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Skarmeta, Antonio - No Paso Nada

Skarmeta, Antonio - No Paso Nada

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A
NTONIO
S
KÁRMETA
 _______________ 
No pasó nada
1
 
Skármeta, AntonioNo pasó nada - 1
a
ed. -Buenos Aires : Debolsillo,2005.128 p.; 19x13 cm.ISBN 987-566-071-X1. Narrativa ChilenaI. TítuloCDD Ch863.Diseño de la portada: Depto. de Diseño del Grupo EditorialPlaza & JanesFotografía de la portada: © Hulton Getty/StoneFotografía del autor: © Ana María LópezPrimera edición en la Argentina: junio de 2005© 1980, Antonio Skármeta© 1996, Plaza & Janes Editores S.A.Edición de bolsillo: Nuevas Ediciones de Bolsillo, S.L.© 2005, Editorial Sudamericana S.A.®Humberto I
o
555, Buenos Aires, ArgentinaPublicado por Editorial Sudamericana S.A.® bajo el sello Debolsillocon acuerdo de Random House MondadoriISBN 987-566-071-XImpreso en la Argentina.Queda hecho el depósito que previene la ley 11.723Fotocomposición: Lozano Faisano, S.L.2
 
PRÓLOGO
Cuando el film
El cartero
obtuvo cinco nominaciones al PremioOscar, varios equipos de periodistas internacionales provistos devoraces cámaras cercaron mi casa veraniega en el pueblo chileno de Tongoy, donde yo pasaba un afable verano entretejiendo mi nuevaficción, y en mi calidad de autor de la novela
El cartero de Neruda,
sobre la cual se basaba el film, fui sometido a una investigaciónrigurosa acerca de la verdad de este relato.En principio querían comprobar si algo en la costa del Pacífico,ese océano «con siete lenguas verdes, de siete tigres verdes», podíaestimular un tipo de creación que les parea querible. Haancontemplado largamente el mar, y como la elaboración de metáforasles resultaba lenta, se decidieron a probar nuestros afrodisíacoslocales, a saber: mariscos insólitos tipo erizos, machas, picorocos, y elvino pródigo de estas tierras que por aquí tiene tanto prestigio comoel español.Animados por estos flagelos, que yo les reiteré con cordialidadsureña, me hicieron una pregunta que ningún autor puede responder,no tanto por modestia sino por ignorancia. Con los ojos chispeantes ysus maras fotográficas y filmadoras colgando efusivamente,querían que yo les explicara en qué consistía la «magia» del relatoque había podido inspirar un film que ahora estaba masivamentenominado en la corte del cine.Los corté abruptamente. Yo, señores, les dije, era un
 pájaro
y no un ornitólogo. Y parausar una imagen futbolística agregué: No podía yo disparar el tiro deesquina y al mismo tiempo estar en el área para cabecearlo y meterel gol. Ni nuestro
Bam Bam
Zamorano, ese centrodelantero que algúndía los madrileños añorarán, sería capaz de tal proeza.Viendo sus ceños implacables, procedí a servirles algunos litrosde pisco
sour,
un brebaje chileno de cuarenta grados, extirpado de lauva, el cual, aquí, se bate con limón, azúcar, hielo, clara de huevo, ycuyo efecto permite al beneficiario olvidarse sin más de nombre,apellido, edad y, en el caso de los casados, frecuentemente de suestado civil. Pero lo que pensábamos como antídoto a la curiosidad,obró en otro sentido. Mis queridos interlocutores, desinhibidos poresta golosina, se confesaron. No era yo el primer motivo de suscrónicas sino que tenían en mente, por encargo de sus editores, unapresa mayor: ubicar al Cartero, el personaje central de mi novela,para hacer una nota sobre él, su vida, su esposa Beatriz González, elhijo Pablo Neftalí Jinez y, ya que esbamos, hasta sobre larefranera e inclemente suegra. Como autor de la obra, yo sin dudaconocía sus señas, y me pedían que tuviera la bondad, la gentileza, elinfinito gesto fraternal, de proporcionarles esos datos exclusivos. Bebí mi pisco
sour 
con la misma alegría que Sócrates debió haber sentidoal tragar lacicuta. Me sorprendían con el cuerpo del delito en las
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