consultando el conjunto de los estudios consagrados al problema del honor y de lavergüenza en sociedades mediterráneas diferentes: Grecia, Italia, España, Egipto, Turquía,Kabilia, etc
La pertenencia de la cultura tradicional europea a esta área cultural proviene de la comparación de los rituales observados en Kabilia con los rituales recogidos por Arnold Van Gennep en Francia a principios del siglo XX.
Se habría podido hallar enla tradición griega, en la cual, conviene no olvidarlo, el psicoanálisis ha volcado lo esencialde esos esquemas interpretativos, elementos de ese inconsciente cultural mediterráneo,apoyándose abiertamente en las investigaciones recientes de Page du Bois o de JaspersSvenbro, o en las obras de los historiadores franceses de las religiones antiguas, Jean-PierreVernant, Marcel Détienne o Pierre Vidal-Naquet.
Pero ese inconsciente cultural quetodavía portamos jamás encuentra expresión directa y abierta en la tradición letrada delOccidente.
Parece preferible la referencia a un sistema todavía vigente (por tanto directamenteobservable como tal) que permite interrogar metódicamente todo el universo de relacionesdebido a que, como ya lo he indicado en otra parte,
los análisis consagrados a unatradición literaria cuya producción se extiende por varios siglos corren el riesgo desincronizar artificialmente, por necesidades de análisis, estados sucesivos y diferentes delsistema, y sobre todo de ofrecer el mismo estatuto epistemológico a textos que hansometido los viejos fondos mítico-rituales a reelaboraciones más o menos profundas: elintérprete que pretende hacer las veces de etnógrafo corre el riesgo de tratar comoinformantes a los autores que, como él, la hacen de etnógrafos, y cuyas cuentas ytestimonios, aun los más arcaicos en apariencia, tales como los de Homero o Hesíodo,implican omisiones y reinterpretaciones. El mayor mérito de la obra de Page du Boisconsiste en describir una evolución de los temas mítico-rituales que adquiere sentido desdeel momento en que se relaciona con el proceso de "literaturización" inherente: desde esta perspectiva se entiende mejor que la mujer haya sido pensada a través de analogías entre elcuerpo femenino y la tierra labrada (por el arado masculino) o entre el vientre femenino y elhorno, ya sea aprehendida a través de la analogía, típicamente letrada si no literaria, entre elcuerpo de la mujer y la tablilla sobre la que se escribe.En un sentido más general, lo que dificulta la utilización de los documentos que integran enuna dirección docta una experiencia mítica del cuerpo
es que están particularmenteexpuestos al efecto Montesquieu: resulta vano tratar de distinguir lo que se ha tomado delas autoridades (como Aristóteles que, en puntos esenciales, reproducía la antigua mitologíamasculina) y lo que se ha reinventado a partir de estructuras inconscientes y, en caso defracasar, sancionado o ratificado mediante la precaución de saber tomar prestado.La violencia simbólica: una contención del cuerpoEl dominio masculino está suficientemente bien asegurado como para no requerir justificación: puede limitarse a ser y a manifestarse en costumbres y discursos que enuncianel ser conforme a la evidencia, contribuyendo así a ajustar los dichos con los hechos.
La visión dominante de la división sexual se expresa en discursos como los refranes, proverbios, enigmas, cantos, poemas o en representaciones gráficas como las decoracionesmurales, los adornos de la cerámica o de los tejidos. Pero se expresa también en objetos
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