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La Diosa Autoestima

La Diosa Autoestima

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Published by Barbara and Craig
Sin una autoestima saludable ninguna de nuestras metas, ambiciones, sueños puede alcanzarse de forma duradera. Conocer a ésta esquiva Diosa se nos hace, hoy más que nunca, de vital importancia. He aquí unas claves para reencontrarnos con ella.
Sin una autoestima saludable ninguna de nuestras metas, ambiciones, sueños puede alcanzarse de forma duradera. Conocer a ésta esquiva Diosa se nos hace, hoy más que nunca, de vital importancia. He aquí unas claves para reencontrarnos con ella.

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Published by: Barbara and Craig on Sep 30, 2009
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08/29/2010

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La diosa Autoestima: en busca del amor perdido
© Bárbara Meneses Montgomery, (2009)
www.monjeslocos.commonjeslocos@gmail.com
¿Quién crees que eres realmente? ¿Eres el patito feo, eres el cisne? ¿oquizás eres el espejo y la luz que todo lo refleja?
¿H
abéis escuchado alguna vez a vuestros mejores amigos decir: “es que no te quieres losuficiente, eres muy duro-a contigo mismo-a…”? Si esas palabras os paralizaron, dejándoos sinrespuesta posible porque ni sabíais lo que os estaban diciendo, es que no conocíais aún lasensación que se tiene al sentir una autoestima saludable, al quereros a vosotros mismosrealmente. No hay consuelo que valga, es cierto, pero no sois los únicos. Millones de personas enel mundo entero sufren a diario de una baja autoestima, de la falta de amor auténtico y sinceropor ellos mismos. No se escapan en este cómputo ni muchos santos quienes preferían vivir en lanegación de uno mismo, ofreciéndose generosamente a los demás pero olvidándosecompletamente de si mismos. Tampoco se escapan reyes y plebeyos, ricos y pobres, artistas,creativos, genios o científicos, guapos o feos. Por no escaparse no se escapan ni los Dioses delOlimpo, ni Diana de Gales. Algunas estadísticas en EEUU mencionan que un 70% de lajuventud norteamericana tiene una baja autoestima porque considera que algo en sí mismo no seajusta a los canones de belleza, simpatía o popularidad. Entre las edades más adultas, laautoestima también afecta a mujeres y hombres de toda condición.
 
¿Sabemos realmente si tenemos una autoestima saludable?
¿Quién es esa Diosa tan esquiva llamada Autoestima y cómo podemos atraerla hacia nosotrospara que nos nutra y sustente en nuestra vida y nuestros proyectos?, ¿Cómo podemos llegar asentir ese amor por nosotros mismos cuando nunca lo hemos hecho antes?, ¿Tenemos algunasolución posible a este entuerto? La respuesta quizás yace en una nueva lectura de los
Misterios Eleusinos 
, aquellos en los que el drama de las diosas Démeter y Perséfone sirvieron como ritualde iniciación a los ciclos y fases de la vida…Pero como toda buena historia, este cuento ha decomenzar por el principio: Érase una vez…La autoestima se define comunmente por la valoración que hacemos sobre nosotros mismos, laopinión que nos merecemos cuando nos vemos en nuestra totalidad y sobre todo la
emoción
quesentimos cuando contemplamos: nuestro cuerpo, nuestra mente, nuestros talentos, habilidades,nuestros logros, nuestras capacidades en todos los niveles de la vida. Cuando esa opinión esnegativa, decimos que tenemos una baja autoestima y cuando esa opinión es positiva, concluimosque tenemos una autoestima saludable. Cuando exageramos grandilocuentemente nuestroconcepto de nosotros mismos, la psicología nos habla de narcisismo, síndrome que procede delmito de Narciso, también presente dealgún modo en la historia de Démeter y Perséfone. Aquelque tiene una autoestima saludable muy probablemente pueda identificar esa condición, peroaquel que no la tiene, al no haberla experimentado en toda probabilidad nunca, no podráidentificar aquellas sensaciones y emociones que se sienten cuando se goza de una sanaautoestima. Es por ello, que nuestros amigos pueden alentarnos a querernos más, y sin embargosus palabras caen vacías y huecas sobre nosotros, incapaces de encontrar los
músculos internos 
que activen esa autoestima óptima, ese amor a uno mismo.Esta dificultad por reconocer la autoestima saludable cuando gozamos de ella, nos indica que esemúsculo interno, que no hemos desarrollado aún, viene condicionado de nuestra infancia, inclusoa veces más allá de ella: nuestro entorno familiar y hasta socio-cultural. Se da así el caso muyfrecuente de que familias enteras sufren de baja autoestima transmitiéndose de padres a hijos ysociedades enteras la sufren dificultando así si cabe aún más, la activación de esos recursosinternos que nos hagan reconocer ese estado saludable de auto-valoración. Basta considerar porejemplo a todas aquellas etnias o sub-grupos sociales que son marginados por su condición racialo su situación económica..Si bien uno puede crecer con baja autoestima, es posible igualmente que una persona con unaautoestima saludable, vea dinamitada esa valoración positiva de si misma debido al deteriorogradual de sus relaciones personales o situaciones laborales o vitales que le lleven a formular unanueva opinión de si misma en términos negativos. Es muy frecuente que las malas relacionesmatrimoniales, por ejemplo, terminen haciendo mella en uno de los miembros generando esedeterioro en la autoestima. Los malos tratos en cualquier ambiente ya sea familiar, personal olaboral pueden fomentar la baja autoestima de quien sufre ese acoso. La pérdida del trabajo, unasituación de estrés o cambio repentino en la vida de una persona puede sacudir ese concepto deuno mismo y deteriorarlo si la persona no es capaz de reenderezar su auto-valía de un modopositivo y constructivo. Por todo ello, así como un músculo necesita ser ejercitado paramantenerse sano, fuerte y flexible, la autoestima también requiere de nuestro esfuerzo constantepor mantenerla en un estado óptimo.¿Por qué es importante la autoestima? Cabría preguntarse. Es ella la que nos nutre y nos sustentaen todos los niveles y es ella la que nos apoya y respalda en todo cuanto emprendemos en nuestravida. Podemos ser conscientes de ello o no, pero la realidad es que, si tenemos una baja opinión
 
