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 E.M.CioranBREVIARIODE LOS VENCIDOS
Traducido del rumano por Joaqu
ín Garrigós
 
TUS
UETS
 
EDITORES
 
 Título original:
 Indreptar Patimas / Bréviarie des vaicuns
 
1ª edición: enero 1998© Cioran y Éditions Gallimard, 1993
 
Obra publicada con el concurso de la Comisión Europea© de la traducción: Joaquín Garrigós, 1998Diseño de la colección: Clotet-TusquetsDiseño de la cubierta: BMReservados todos los derechos de esta edición para Tusquets Editores, S.A.
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Cesare Cantú, 8
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08023 BarcelonaISBN: 84-8310-564-0Depósito legal: B. 46.478-1997Fotocomposición: Foinsa
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Passatge Gaiolà, 13-15
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08013 BarcelonaImpreso sobre papel Offeset-F Crudo de Leizarán, S.A
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GuipúzcoaLiberdúplex, S.L
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Constitución, 19
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08014 BarcelonaImpreso en EspañaCopiado en mi casa
 
 
 
I
 
1
Con ansia y amargura, he intentado cosechar los frutos del cielo y no hepodido. Se elevaban hacia no sé qué otro cielo cuando les tendía mis manosgolosas de su abundancia.Las ramas de las bóvedas se comban sobre las esperanzas de nuestrasplegarias; cuando éstas callan, aquéllas pierden sus frutos. Tampoco brotan flores en el cielo ni las vides dan fruto. Dios, como notiene nada que guardar en su casa, de aburrimiento y enojo, deja yermos losjardines del hombre.No, no; no es la visión de los astros lo que me deslumbrará. Bastante luzhe perdido mendigando a las alturas. Harto de toda laya de cielos, he dejadomi alma a merced de los ornamentos del mundo
 
2
 Y puso un querubín, que blandía flameante espada, para guardar elcamino del árbol de la vida
(Génesis, 3, 24).Por ese camino he mendigado muchas veces. Y los caminantes, máspobres que yo, tendían sus manos vacías donde dejaba caer el óbolo de laesperanza. Y cuando caminaba así, en medio de esa multitud oprimida, elsendero se hundía en ciénagas y la sombra de las ramas del paraíso se perdíaen el sinfín del mundo.Ni modestia ni paciencia nos harán dueños de lo que perdió nuestrofatal ancestro. Necesitamos un espíritu de fuego, y entonces ese querubín,enemigo que afila armas y locuras, de se derretirá en la pira de nuestra alma.¿Nos ha cerrado el Todopoderoso todos sus caminos? Plantaremosentonces otro árbol aquí, donde no tiene guardianes, ni espada ni llamas.Crearemos un paraíso a la sombra de los suplicios y mansamentedescansaremos bajo enramadas terrenales, como ángeles efímeros. Que Él sequede toda una eternidad donde no haya nadie; nosotros seguiremos pecando,mordiendo las manzanas que se pudren al sol. Amando las ciencias del pecado,seremos comparables a Él y, por mor del sufrimiento de la Tentación, másgrandes aún.Creyó Él que con la muerte nos haría esclavos y que le serviríamos. Peronosotros, poco a poco, nos hemos acostumbrado a la vida.
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