INTRAMUROS
Hay lugaresdonde sien y nucason palabrasque estremecende veras.
PUENTE DE RONTEGI
Cae cera líquida y deposita dos velassobre el pretil de piedra. Y reza.Es el ritual de todos los días. Lo que abruma mi pesca.Una tarde mira a lo alto y fija su vista en el hormigónaéreo del puente. Y entre lágrimas me habla:Cuarenta y dos metros de altura. La primera vezque se lanzó mi hijo a la ría lo sacaron con una lanchaneumática. Me abrazó, asombrado de su proeza, y se pusoa reír como un niño. Cuarenta y dos metros y ni un rasguño.Nunca sentí tan cálido el abrazo empapado de mi hijo.La segunda, asido de una mano a la barandilladel abismo, gritaba a los conductores que era un especialistaen clavar el salto. Cuando intentaron convencerle se soltóla mano, huyeron sus dedos del azul del cielo.Un socorrista de la Cruz Roja achacó la desgraciaa la mala suerte. Habían finalizado las mareasvivas. Un metro más de agua lo hubiera salvado.La bajamar se llevó su cuerpo, me dejó sólosu nombre. Escrito entre estas dos velas.
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