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Resumen - Fernando Remedi (2011) "La producción reciente de la historia social argentina. Grupos e identidades sociales en las revistas de historia"

Resumen - Fernando Remedi (2011) "La producción reciente de la historia social argentina. Grupos e identidades sociales en las revistas de historia"

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Historia Social - Historiografía
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Fernando Remedi
(2011) LA PRODUCCIÓN RECIENTE DE LA HISTORIA SOCIAL ARGENTINA. GRUPOS E IDENTIDADES SOCIALES EN LAS REVISTAS DE HISTORIA
Introducción
En el contexto del retorno a la democracia en la Argentina en la década del ochenta, se inicio un proceso de reconstrucción de los espacios académicos y de una creciente profesionalización de la disciplina histórica, la cual se conectó cada vez más con las  prácticas y las discusiones prevalecientes en Europa y Estados Unidos y fue acompañada por una notable expansión y diversificación de la producción historiográfica en su conjunto. Cuando se desvanecía el siglo XX, ya se podía hablar de una historiografía argentina fragmentada, caracterizada por un fuerte policentrismo temático, un marcado pluralismo teórico y metodológico, un generalizado eclecticismo, rasgos que se fortalecieron en los años siguientes hasta la actualidad. Sin embargo, aún son escasos los trabajos de reflexión crítica sobre lo hecho por los historiadores argentinos en las últimas décadas. El texto se  propone volver la mirada sobre la escritura de la historia en la Argentina en el último decenio: se pretende examinar la historiografía argentina de ese período desde un punto de vista teórico-metodológico, abordaje poco contemplado en las indagaciones sobre el desarrollo de la disciplina en la Argentina y en América Latina. En 2008,
Eduardo Míguez
 publicó un análisis historiográfico donde busca establecer cuál es el lugar ocupado por la historia social dentro del campo profesional en la Argentina, para lo cual recurre al examen cuantitativo de la participación de los artículos y capítulos de esta especialidad aparecidos en algunas de las principales revistas académicas editadas en la Argentina entre los años ochenta y los años iniciales de la primera década del siglo XXI y las más importantes colecciones de historia argentina general de los últimos tiempos. El autor se
 propone hacer una “medición más precisa” del lugar de la historia social en la producción seleccionada; en consecuencia, no
avanza sobre al análisis cuantitativo de la misma, desde el punto de vista temático, teórico-metodológico, interpretativo, etc. En este marco, el análisis que se desarrollará en adelante exhibe dos limitaciones esenciales. Una, referida al campo de estudios, que se restringe sólo a la historia social. La segunda limitación consiste en que la producción analizada sólo abarca a la difundida a través de algunas de las principales revistas de la disciplina editadas en la Argentina correspondientes al período considerado, concretamente
 Anuario del IEHS 
 (Tandil),
 Anuario de la Escuela de Historia de Rosario
 (Rosario),
 Boletín del Instituto de  Historia Argentina y Americana Dr. Emilio Ravignani
 (Buenos Aires),
 Desarrollo Económico
 (Buenos Aires),
 Estudios Sociales
 (Rosario),
 Entrepasados
(Buenos Aires),
 Población y Sociedad 
 (Tucumán),
 Revista de Estudios Marítimos y Sociales
 (Mar del Plata) y
Trabajos y Comunicaciones
 (La Plata).
Grupos e identidades sociales en las revistas argentinas de historia
En una primera aproximación a dichas revistas, se observa una evidente pérdida relativa de significación de la historia social, cuya  producción ocupa una superficie editorial menor a la que mantenía en las décadas del ochenta y noventa. La panorámica puede confirmarse casuísticamente, al pasar revista a muchos autores de los trabajos de historia social de los años ochenta y noventa que luego emigraron hacia el campo de la historia política. Por otra parte, esa historia política, salvo escasas excepciones no se intersecta con la historia social. Esto quizás obedezca al propio desarrollo de la historia política, pero también al seguido por la
historia social tal como se desenvolvió desde los años ochenta, impulsada en buena medida por una “nueva historia de los trabajadores” que, en general, no concedió mucha significación a la dimensión más propiamente política
. La producción de historia social argentina relevada en la última década exhibe gran heterogeneidad y, sobre todo, una notable dispersión, observándose la ausencia de núcleos aglutinantes, articuladores, y de cualquier intento de contribuir a la elaboración de alguna visión de conjunto, que ofrezca una síntesis siquiera de ciertos aspectos o sectores de la sociedad. En este contexto es comprensible la necesidad de comenzar a apuntar, en lo posible, a la elaboración de alguna visión más integradora, sintética, de los procesos histórico-sociales. La producción relevada pone de manifiesto una visión pluralista de la sociedad, ya que se dedica al estudio de múltiples y variados grupos sociales, definidos a partir de diversos criterios de agrupamiento (clase social, ocupación, sexo, género, edad, etnia), lo que devuelve una imagen, aunque fragmentaria, compleja, acerca de la sociedad argentina. En cierto sentido la historia social argentina más reciente se ha tornado más plenamente social, al dejar de ser tan obrera primero y tan focalizada en el mundo de los trabajadores después, para comenzar a prestar seria atención a muchos otros sujetos sociales que ahora han irrumpido, legítimamente en el escenario de la historia. Dentro de esta proliferación de nuevos sujetos sociales quizás lo más destacable son las elites y las mujeres. La incorporación de las mujeres como objeto de atención y sujeto de la historia era  parte de un clima historiográfico que en la Argentina había comenzado a perfilarse hacia los años ochenta y una de sus manifestaciones fue la primera edición de las Jornadas de Historia de las Mujeres en Luján en 1991, cuando esta especialización localmente apenas despuntaba. Esta tendencia se consolida de modo notable en la última década, muy especialmente dentro de la historia del trabajo, sacando a las mujeres de la invisibilidad y marginación en las que las había mantenido la tradicional historia del movimiento obrero e incorporándolas como sujeto a la historia social argentina, a partir de su participación en distintos
 
