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Michel Foucault Sobre La

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MICHEL FOUCAULT SOBRE LA “IDENTIDAD INDIVIDUAL” Y LA RESPONSABILIDAD
EN
 ESTÉTICA, ÉTICA Y HERMENÉUTICA
1. LA EVOLUCIÓN DEL CONCEPTO DE «INDIVIDUO PELIGROSO» EN LA PSIQUIATRÍALEGAL DEL SIGLO XIX (extracto)
«About the Concept of the "Dangerous Individual" in 19th Century Legal Psyquiatry» («Lévolution de lanotion d'"individu dangereux" dans la psychiatrie légale du XIX
e
siécle»),
 Joumal of Law and Psychiatry,
vol. I,1978, págs. 1-18. (Comunicación del
 symposium
de Toronto «Law and Psychiatry», Clarke Institute of Psychiatry,24-26 de octubre de 1977).
Comenzaré citando unas frases que se intercambiaron el otro día en la Audiencia de París. Se juzgabaa un hombre acusado de cinco violaciones y seis tentativas de violación, hechos escalonados entre febreroy junio de 1975. El acusado permanecía callado. El presidente le preguntó:«¿Ha tratado usted de reflexionar sobre su caso?».Silencio.«¿Por qué con veintidós años se desencadena en usted esta violencia? Tiene usted que hacer unesfuerzo de análisis. Es usted quien tiene las claves de usted mismo. Explíqueme.»Silencio.«¿Por qué reincidiría usted?»Silencio.Un miembro del jurado, toma entonces la palabra y exclama:«Pero bueno, defiéndase usted». No hay nada excepcional en semejante diálogo o, más bien, en este monólogo interrogativo. Sin dudase podría oír en muchos tribunales, e incluso en muchos países. Pero, si nos distanciamos un poco, no puede sino suscitar el asombro del historiador, porque nos hallamos ante un aparato judicial destinado aestablecer hechos delictivos, a determinar su autor y a sancionar estos actos infligiendo a dicho autor las penas previstas por la ley. Ahora bien, nos encontramos aquí con hechos probados, un individuo que losreconoce v que acepta, por tanto, la pena que se le va a infligir. \ada podría ir mejor, en el mejor de losmundos judiciales. Los legisladores, los redactores de códigos de finales del siglo XVIII y principios delXIX, no podían soñar con una situación más clara. Sin embargo la maquinaria se atasca, los engranajes seagarrotan. ¿Por qué? Porque el acusado se calla. ¿Qué es lo que calla? ¿Los hechos? ¿Las circunstancias?¿La manera en que se han desarrollado? ¿Lo que en su momento pudo provocarlos? En absoluto. Elacusado elude una pregunta esencial para un tribunal de hoy en día, pero que habría sonado de un modoextraño hace cincuenta años: «¿Quién es usted?».El diálogo que he citado hace un momento demuestra que a esta pregunta no basta con que el acusadoconteste: «Soy el autor de estos crímenes. Y punto. Juzgad puesto que es vuestro deber y condenad si esvuestra voluntad». Se le pide aún más: además del reconocimiento, hace falta una confesión, un examende conciencia, una explicación de sí. mismo, una aclaración de lo que uno es. La maquinaria penal ya no puede funcionar solamente con una ley, una infracción y un autor responsable de los hechos. Necesitaalgo más, un material suplementario; los magistrados y los miembros del jurado, también los abogados yel ministerio fiscal, realmente no pueden desempeñar su papel si no se les provee de otro tipo de discurso:aquel que el acusado mantiene sobre sí mismo, o aquel que permite a través de sus confesiones,recuerdos, confidencias, etc., que se sostenga sobre él. Si este discurso falta, el presidente se ensaña, el jurado se pone nervioso; se presiona, se empuja al acusado; éste no sigue el juego. Se comporta un pococomo esos condenados con los que hay que cargar hasta la guillotina o la silla eléctrica porque arrastranlas piernas. Hace falta al menos que caminen un poco por sí mismos si verdaderamente quieren ser ejecutados. Hace falta que hablen un poco de sí mismos si quieren ser juzgados.Y lo que demuestra que este elemento es indispensable para la escena judicial, que no se puede juzgar, que no se puede condenar, sin que él se haya dado de un modo o de otro, es el argumento em- pleado recientemente por un abogado francés en un caso de secuestro y asesinato de un niño. Por toda unaserie de razones, este caso tuvo una gran repercusión, no sólo por la gravedad de los hechos, sino porqueestaba en juego la utilización o el abandono de la pena de muerte en el proceso. Abogando más contra la pena de muerte que a favor del acusado, la defensa hizo valer que de éste se conocía poca cosa y que delos interrogatorios y exámenes psiquiátricos no se había traslucido apenas nada de lo que él era. Entonces

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