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APARICIÓN DEL TRITÓN
 Ramón Gómez de la Serna
La bella joven se reía tanto después del baño a la orilla del mar, que como la risa es lamayor provocadora de la curiosidad, asomó su cabeza un tritón para ver lo que pasaba.-¡Un tritón! -gritó ella, pero el tritón tranquilo y sonriente la serenó con la pregunta másinesperada:-¿Quieres decirme qué hora es?
CONOCERSE A UNO MISMO
 Anónimo hindú
Un niño de la India fue enviado a estudiar a un colegio de otro país.Pasaron algunas semanas, y un día el jovencito se enteró de que en el colegio había otroniño indio y se sintió feliz. Indagó sobre ese niño y supo que el niño era del mismo pueblo que él y experimentó un gran contento.Más adelante le llegaron noticias de que el niño tenía su misma edad y tuvo una enormesatisfacción. Pasaron unas semanas más y comprobó finalmente que el niño era como ély tenía su mismo nombre. Entonces, a decir verdad, su felicidad fue inconmensurable.
EL DEDO
 Feng Meng-lung 
Un hombre pobre se encontró en su camino a un antiguo amigo. Éste tenía un poder sobrenatural que le permitía hacer milagros. Como el hombre pobre se quejara de lasdificultades de su vida, su amigo tocó con el dedo un ladrillo que de inmediato seconvirtió en oro. Se lo ofreció al pobre, pero éste se lamentó de que eso era muy poco.El amigo tocó un león de piedra que se convirtió en un león de oro macizo y lo agregóal ladrillo de oro. El amigo insistió en que ambos regalos eran poca cosa.-¿Qué más deseas, pues? -le preguntó sorprendido el hacedor de prodigios.-¡Quisiera tu dedo! -contestó el otro.
 
El espejo de Matsuyama
 Anónimo japonés
En Matsuyama, lugar remoto de la provincia japonesa de Echigo, vivía un matrimonio de jóvenes campesinos que tenían como centro y alegría de sus vidas a su pequeña hija. Un día, elmarido tuvo que viajar a la capital para resolver unos asuntos y, ante el temor de su mujer por viaje tan largo y a un mundo tan desconocido, la consoló con la promesa de regresar lo antes posible y de traerle, a ella y a su hijita, hermosos regalos.Después de una larga temporada, que a la esposa se le hizo eterna, vio por fin a su esposo devuelta a casa y pudo oír de sus labios lo que le había sucedido y las cosas extraordinarias quehabía visto, mientras que la niña jugaba feliz con los juguetes que su padre le había comprado.-Para ti -le dijo el marido a su mujer- te he traído un regalo muy extraño que sé que te va asorprender. Míralo y dime qué ves dentro.Era un objeto redondo, blanco por un lado, con adornos de pájaros y flores, y, por el otro, muy brillante y terso. Al mirarlo, la mujer, que nunca había visto un espejo, quedó fascinada ysorprendida al contemplar a una joven y alegre muchacha a la que no conocía. El marido seechó a reír al ver la cara de sorpresa de su esposa.-¿Qué ves? -le preguntó con guasa.-Veo a una hermosa joven que me mira y mueve los labios como si quisiera hablarme.-Querida -le dijo el marido-, lo que ves es tu propia cara reflejada en esa lámina de cristal. Sellama espejo y en la ciudad es un objeto muy corriente.La mujer quedó encantada con aquel maravilloso regalo; lo guardó con sumo cuidado en unacajita y sólo, de vez en cuando, lo sacaba para contemplarse.Pasaba el tiempo y aquella familia vivía cada día más feliz. La niña se había convertido en unalinda muchacha, buena y cariñosa, que cada vez se parecía más a su madre; pero ella nunca leenseñó ni le habló del espejo para que no se vanagloriase de su propia hermosura. De estamanera, hasta el padre se olvidó de aquel espejo tan bien guardado y escondido.Un día, la madre enfermó y, a pesar de los cuidados de padre e hija, fue empeorando, de maneraque ella misma comprendió que la muerte se le acercaba. Entonces, llamó a su hija, le pidió quele trajera la caja en donde guardaba el espejo, y le dijo:-Hija mía, sé que pronto voy a morir, pero no te entristezcas. Cuando ya no esté con ustedes, prométeme que mirarás en este espejo todos los días. Me verás en él y te darás cuenta de que,aunque desde muy lejos, siempre estaré velando por ti.Al morir la madre, la muchacha abrió la caja del espejo y cada día, como se lo había prometido,lo miraba y en él veía la cara de su madre, tan hermosa y sonriente como antes de laenfermedad. Con ella hablaba y a ella le confiaba sus penas y sus alegrías; y, aunque su madreno le decía ni una palabra, siempre le parecía que estaba cercana, atenta y comprensiva.Un día el padre la vio delante del espejo, como si conversara con él. Y, ante su sorpresa, lamuchacha contestó:-Padre, todos los días miro en este espejo y veo a mi querida madre y hablo con ella.
 
Y le contó el regalo y el ruego que su madre la había hecho antes de morir, lo que ella no habíadejado de cumplir ni un solo día.El padre quedó tan impresionado y emocionado que nunca se atrevió a decirle que lo quecontemplaba todos los días en el espejo era ella misma y que, tal vez por la fuerza del amor, sehabía convertido en la fiel imagen del hermoso rostro de su madre.
El hijo ingrato
 Hermanos Grimm
Un día estaba un hombre sentado con su mujer a la puerta de su casa, y se hallabancomiendo con mucho gusto un pollo, el primero que les habían dado aquel año lasgallinas. El hombre vio venir a lo lejos a su anciano padre y se apresuró a ocultar el plato para no tener que darle, de modo que el visitante sólo bebió un trago y se volvióen seguida.En aquel momento fue el hijo a buscar el plato para ponerlo en la mesa, pero el polloasado se había convertido en un sapo muy grande que saltó a su rostro, al que se adhirió para siempre. Cuando intentaban quitarlo de allí, el horrible monstruo lanzaba a lasgentes miradas venenosas como si fuera a tirarse a ellas, así es que nadie se atrevía aacercarse. El hijo ingrato quedó condenado a sustentar al sapo, pues si no le devoraba lacabeza. Así pasó el resto de sus días vagando miserablemente por la tierra.
El hombre que contaba historias
Oscar Wilde
Había una vez un hombre muy querido de su pueblo porque contaba historias. Todas lasmañanas salía del pueblo y, cuando volvía por las noches, todos los trabajadores del pueblo, tras haber bregado todo el día, se reunían a su alrededor y le decían:-Vamos, cuenta, ¿qué has visto hoy?Él explicaba:-He visto en el bosque a un fauno que tenía una flauta y que obligaba a danzar a uncorro de silvanos.-Sigue contando, ¿qué más has visto? -decían los hombres.-Al llegar a la orilla del mar he visto, al filo de las olas, a tres sirenas que peinaban susverdes cabellos con un peine de oro.Y los hombres lo apreciaban porque les contaba historias.Una mañana dejó su pueblo, como todas las mañanas... Mas al llegar a la orilla del mar,he aquí que vio a tres sirenas, tres sirenas que, al filo de las olas, peinaban sus cabellos
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