2
contextos. El estudio de las elites aparece como una de las novedades historiográficas de la última década en las revistas, aunque el interés por ellas había comenzado a percibirse hacia los años noventa. En la producción relevada se observan dos tendencias más generales en el estudio de las elites. Por un lado, aquellos trabajos que las indagan focalizando su mirada solo en su relación con el poder político. Podría entonces decirse que se trata, más que de una historia social propiamente dicha, de una especie de historia política socialmente fundamentada. La otra línea de investigación se ubica decididamente dentro de la historia social e indaga las elites en tanto grupo, focalizando la mirada en su constitución y su dinámica, a partir de sus prácticas y representaciones. Desde esta perspectiva y desde un grupo específico, se examina la estructuración social, es decir, la construcción y reproducción de la sociedad, la organización de sus diferencias, especialmente entre fines del siglo XIX y principios del XX. Los trabajos apuntan a esclarecer el proceso por el cual, a través de las prácticas y las representaciones se construye la distinción social en un contexto de sensible movilidad social ascendente y aluvión inmigratorio. Lo mismo sucede cuando se analizan el estilo de vida y la sociabilidad de las elites como un canal para la producción de distinción social; una sociabilidad cuyo eje estructurante serían las actividades ociosas y que serviría como medio de agrupamiento social y de definición y construcción de un estilo de vida. Junto a los nuevos sujetos sociales que emergen en la historiografía de la última década, están presentes otros ya consagrados en ella desde mediados de los años ochenta, como los sectores populares y los trabajadores. Ellos ahora no sólo comparten las preocupaciones de los hsitoriadores sociales sino que, además, muestran cierta remisión en su presencia en las revistas, quizá un síntoma más de los que
Juan Suriano
 
