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JOSÉ FERRATER MORADICCIONARIO DEFILOSOFÍATOMO IA-KEDITORIAL SUDAMERICANA BUENOS AIRES
 
PRÓLOGO A LA QUINTA EDICIÓN La presente edición difiere de anterior en lo
 Ία
 siguiente: he escrito 546 artículos nuevos; he reescrito totalmente 213 artículos;he ampliado o modificado, a veces sustancialmente, 262 artículos. Además, herevisado el texto, he corregido errores, he ampliado datos, y he puesto al día labibliografía. Como resultado, abunda en esta edición el material nuevo. Ésteabarca el conjunto de las disciplinas filosóficas y de la historia de lafilosofía. He seguido prestando particular atención a los temas de ontología ymetafísica, lógica, teoría del conocimiento, filosofía de la ciencia, antropologíafilosófica e historia de la filosofía. Pero he ampliado no poco las partesrelativas a ética, filosofía de la religión, filosofía de la historia, teoría delos valores y estética. He añadido copia de artículos sobre filósofos llamados"menores'', antiguos, medievales y modernos, y he ampliado el número de losconsagrados a filósofos contemporáneos. Sin desviarme de la norma de no diluirexcesivamente la sustancia filosófica, he incluido también algunos artículos sobreconceptos y figuras que, sin ser estrictamente filosóficos —conceptos y figurasimportantes, por ejemplo, en la ciencia, en la teología, en el pensamiento socialy político—, han mantenido, o mantienen, relaciones particularmente estrechas concuestiones suscitadas en filosofía. Aunque he penado mucho por ampliar y mejoraresta obra, no pretendo que sea perfecta. Por lo demás, mi ideal en este caso no esla perfección; creo más razonable trabajar por alcanzar lo bueno que holgazanearsoñando en lo mejor. Por este motivo, aunque esta obra está, y estará siempre,abierta a revisiones y mejoras, estimo que en el estado actual de losconocimientos filosóficos es razonablemente suficiente. En todo caso, lasrevisiones y las mejoras no pueden consistir en pulir y repulir la obra hasta laexasperación. Estoy plenamente de acuerdo en que hay que revisar, corregir ypulir; en esta actividad he consumido incontables horas y casi he arruinado misojos. Pero en una obra de las dimensiones de ésta no se pueden practicar losmismos ejercicios de virtuosismo conceptual y lingüístico que son de rigor enotros escritos menos dilatados. Esta obra no es un lindo ensayito. No es, ni puedeser, cosa remirada y relamida. Hay que luchar sin tregua contra la chapuceríaintelectual. Pero en cierto tipo de obras hay que rehuir el estérilperfeccionismo. Dadas las proporciones que alcanzó esta obra ya en la ediciónprecedente —hasta el punto de que desde entonces pudo ser considerada como unaEnciclopedia y no sólo como un Diccionario— varios críticos me han aconsejado quedesistiera de ser a la vez el director y el ejecutante, y que recabara el auxiliode colaboradores más diestros que yo en cada una de las disciplinas filosóficas yen cada uno de los períodos históricos. Este consejo es harto tentador, inclusivepor razones personales; el tiempo y el esfuerzo gastados en la confección de esteDiccionario me han impedido a menudo poner mayores empeños en la elaboración deescritos más "personales", hacia los que, como filósofo, siento cierta debilidad.Sin embargo, aunque la transformación sugerida introduciría en esta obra no pocasmejoras, creo que las ventajas así conseguidas no compensarían los inconvenientes.En la obra presente el conjunto importa por lo menos tanto como el detalle. Pueseste Diccionario es ya como un imponente y complejo edificio, con su fachada, susalas, sus galerías, sus largos e intrincados corredores, sus sótanos y susventanales. He alcanzado a familiarizarme con todos ellos y, por descontado, consus fundaciones. Puedo —todavía— recorrer el edificio en todas direcciones yorientarme en él sin
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