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PAUL AUSTER
 Leviatán
Paul Auster nació en 1947 en Nueva Jersey y estudió en la Universidad de Columbia. Trasun breve período como marino en un petrolero de la Esso, vivió tres años en Francia,donde trabajó como traductor, “negro” literario y cuidador de una finca; desde 1974 resideen Nueva York. Ha publicado la llamada “Trilogía de Nueva York”
 
(que comprende lasnovelas
Ciudad de cristal 
,
 Fantasmas
y
 La habitación cerrada
),
 El país de las últimascosas
,
 La invención de la soledad 
,
 El Palacio de la Luna
,
 La música del azar 
y
 Leviatán
.También es autor del libro de poemas
 Disappearances
y del libro ensayístico
The Art of  Hunger 
. El
 Palacio de la Luna
, publicada en esta colección, le valió la consagracióninternacional. Así, en la revista
 Lire
, dirigida por Bernard Pivot, fue elegido como el mejor libro editado en Francia en 1990, calificándose a su autor de “mitad Chandler, mitadBeckett”. La crítica española la saludó también de forma entusiasta: “Magnífico retrato delalma secreta del hombre urbano” (
 El País
); “Una de las novelas más complejas, elegantes,refinadas e inteligentes de los últimos años” (Sergio Villa-San-Juan,
 La Vanguardia
);“Tiene la magia exacta de los mitos que nos valen para vivir... Pertenece al club de lasnovelas que desearíamos no terminar de leer nunca” (Justo Navarro). Con sus dos últimasnovelas,
 La música del azar 
y
 Leviatán
, publicadas también por Anagrama, Paul Auster haconfirmado plenamente su gran calidad de escritor.Todo comienza con un muerto anónimo: en una carretera de Wisconsin, un día de 1990, aun hombre le estalla una bomba en la mano y vuela en mil pedazos. Pero alguien sabequién era, y con el FBI pisándole los talones -algunos indicios le relacionan con elsubversivo cadáver-, Peter Aaron decide contar su historia, dar 
 su
versión de los hechos ydel personaje, antes de que la historia y las mitologías oficiales establezcan para siempresus falsedades –o verdades a medias– como
la verdad 
.Y así, Peter Aaron, escritor (y peculiar alter ego de Paul Auster: su nombre tiene lasmismas iniciales y ha escrito una novela llamada
 Luna
, tal como el propio Auster escribiera
 El Palacio de la Luna
), escribirá
 Leviatán
, la biografía de Benjamin Sachs, elmuerto, también escritor y objetor de conciencia encarcelado durante la guerra de Vietnam,desaparecido desde el año 1986, autor de una novela de juventud que le convirtierafugazmente en un escritor de culto, posiblemente un asesino, y angustiado agonista de undilema contemporáneo: ¿literatura o compromiso político? ¿Realidad o ficción? Pero la biografía es doble –el biógrafo frente al biografiado, como alguien frente a un espejo quele devuelve la imagen de otro– porque es también la de Peter Aaron, para quien Sachs noera sólo un amigo amado y desaparecido, sino también un síntoma de su absolutaignorancia, un emblema de lo incognoscible. Y porque Peter no sería lo que es si quinceaños antes no hubiera conocido a Benjamin, ni Benjamin habría cumplido su explosivodestino si en su vida no hubiera aparecido Peter, dando lugar a un ineludible, azaroso,laberíntico, austeriano encadenamiento de circunstancias.“Una muy inteligente novela política acerca de nuestra sociedad, pero también una ficciónfascinante sobre dos escritores, sobre dos concepciones de la literatura” (Mark Illis,
TheSpectator 
).
 
