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51 Huerta

51 Huerta

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REVISTA DE LA UNIVERSIDAD DE MÉXICO
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Los 137 versos del llamado “discurso delpolítico serrano” en las
S o l e d a d e s 
de donLuis de Góngora (del verso 366 al 502)forman un
e p i l i o 
: una epopeya diminuta.La expresión es curiosa y parece compor-tar un ox í m o ron; pues solemos pensaren la épica en términos de grandes volú-menes textuales: los poemas de Tasso, la 
 Ara u c a n
, el
Orl a n d
ariostesco —una epopeya con tintes burlescos—, la cómica 
Ga t o m a q u i a 
de Lope de Vega, las hazañasde los lusos cantadas por Luis de Camoens.La lista de obras y autores podría ser inter-m inable pero no lo es: se detiene abru p t a-mente en los umbrales de los tiemposmodernos. La poesía reciente parece re-c h azar la épica, quizá por buenas razo n e s ;al menos, cierta clase de épica: la sobreco-dif icada con los temas específicamenteg u er re ros. Los
Cantos
de Ezra Pound sonp o esía épica, y constituyen una exc e p-ción a la regla moderna —excepción con-s i d e r a b l e .No toda epopeya tiene la guerra comosujeto principal; no todo poema épico s i g-nifica sangre, heridas, espadas y estru e n d ode metales, o celebra la destrucción de una comunidad a manos de otra. Pound descri-bía sus
Ca n t o s 
como un poema en dondefiguraba la historia; además, es un poema,o serie de poemas, en un volumen muy grande. En cuanto a la poesía de Góngora,la historia está inscrita con toda claridaden las
S o l e d a d e s 
, y lo está, precisamente, enel discurso del político serrano, en esos 137versos del epilio acerca de las nave g a c i o n e s .Las históricas navegaciones de Vasco deGama son el tema de
Os Lu s í a d a
y nadiepodría negarle a la obra su índole épica;o t ro asunto es el abandono del gran poema del Po rtugal renacentista, imperial y ave n-t u re ro: nadie lo lee, nadie parece intere-s a rse por él. Gr a ve asunto en los horizo n-tes generales de la lectura contemporá-nea, o mejor dicho: de la no-lectura, dela ignorancia voluntaria. Más grave toda-vía en ciertos ámbitos universitarios, d o n d e ,e n t re muchos sedicentes lectores serios, nide nombre se conoce a Camoens. A ve c e s ,para explicar esa borradura, se invoca el“p roblema de la lengua”, como si se tratara de un cantor bosquimano o del chamán deuna tribu desaparecida; sencillamente seolvida, o no se conoce, la import a n c i c a rdinal de la lengua portuguesa en el á m b i-to europeo y mundial del siglo
 X V I
, parale-la a la del español; muy superior, por sudifusión, entonces, al insular inglés deaquellos años. Aquí vale con plenitud la e x p resión consabida: el portugués se h a b l a-ba “hasta en China”, y gracias, pre c is a m e n-te, a las hazañas de los nave g a n t e s .El epilio gongorino de las
Soledades 
ledebe mucho a Camoens. En realidad, todoel poema tiene una deuda con el poeta lusitano, desde su primer verso: tiene suorigen indudable en un pasaje del Canto
II
de
Os Lusíadas 
.* * *Se antoja llamar Siglo Luisino a un largotramo del siglo
 X V I
y parte del
 X V I I
