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I -Te repito por centésima vez, hermana, que es absolutamente preciso que mi hijo conozcaun poco del mundo antes de contraer empeños tan solemnes como los del matrimonio.-Sí, porque arrojar a un pobre muchacho de veinte años, que sale de un colegio, en esaBabilonia de Madrid, para que le perviertan y corrompan, es el mejor medio de prepararlea ser un buen marido. ¡A la verdad, hermano, que discurres con acierto!-Leonor, tú interpretas mis palabras con una arbitrariedad que me pasma. ¿Quién trata dearrojar a Carlos, como dices tú, para que le perviertan y le corrompan? No pude mi hijo ira la corte recomendando a sujetos apreciables y prudentes, que le sirvan de guía en ésaque tú llamas Babilonia? Además, en Madrid como en Sevilla hay bueno y malo: no sé porqué se ha de suponer que todo el que vaya, habrá de pervertirse forzosamente. ¡Tienesunas preocupaciones tan injustas y tan tenaces!¡Y tú unos caprichos tan inconcebibles!... Conque, en fin, Francisco, estás resuelto a pesarde las repetidas reflexiones que te hago, a enviar al chico a Madrid apenas llegue aSevilla.-No digo yo que sea precisamente apenas llegue a Sevilla, no por cierto. Hace ocho añosque no veo a Carlos y...-Gracias a la loca manía que tuviste de querer hacer a tu hijo un revolucionario, un hereje,un francés. No fue ciertamente mi dictamen el que seguiste cuando enviaste a Carlos atomar lo que tú llamas una brillante educación, a un colegio de Francia: de esa Nínive, deese centro de corrupción, de herejías, de...-Por el amor de Dios, hermana, suspende tus calificaciones y déjame concluir lo que ibadiciendo. Repito que hace ocho años no veo a mi hijo, y que es natural desee tenerlo a milado algunos meses antes de volver a separarme de él. Pero después, es cosa decidida,después irá a Madrid, irá a tomar ese bañito de corte que sienta tan bien a un joven de suclase, y que en nada, así lo espero, podrá perjudicar a sus sentimientos y buenascostumbres. ¡Hermana Leonor! Ningún Silva ha sido pícaro ni libertino, y yo juro, viveDios, que no será Carlos el primero.-Pero ¿qué necesidad tiene Carlos de ese bañito de corte, como tú dices? Porque se quedetranquilo en su patria al lado de su padre y de su esposa, cuidando sus intereses, que aDios gracias son considerables, será menos caballero, menos estimado de suscompatriotas? ¿Pierde algo con no ir a Madrid?-Sí, señora, porque este paseo, que por otra parte no será largo, le proporcionará revivirútiles relaciones, que yo tengo muy descuidadas: podrá, por medio de ellas, vestir eldistinguido hábito de Carlos III que yo obtuve a su edad, pues mi hijo no ha de ser menosque yo; se dará a conocer y cultivará la amistad de su primo que es capellán de la Reina,
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