“Paul Auster escribe con la facilidad y la elegancia de un experimentado jugador de billar y envía un extraño acontecimiento rodando contra otro, en una brillante e inesperadacarambola” (Michiko Kakutani,
The New York Times
).“La novela está llena de historias dentro de historias, encadenadas por un argumento quees lineal sólo en apariencia. Un enredo fascinante, escrito con una prosa deliberadamenteescueta a pesar de su perfección, tensa como una cuerda de acero que une las brillantesgemas de la narración” (T. Mallon,
The Washington Post 
).“Transparente como una luz de invierno, emocionante como una novela policíaca,
 Leviatán
es quizá la novela más hermosa de Paul Auster” (Catherine Argand,
 Lire
)
Traducción de Maribel De Juan
EDITORIAL ANAGRAMA
BARCELONA
Título de la edición original 
:LeviathanViking Penguin Nueva York, 1992© Paul Auster, 1992© EDITORIAL ANAGRAMA, S.A., 1993Pedró de la Creu, 5808034 BarcelonaISBN: 84–339–0634–8Depósito Legal: B. 27792–1993Printed in SpainLibergraf, S.L., Constitució, 19, 08014 Barcelona2
 
El autor agradece efusivamente a Sophie Calle que le permitiera mezclar la realidad con la ficción.
 Para Don DeLillo
Todos los Estados reales son corruptos.
ALPH
W
ALDO
E
MERSON
1Hace seis días un hombre voló en pedazos al borde de una carretera en el norte deWisconsin. No hubo testigos, pero al parecer estaba sentado en la hierba junto a su cocheaparcado cuando la bomba que estaba fabricando estalló accidentalmente. Según los informesforenses que acaban de hacerse públicos, el hombre murió en el acto. Su cuerpo reventó endocenas de pequeños pedazos y se encontraron fragmentos del cadáver incluso a quincemetros del lugar de la explosión. Hasta hoy (4 de julio de 1990), nadie parece tener la menor idea sobre la identidad del muerto. El FBI, que trabaja en colaboración con la policía local ylos agentes del Departamento de Alcohol, Tabaco y Armas de Fuego, comenzó suinvestigación con un examen del coche, un Dodge azul de siete años con matrícula de Illinois, pero pronto descubrieron que era robado; se lo habían llevado de un aparcamiento de Joliet el12 de junio a plena luz del día. Lo mismo sucedió cuándo examinaron el contenido de lacartera del hombre, que, de milagro, había salido de la explosión más o menos intacta.Pensaron que habían tropezado con un cúmulo de pistas –carnet de conducir, cartilla de laseguridad social, tarjetas de crédito–, pero cuando le dieron al ordenador los datos de estosdocumentos resultó que todos habían sido falsificados o robados. Las huellas dactilareshabrían sido el paso siguiente, pero en este caso no había huellas dactilares, ya que la bombahabía desintegrado las manos del hombre. Tampoco el coche les sirvió de nada. El Dodge eraun amasijo de acero retorcido y plástico derretido y, a pesar de los esfuerzos realizados, no pudieron encontrar ni una sola huella. Tal vez tengan más suerte con los dientes, suponiendoque haya suficientes dientes con los que ponerse a trabajar, pero eso les llevará tiempo, puedeque varios meses. No hay duda de que al final se les ocurrirá algo, pero hasta que puedanestablecer la identidad de la destrozada víctima, el caso tiene pocas posibilidades de prosperar.Por lo que a mí concierne, cuanto más tarden, mejor. La historia que tengo que contar es bastante complicada, y a menos que la termine antes de que ellos den con la respuesta, las palabras que estoy a punto de escribir no significarán nada. Una vez que se descubra elsecreto, se contarán toda clase de mentiras, los periódicos y las revistas publicarán susdesagradables versiones distorsionadas, y en cuestión de días la reputación de un hombrequedará destruida. No es que yo quiera defender lo que hizo, pero puesto que él ya no está ensituación de defenderse, lo menos que puedo hacer es explicar quién era y ofrecer laverdadera historia de cómo llegó a estar en esa carretera del norte de Wisconsin. Por esotengo que trabajar deprisa: para estar preparado cuando llegue el momento. Si por casualidadel misterio no se resuelve, sencillamente me guardaré lo que he escrito y nadie tendrá por quésaber nada de ello. Ése sería el mejor resultado posible: silencio absoluto, ni una palabra por ninguna de las dos partes. Pero no debo contar con eso. Para hacer lo que tengo que hacer, hede suponer que ya le están cercando, que antes o después averiguarán quién era. Y nonecesariamente cuando yo haya tenido tiempo de terminar esto, sino en cualquier momento,3
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