en losámbitos de la península ibérica; no sólo porlos dos Luises hasta aquí mencionados, sinotambién por el agustino fray Luis de León,tan maltratado por su editor de 1631, Fr a n-cisco de Qu e vedo y Villegas, demasiado dis-traído en el combate a los “c u l t e r a n o s”como para vigilar la limpieza tipográfica y filológica del texto; el peor maltrato a fray Luis fue, desde luego, el de la In q u i s i-ción, culpable de haberlo encerrado en una inmunda celda de Valladolid durante cincoaños. Ese Siglo Luisino cabría, pues, encien años de modo casi exacto: de 1524, a ñ odel nacimiento de Camoens, a 1627, año dela muerte de Góngora. (Éstas son las f e c h a sde nacimiento y muerte de los tres auto-res: Luis Camoens, 1524-1579; fray Lu i sde León, 1527-1591; Luis de Góngora,1 5 6 1 - 1 6 2 7 ) .Góngora leyó con suprema atencióna Camoens. No hay duda sobre ese punto,y es posible documentarlo. Sabemos, asi-m i smo, de su asistencia a la Un i versidad deSalamanca, donde acudiría a las clases de f r a Luis de León, hecho no totalmente compro-bado, pero bastante ve rosímil. En los poemasno faltan pistas en torno al conocimiento,por parte de Góngora, de las odas fraylui-s inas: la “pobre mesilla” de “Ándeme yoc a l i e n t e” parece directamente empare n t a d con la “p o b recilla mesa” de la primera oda de fray Luis, el Elogio de la Vida Re t i r a d a .Mas no es el fray Luis del
a u rea mediocritas 
el más interesante o pertinente para el tema del “discurso del político serrano”; es el delas re p robaciones de la vida marinera y de la sinécdoque, casi se diría emblemática, tanp resente en el epilio de las
S o l e d a d es 
: “leño”por “n a v í o”, re c reada, con diversas va r i a c i o-nes, por Góngora.En un tema grandioso, entonces, estánunidos los tres Luises: las navegaciones,asombro de su época.* * *El Peregrino de Amor del poema gongori-no (“náufrago y desdeñado, sobre ausen-t e”) no tiene nombre. No alcanzó a tenerlodebido a la interrupción abrupta de la composición poética, al parecer a raíz de
 Aguas aéreas
La piedra imán y las navegaciones
David Huert a
 
102
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REVISTA DE LA UNIVERSIDAD DE MÉXICO
las agrias polémicas desatadas en 1613,motivo del desaliento, la parálisis creativa de Góngora, o su renuncia, inspirada quizá por la soberbia, a seguir escribiendoun poema tan importante para él y tanabsolutamente decisivo para el arte litera-rio de nuestro idioma. Por desgracia, no lefaltaba razón a don Luis: las
Soledades 
siguen confinadas o arrinconadas, y conti-nuamente atacadas, por los defensores dela poesía “fácil”.El Pe regrino se encuentra con un gru p ode jóvenes serranos; destacan entre ellosalgunas hermosas muchachas. A la cabez a de la partida de las jóvenes, un viejo seadelanta a saludar el Pe regrino, re c o n o c elas señas del mar —del naufragio— en lasropas del muchacho, y comienza su largodiscurso en contra de las nave g a c i o n e s .El anciano tampoco tiene nombre; loconocemos como un “político serrano”pues en el poema se le llama de esa manera (en el verso 364); es viejo y circ u n s p e c t o :tiene “canas grave s”. La palabra “p o l í t i c o”significa sencillamente cortés, bien educa-do, en un remoto ámbito urbano.Es razonable hablar aquí de un re c o n o-cimiento de clase: el viejo descubre en elnáufrago a una persona de su propio esta-m e n t o. Podría especularse sobre los oficiosu ocupaciones de uno y otro; parece claroel origen aristocrático del Pe regrino; el v i e j opodría, en cambio, pert e n e c e r, o haber per-tenecido, al estamento de los merc a d e re sp r ó s p e ros: en el momento del poema, viveen una especie de re t i ro voluntario entre la gente de campo, cuya confianza y re s p e t ose ha ganado. Al final del encuentro sabre-mos el motivo de la emotiva reacción delviejo ante la aparición del Pe regrino: éste lere c u e rda al viejo a su hijo, muerto en una a ventura marinera.Pe ro los nombres, o la falta de ellos, tie-nen sus historias, siempre. Para los lecto-res, uno de los desafíos del epilio es la o m i-sión de nombres propios relacionados