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Orlando Mazeyra Guillén:
Todo comenzó en la Universidad 
 
2«Es un grave error cuando se habla de prejuicio racial y de prejuicio social,creer que éstos se ejercen sólo de arriba hacia abajo; paralelo al desprecio quemanifiesta el blanco al cholo, al indio y al negro, existe el rencor del cholo alblanco y al indio y al negro, y cada uno de estos tres últimos a todos los otros,sentimientos, pulsiones o pasiones, que se emboscan detrás de las rivalidadespolíticas, ideológicas, profesionales, culturales y personales, según un procesoal que ni siquiera se puede llamar hipócrita, ya que rara vez es lúcido y desembozado. La mayoría de las veces es inconsciente, nace de un yorecóndito y ciego a la razón, se mama con la leche materna y empieza aformalizarse después de los primeros vagidos y balbuceos del peruano.»
Mario Vargas Llosa
,
El pez en el agua 
 «Tenemos una sociedad frívola y un pueblo ignorante, peor combinación nopuede haber.»
Herbert Morote
,
Réquiem por Perú, mi patria 
 
 
Orlando Mazeyra Guillén:
Todo comenzó en la Universidad 
 
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TODO COMENZÓ EN LA UNIVERSIDADUNOPOR 
más que lo he intentado a lo largo de todo este execrable día, nohe encontrado (y estoy 
 fatalmente 
convencido de que nunca encontraré)mejor manera de iniciar este relato que presentándome de la maneramás lacónica posible: soy Eduardo Echenique, el joven estudiante deperiodismo que ayer mató a Ambrosio Risco; me parece que no hacefalta agregar nada más porque hoy, la gran mayoría de diarios y noticieros televisivos del país, se han ocupado de mí hasta el hartazgo.Poco o nada me interesa saber lo que los demás piensan acerca demi persona. Pero, tengo que dejar en claro que si no me preocupa en lomás mínimo la truculenta imagen que de seguro millones de peruanosse han formado de mí, no es porque peque de insolente o idiota; lo quepasa es que esa imagen, aparte de falaz, es
deleznable 
. Me explico: atodos aquellos que hoy, luego de verse invadidos por ese sano y hastaplausible deseo de justicia, desean que la policía me capture —y que,posteriormente, la justicia me condene a la aleccionadora pena de lacadena perpetua—, les pasará algo inevitable: ¡se olvidarán!, ¡muy pronto se olvidarán de mí y del horrendo crimen que cometí! Es cierto,tendré que esperar días, semanas o tal vez un par de meses, pero nomás. Después mi vida retomará su curso normal: me pondré al día en launiversidad, pasaré los fines de semana con mi familia en nuestroconfortable chalet de Chosica, y podré pasearme a mis anchas porcualquier calle, plaza o jirón de la ciudad… Y 
lo
de ayer, pasará a ser unmal recuerdo que, con todas mis fuerzas, procuraré defenestrar de micabeza.

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