2dejar de profesarle un gran cariño a su padre, haya efectuado psicológicamente un cambiode modelo paterno, colocándose bajo la autoridad moral de su admirado maestro ymentor.Martí se hizo poeta romántico y se decantó como un nacionalista cubano de lamano de Mendive. La poesía, el romanticismo y el nacionalismo, al fin y al cabo, erancategorías vecinas que casi siempre iban juntas. Su mundo adolescente
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y ahí está elpoema Abdala como prueba
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es un universo de arquetipos heroicos, de exaltación defiguras valientes y entregadas al sacrificio, gente toda maravillosa a la que se debíaemular. Esa visión formaba parte de la sensibilidad romántica y Martí la había adquiridoen la casa de Mendive, a veces en el patio del colegio, donde los muchachos recitaban losversos patrióticos del maestro. Allí, quizás, también decidió que el desinterés económicoera una virtud extraordinaria, cuando vio a su amado profesor empeñar su reloj “paraprestarle seis onzas a un poeta necesitado. Y luego
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dice Martí
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yo le llevé un relojnuevo, que le compramos los discípulos, que le queríamos; y se lo di llorando”.Esa primera patria a la que se asoma Martí es pura emoción, puro romanticismoespiritual y estético. Es en esa etapa y dentro de esa atmósfera psicológica donde Martí comienza a sentirse cubano. Naturalmente, pudo haber sido de otro modo si el azar no lohubiera colocado en un medio criollo y patriótico. Al fin y al cabo, su madre, DoñaLeonor Pérez, era canaria, su padre, D. Mariano, era un militar valenciano, él era elprimogénito de la familia y había viajado a España siendo niño, lo que pudo acercarlomás a esas raíces. Incluso, D. Mariano había participado activamente en la lucha contra laexpedición de Narciso López durante el primer intento violento de los cubanos por
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