de nosotros mismos y de nuestras capacidades de resolver problemas, desafíos vitales, de saliradelante en la vida, muy probablemente no logremos ninguna de nuestras metas ni propósitosporque nos falta lo más básico: la gasolina, la energía necesaria para funcionar. Y esa gasolina sólotiene un nombre y no tiene diferencias de octanos: es amor a uno mismo.
Los primeros guardianes de la autoestima
La autoestima comienza a construirse en la vida de una persona en la infancia. Los guardianespues de nuestra valoración propia, siendo niños, no son sino nuestros padres y en segundotérmino, las personas más próximas a nosotros. Ellos, con sus creencias, su educación yexperiencia vital nos transmiten en positivo o negativo la opinión que ellos tienen de nosotros, yasí, como hijos suyos que somos, las interiorizamos. Considerándonos muchos padres comoapéndices suyos y no como seres independientes, recibimos a menudo, indirectamente, no ya unavaloración de nosotros mismos, sino la valoración que ELLOS MISMOS SE HACEN a simismos A TRAVÉS DE de nosotros. Esto da lugar a un sinfín de distorsiones, proyeccionesmentales de los adultos sobre los niños, de difícil tratamiento consciente cuando somos tanpequeños. Y así, crecemos interiorizando esas voces familiares que nos valoran, nos desprestigian,nos alientan o desalientan en los pasos que damos en la vida. Esas opiniones de los creadoresprimeros de nuestra autoestima pueden ser tan importantes que en muchos casos marcaránnuestro éxito o nuestro fracaso en un sinfín de ámbitos de la vida. Nuestra reacción inconscientea esa valoración familiar se produce cuando nos rebelamos instinctivamente contra ese yugo o porel contrario, cuando en busca de aceptación familiar y social, recurrimos a la sumisión eintegración total de esa valoración, ya sea positiva o negativa. Caminamos muchas veces así, ya enla edad adulta, de un modo totalmente
reactivo
, cumpliendo los sueños y deseos que nuestrospadres proyectaron sobre nosotros fruto de sus experiencias frustradas o por el contrario,caminamos representando fielmente el resultado de esas proyecciones familiares que a modo de
maldición 
, se volcaron sobre nosotros. Somos pues, prisioneros de la valoración de otros y nopersonas libres de ser nosotros mismos de una forma
pro-activa
.
Buscando a la Diosa
Relieve mediados siglo V. Démeter sentada en su trono con mano deespigas y cetro. Perséfone con dos antorchas que, ¿simbolizan éstasacaso la luz de nuestra conciencia ya despierta?

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