las feromonas para elegir a nuestra pareja. Tenemos una voluntad, una gran capacidad de dominar nuestras emociones, y sentimientos, y dirigirlos hacia donde nosotros queremos. Amar es una elección, no es un sentimiento incontrolable. Y es una elección que hacemos día a día. Por eso podemos prometernos amor eterno, porque tenemos la capacidad de decidir sobre ello. Si el amor fuera simplemente algo que viene o se va independientemente de nuestra voluntad, dicha promesa carecería de sentido. En conclusión, cuando estamos en la etapa de tomar decisiones en cuanto a la formación de una pareja, debemos tener en cuenta los siguientes factores: -Tener en claro el objetivo. Esto no es más que un caso particular de lo que hablábamos en los primeros puntos de este trabajo. En lugar de avanzar sin rumbo, tenemos que tener claras nuestras metas. ¿Queremos formar una pareja o priorizamos en esta etapa de la vida otros elementos? (Como la libertad para conocer el mundo, o desarrollar nuestro arte o profesión) Y si la respuesta es que sí, queremos formar una pareja ¿Qué tipo de pareja queremos? Tenemos que tener presente la diferencia entra las parejas sexuales y el amor, ya que muchas veces pueden confundirse. Es muy distinta la actitud que debemos tener y los elementos a considerar según estemos buscando una relación circunstancial o a la persona con quien compartir la vida. Suele suceder que se termine compartiendo la vida con una persona que en principio iba a ser una relación circunstancial. Esto no es lo óptimo, pues pudieron no haberse considerado aspectos importantes que deberían haberse tenido en cuenta.

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