Francisco Arriaga – L Libres libros de a libra. 15 Oct. 2009
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Sin alejarse del terreno de lo sacro, Quezada aún se permite recrear una escena, la másdifícilmente alterable, el ‘Día del Juicio’, que emprende de la mano de un suicida fallido; elbaile de la Gloria Celeste meciéndose sobre una tierra que no se decide a dejar morir alaprendiz de suicida, quien desea más que nada en el mundo cortarse las muñecas, gestoahogado por la irreal algarabía de un cielo que muda su color: ‘
Eran rojas y él las vio correr: esas nubes habían engordado, el horizonte comenzó a nublarse, no tuvo tiempo para hacer el corte transversal en la muñeca pues el juicio final, el famoso fin del mundo,llegó como anciana ciega a estropearle el numerito
’.
La mujer, el destino y el baile
Exhaustivos y nada fáciles, los senderos de exploración en torno a la mujer, susproblemas, situaciones y valoración según las miradas masculinas, en algunos cuentosofrecen la radiografía inclemente y descarnada del alcance de las acciones y decisionesfemeninas. Mujeres de carne y hueso, con presencias casi tangibles.‘La rosa del Dionisios’ narra con una exuberante desenvoltura la dignificación de unamatrona, quien más allá del grosero y mercenario deleite de los clientes de su local buscahacer de cada una de sus protegidas la amante perfecta, la compañera de los juegossexuales más extraños, siempre con la conciencia de saberse reinas de la noche, lasdueñas de la alcoba y de los clientes que pagan puntualmente por su compañía y sucuerpo. Pero aquí el cuerpo de las mujeres no es sólo la carne que se ofrece para elplacer efímero, o el arma, instrumento o herramienta: es la prolongación de aquello quemueve los hilos, lo que está detrás del telón y que no es otra cosa más que la idea clarade que el negocio es el negocio, y aunque el cliente no siempre tiene razón, sí en cambiotiene la última palabra. La clientela queda así relegada a segundo rango, es la que dapara comer y para vivir, pero también es sólo un requisito para lograr alcanzar larealización de cada mujer que vive entre las dos esferas independientes de sabersebuena amante en venta, y poseedora de una dignidad que jamás nadie podrá comprar:“Aquí no deben enamorarse ni apendejarse ni creerse de nada. Deben coger sin coger,como si estuvieran cosiendo o barriendo o viendo la novela; pero haciéndolo bien. Uncliente busca atención, quiere sentirse el rey del mundo montado en sus espaldas ocaderas. Puede montarse en sus cuerpos pero no en ustedes, niñas.’Con todo, aceptar que lo que se hace es un trabajo bien hecho implica por lo menos doscosas, primera: que todo es perfectible, y segunda: que nada es eterno.La matrona tiene en mente esto último cuando afirma, artilugio empleado por oradores
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