39
S.Caletti
38 39
Claro está, no necesariamenteesa conexión entre comunicacióny política a la que me refierocomo presentándosenos hoyconsumada y natural se veríaagotada (ni tan siquiera satisfe-cha) con la inclusión sistemáticade asignaturas de teoría políticaen Licenciaturas de Comunica-ción. Casi podemos inclinarnos aseñalar lo contrario: el encuentroentre comunicación y política notendría por qué entenderse comoresultado de una mera yuxtapo-sición de asignaturas de una yotra. Pero podría entendérselocomo un comienzo o el indicio deuna preocupación asumida. Por-que lo cierto es que tampoco sondemasiado frecuentes (al contra-rio, lo son menos aún) los espa-cios curriculares que, ateniéndo-se a lo expreso, elevan la apues-ta e incluyen asignaturas dondela conexión esté
ya formulada
, ala manera de algunas pocas ca-rreras que aluden en sus planesa la «comunicación política» obien, invirtiendo términos, a las«políticas de comunicación».Se registran por supuesto otrasformas de contacto entre amboscampos. Por ejemplo, algunascarreras incluyen materias des-tinadas al entrenamiento en elanálisis de la actualidad políticaen clave informativa. Así, entreotras, las Universidades Austral,de Belgrano, o Nacional de RíoCuarto. O bien las que, como laUADE (Universidad Argentina dela Empresa), lo hacen en térmi-nos de relaciones internaciona-les. O las que, como la Universi-dad de Belgrano, lo hacen conorientación al conocimiento delsistema político argentino, porno mencionar la relativamentenumerosa serie de asignaturasque proponen fijar la mirada enlos problemas jurídicos queentrañan las prácticas comuni-cacionales.Si acaso aquellas estrechas co-nexiones que damos a diario porsentadas entre comunicación ypolítica no son una mera ilusión,lo que ocurre en nuestras Licen-ciaturas en ese sentido (esto es,con la posibilidad de plantearlas,problematizarlas, discutirlas),tiene la forma de una presenciaesquiva. La atención que se lepresta a las relaciones entre co-municación y política -e, inclu-so, a los elementos que la teoríapolítica puede aportar a ella- re-sultan, en sus términos más con-ceptuales, a veces escasos, a ve-ces nulos.No es de ninguna manera nues-tro propósito responsabilizar alas Carreras por el cuadro de si-tuación que emerge de estas bre-ves indicaciones. Más bien to-mar lo que este panorama da aentender como punto de parti-da de una reflexión que se sitúamás allá de las Carreras y, encuyo contexto, en todo caso,ellas constituyen sólo parte delsíntoma.
II
La cuestión acerca de la cual lasCarreras parecen ofrecer así tes-timonio podría ser enunciada, en principio, en términos tan senci-llos como los siguientes: la posi-bilidad de un pensar radical so-bre las vinculaciones y entrecru- zamientos entre los fenómenosque alumbran ambos cortes ana-líticos de los procesos sociales -comunicacional y político- ha sidoinsistentemente resistida, en par-te, por la misma naturalidad conque estos entrecruzamientos se presentan, intensos y cotidianos. En parte, también, por la persis-tencia de una concepción en últi-ma instancia técnica de la comu-nicación (y de la política)
.No pretendemos con esta afirma-ción ignorar los lazos fuertes quese establecen desde el punto devista de la investigación y la re-flexión entre los estudios de co-municación y los fenómenos po-líticos. Muy por el contrario, pre-tendemos aludirlos. Esto es, alu-dir la curiosa circunstancia deuna cercanía y de la evidencia deuna conexión que, sin embargo,ha logrado permanecer opaca (yemprendiendo caminos subsi-diarios: legislación en comunica-ción; políticas de estado en co-municación; el papel de la co-municación en los eventos polí-ticos; etc.) cuando todo llamabaa pensarla de frente.Los estudios de comunicaciónnacieron al estatuto pseudo dis-ciplinario que hoy ostentan enesta cercanía. La historia arran-ca tal vez en 1927, con la publi-cación de
Propaganda Techni-ques in the World War
, del porentonces muy joven HaroldLasswell (un volumen nunca tra-ducido al castellano). Desdeaquellos años y por décadas, losestudios de comunicación reco-rrieron, en los Estados Unidos yen nuestros países, entre otroscaminos, los claroscuros de lascampañas electorales, así comolos afanes por el desarrollo dezonas rurales hasta, en rigor, elabsoluto presente de la asam-blea electrónica que se sueñapor internet.
1
Esto es, crecieronen estrecha contigüidad con laproblematización de lo político,aunque -y éste es el punto- sinabandonar nunca un tipo de co-nexión donde la política suponecentralmente el funcionamientode la maquinaria institucional dela llamada democracia y la co-municación, la capacidad dise-minadora de mensajes propia deunas tecnologías novedosas. Enotros términos, y si se me per-mite, la relación que se nos ha
Leave a Comment