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Ponencia Marcha Patriotica Para La

Ponencia Marcha Patriotica Para La

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Domingo, 28 Abril 2013
PONENCIA
PROPUESTAS DE LA MARCHA PATRIÓTICA PARA LA PARTICIPACIÓN POLÍTICA
 En Colombia la ausencia de democracia real y de participación política ha sido la constante de nuestra vida republicana. La Marcha Patriótica considera que la democracia es inconcebible sin la participación directa del pueblo en los procesos políticos. La participación política supera de lejos el estrecho marco de los comicios electorales, atraviesa el conjunto de la vida social del país y pasa por el poder decisorio del constituyente primario. La convocatoria directa al pueblo soberano es una necesidad durante el actual proceso de paz y único garante de su éxito. Los acuerdos en los que avance la mesa de diálogo requieren de la refrendación popular; por el calado y profundidad de las temáticas de los acuerdos y el necesario blindaje de éstos, la Asamblea Nacional Constituyente, se presenta como el desenlace lógico dentro del proceso de solución política. Presentamos a la Mesa de Diálogo, 9 propuestas básicas para la Participación Política y las garantías democráticas del pueblo colombiano, de acuerdo a lo contemplado en el punto 2 de la Agenda entre el gobierno nacional y las FARC-EP:
1.Desmonte efectivo del paramilitarismo
 La finalización del conflicto solo será posible, si se logra una desactivación real de las bandas paramilitares que han germinado históricamente dentro de una política de Estado. Partiendo de reconocer la responsabilidad política del estado colombiano, y el derecho a la verdad, justicia y reparación de sus víctimas, se trata no solo de atacar el epifenómeno paramilitar armado sino sus raíces sociales, económicas y políticas. El desmonte efectivo del paramilitarismo incluye la desarticulación de las actuales redes que pretenden ser camufladas en eufemismos y nuevas
 
denominaciones; la purga de sus auspiciadores dentro de las FFMM; y la condena a sus financiadores y tribunos entre empresarios, prensa, partidos y Estado, todo ello con verificación internacional y de los movimientos sociales colombianos, prestando especial atención a ofrecer garantías especiales a nivel regional y rural para la democratización efectiva del poder
local y la eliminación de las auténticas “republiquetas” gansteriles y
clientelares construidas por el terror paramilitar.
2.Transformación del régimen político y reforma a las instituciones actuales
  Ante el desbarajuste institucional producido por las sucesivas reformas a la actual constitución (38 en 22 años) en especial el desbalance que introdujo la figura de la reelección presidencial, y los mismos límites democráticos consagrados en 1991, se agudiza una revisión profunda del régimen institucional colombiano, repensándolo desde el principio rector de la participación democrática del pueblo. El equilibrio de contrapesos entre las ramas del poder público
 –
hoy claramente favorables al ejecutivo-; la elegibilidad y veeduría popular sobre instituciones cardinales como la Junta Directiva del Banco de la República rompiendo con la autonomía tecnocrática neoliberal instituida por la Constitución de 1991; la participación de la rama judicial en la designación de magistrados de las altas cortes; así como la eliminación de corporaciones vetustas como la Procuraduría General de la Nación, son aspectos sustanciales a ser tenidos en cuenta para la transformación orgánica del Estado colombiano, refundado en función de los principios de participación popular y democracia efectiva.
3.Nuevo sistema electoral participativo y con garantías, que logre atacar el clientelismo y los lastres que mellan el ejercicio democrático del voto
 Un sistema político azotado por más de 40 años de abstención mayoritaria, y donde el reducido ejercicio del voto es expresión predominante de alteraciones y anomalías, no puede considerarse democrático. Se requiere la construcción de un poder electoral independiente, con participación directa de todas las fuerzas vivas del país, que garantice equidad de condiciones en términos materiales y políticos de todas las opciones partidistas. Gran aporte para el saneamiento de este sistema electoral corrompido y ventajoso para la actual clase política, pasa por la modernización
 
institucional y técnica de la Registraduría Nal del Estado Civil, el CNE, y el mismo sistema de identificación de la población y el censo electoral, que hoy paradójicamente incluye muertos que votan y excluye a campesinos sin cédula. La implementación del voto electrónico y la necesaria veeduría de UNASUR son herramientas a ser tenidas en cuenta en esta transformación. En aras de garantizar la equidad de las diversas fuerzas políticas se requiere de una clara reglamentación electoral que prohíba la financiación privada de las campañas, evitando feriar la democracia a la subasta del gran capital, y que garantice el apoyo estatal a todas los partidos políticos y el acceso proporcional a sus medios de información. De igual forma la eliminación de las múltiples cortapisas que como el umbral excluyen de facto la participación electoral de nuevos movimientos políticos y sectores minoritarios representativos de la diversidad propia del país nacional. A contrapartida se debe avanzar en una reglamentación que promueva la democracia interna de los partidos y otorgue cuotas claras a la presencia de mujeres y jóvenes en las listas y cargos de elección popular. El replanteamiento del ordenamiento territorial base del actual sistema electoral es otro aspecto sustancial. El reconocimiento de las zonas de reserva campesina, autonomías indígenas y afro-descendientes, -no como circunscripción especial sino como entidades electorales y de gobierno propias-, en el marco de la construcción de una representación política que exprese la diversidad y el pluralismo característico de la nación colombiana, es una necesidad de primer orden en una auténtica reforma política que transforme el ventajoso y centralista esquema de elección parlamentaria y de administración pública.
4.Un Estatuto de oposición para la inclusión y el buen gobierno
 Habiendo superado efectivamente la persecución de hecho, legal y extra legal, la promoción y garantías institucionales para la oposición política y social deben estar consagradas por un estatuto de oposición que impida la persecución política y la estigmatización, brindando espacios mínimos para la veeduría y participación de los partidos y movimientos alternativos a la coalición de gobierno. La exigencia del estatuto de oposición, -propio de cualquier democracia liberal madura-, no se trata de una mordaza que busque encorsetar el legítimo derecho de oposición a normatividades impuestas, o peor aun avalar de forma reduccionista solo determinadas tipos y organizaciones de oposición. Por el contrario debe consagrar garantías para el conjunto de expresiones políticas y sociales divergentes, y no solamente para aquellas

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