Capital) alienada-reificada que coloniza nuestra vida interior ynos utiliza como fuente de energía; los defensores de la New Ageven en la película una fuente para especular sobre nuestromundo como un espejismo generado por una Mente globalencarnada en la World Wide Web. Esta serie de referencias nosremite a La República de Platón: ¿no calca The Matrix la imagenplatónica de la cueva (seres humanos comunes como prisionerosférreamente atados a sus asientos y obligados a serespectadores de una oscura representación de lo que(engañados) consideran que es la realidad? Una diferenciaesencial entre la película y el texto platónico es, por supuesto,que cuando alguna persona se escapa de la cueva, y asciende ala superficie de la tierra, lo que encuentra ya no es la brillantesuperficie iluminada por los rayos de sol de antaño, el Biensupremo, sino el desolado «desierto de lo real». La principaldicotomía en este caso viene dada por las posturas de la Escuelade Frankfurt y de Lacan: ¿debemos historizar Matrixincorporándolo a la metáfora del Capital que colonizó la cultura yla subjetividad, o estamos hablando de la reificación del ordensimbólico en sí mismo? Sin embargo, ¿qué ocurre si laalternativa misma que planteamos es falsa? ¿Qué pasa si elcarácter virtual del orden simbólico «en sí mismo» es lacondición misma de la historicidad?
Llegando al fin del mundo
Por supuesto, la idea de un héroe habitando un universoartificial completamente manipulado y controlado no es, nimucho menos, original: The Matrix se limita a radicalizar el temaintroduciendo la realidad virtual. En este aspecto, la clave estáen la ambigua relación de la realidad virtual con el problema dela iconoclastia. Por un lado, la realidad virtual constituye la
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