califica como “paralización”, “estancamiento”, “falta de vigor y anemia” de la denominada “nueva historia de los trabajadores”. Esta última había florecido en la Argentina desde los años ochenta,
inspirada en la
labour history
 de los historiadores marxistas británicos, y conllevó un distanciamiento temático, teórico metodológico e interpretativo de la tradicional historia del movimiento obrero, deslizándose hacia una historia social de los
trabajadores. La “nueva historia de los trabajadores” trasladó su interés desde los líderes sindicales a las bases, desde los
trabajadores organizados a la totalidad de ellos, desde el ámbito laboral y las protestas y movimientos de fuerza a los espacios extra-laborales y de la vida cotidiana. Se produjo un creciente abandono de la historia estructural, donde los mecanismos
 profundos subyacentes a las acciones humanas habían devenido los verdaderos protagonistas de la historia. La “nueva historia
de
los trabajadores” se caracterizó por colocar al
hombre en el centro de la escena histórica, por enfatizar la agencia humana frente a las coacciones estructurales, concibiendo así a los trabajadores como protagonistas conscientes, reflexivos y efectivos de los
 procesos históricos. Esa “nueva historia de
 
los trabajadores”, entre mediados de los años ochenta y durante los noventa, se
convirtió en hegemónica y quizás obstruyó el desarrollo de modalidades alternativas de trabajar en ese campo. Una de estas formas alternativas en la última década exhibe una producción sobre los trabajadores en las revistas de la disciplina, aunque se trata de publicaciones de reciente aparición o que no ocupan un lugar muy reconocido dentro de la historiografía argentina. Estas revistas exhiben un claro posicionamiento ideológico de izquierda y una opción teórico-
metodológica por la “teoría del socialismo científico”.
Más allá de su diversidad interna, puede decirse que esa historia obrera coloca notorio énfasis en categorías como conflicto, lucha de clases y clase social y sus referencias teóricas y metodológicas fundamentales remiten a
Marx
y a
 Gramsci
. La señalada proliferación de sujetos sociales en la historia social argentina reciente es el resultado del reconocimiento de la existencia de una diversidad de clivajes dentro de la sociedad y de la pluralidad de variables en función de las cuales una persona  puede ser caracterizada y agrupada, así como de la admisión del carácter múltiple, fragmentado y cambiante de las identidades sociales. Una significativa cuestión pendiente es problematizar y tratar de esclarecer históricamente cómo cambian las identidades y, sobre todo, cómo ellas se articulan entre sí. Puede sostenerse que aunque existan identidades congruentes y complementarias relativas a un mismo sujeto, también se abre la posibilidad de que las identidades de un actor, independientes y múltiples, puedan  parcialmente entrar en conflicto. En conjunto, en los trabajos se percibe un decidido énfasis en la
human agency
, visualizándose a los individuos y grupos como  protagonistas conscientes y reflexivos de los proceso de cambio histórico-social, agentes efectivos en la construcción y transformación de la realidad, aunque sin descuidar la existencia y eficacia de los condicionamientos estructurales. Desde diferentes temáticas y grupos, los trabajos contemplan en sus explicaciones las interrelaciones causales e históricamente cambiantes entre los mecanismos estructurales y la acción y la conciencia humanas; estas últimas, aunque estructuralmente condicionadas, son concebidas como socialmente estructurantes. En este sentido, varios de los trabajos reconstruyen las estrategias de diversos sujetos sociales. Junto a las estrategias ocupan un lugar destacado las manifestaciones
de resistencia de “los de abajo” a los resortes del poder, inscriptas en los intersticios que este deja y que revelan sus límites.
El énfasis en la
human agency
 permite explicar la apelación que se hace a modelos que giran en torno a la interacción entre la acción y la conciencia humanas y las estructuras condicionantes, tales como el marxismo culturalista británico, la teoría de la estructuración, la teoría de la práctica, entre otros. En este sentido, en la producción de la última década se acrecienta el predicamento de referentes teóricos relativamente nuevos para la historia social argentina, como los provistos por
Pierre Bourdieu
y
Norbert Elias
. En otros trabajos se observa que si bien siguen vigentes los aportes de
Michel Foucault
, a ellos se añaden otros que permiten rescatar la capacidad estructurante de los sujetos a partir de los intersticios que dejan los dispositivos de control y los mecanismos de disciplinamiento. En sintonía con los deslizamientos de la historia social internacional de las últimas décadas, la producción argentina está atravesada por un giro sociocultural en la producción y reproducción de lo social. En la historiografía argentina, el giro sociocultural es particularmente evidente en la preocupación por las identidades, su construcción y la emergencia de los grupos

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