conel ámbito histórico: la descripción de lasn a vegaciones se hace sin menciones explí-citas, en ningún momento, de Cr i s t ó b a lColón, Fernando de Magallanes, Vasco d eGama, Sebastián Elcano, Vasco Núñezde Balboa. No m b res mitológicos hay: Jasón, Ma rte, por ejemplo, y nombres de la historia romana: Catón, Lu c recia. Losn o m b res faltantes son los de los capitanesde las naves. No hay, tampoco, topónimosde los descubrimientos, aun cuando hay de otros, puestos al servicio de una idea osentencia (Egipto, Nilo). Los descubrido-res y los lugares descubiertos o exploradosa p a recen por medio de alusiones. El dis-curso es puramente poético: descripciones,imágenes, tropos, alusiones.Los nombres, sin embargo, están ahí,si uno quiere verlos; si uno
 p u e d
ve rl o s .El lenguaje gongorino siempre es int r i n-c ado —en especial en ese pasaje— y eld i scurso del político serrano no es la exc e p-ción a esa regla de estilo y de expresión,autoimpuesta por Góngora, desde el prin-cipio de sus trabajos poéticos, a lo largo detoda su obra.* * *No es posible examinar aquí, como me gus-taría, todos los detalles del epilio. Me li-mito sólo a comentar los catorce ve r s o sdedicados a la piedra imán —o magneti-ta, como también se conoce, según anota-ción de Antonio Carreira—, del 379 al392. El vértigo metafórico y alusivo deGóngora alcanza en ese pasaje extre m o ss o r p rendentes, dentro de un poema ya depor sí asombroso, en todas sus partes y ensu conjunto. Recurro en mis comentarios,principalmente, a las investigaciones y ob-s e rvaciones de Ro b e rt Jammes, admirableeditor y exegeta de las
S o l e d a d e s 
, y uno delos más grandes críticos literarios de nues-tra época.Los catorce versos sobre la piedra imánson una sola tirada gramatical y sintáctica,una cláusula compacta y al mismo tiempoflexible, musical, de un ritmo perfecto. A sus catorce versos corresponden siete ri-mas; consta de siete endecasílabos y sieteheptasílabos, según la pauta de la silva, elextraordinario módulo compositivo de las
Soledades 
, lo más parecido al verso libre enesos tiempos; esas regularidades no son una mera curiosidad y apuntan, en mi opinión,a un núcleo virtual: el de los “s o n etos es-condidos” en el poema. La magnetita apa-rece después de dos consideraciones: la navegación de los argonautas y su capitán, Jasón (versos 366-373); la puesta de lasnavegaciones al servicio de la guerra (ver-sos 374-378).El primer rasgo notable es la falta deartículo al mencionar a la “náutica indus-tria”, es decir “la industria de los marine-ros” (Jammes, en su prosificación). El pri-mer verso dice así:Náutica industria investigó tal piedra…La omisión del artículo definido (“
la 
industria náutica”) es un rasgo latinizante.Góngora reivindicaba explícitamente esosrecursos. El verso, un endecasílabo sáfico(acentos en cuarta y octava sílaba, y elobligatorio en la décima), es claramenteh e t e ronico, según la terminología de Alfonso Méndez Plancarte en sus análisiscríticos de la poesía de Salvador Díaz Mi-rón: los tres acentos están en vocales dife-rentes: u, o y e; podría añadirse, por s u-puesto, el acento secundario, si lo es, d e“n á u t i c a” (no lo sea para la pre c e p t i va de Tomás NavarroTomás).Robert Jammes, inspirado en el co-mentario de García de Salcedo Coronel,d i f i e re de Dámaso Alonso en la explicacióndel verbo “investigar” en este pasaje: “losmodernos navegantes no descubrieron la piedra imán [como parece c reer A l o n s o ] ,conocida ya en la Antig ü edad; lo queh i c i e ron fue buscar (
i n ve stigand
) su apli-cación a la navegación”.
La piedra imán en las
Soledades 
(1613) de Luis de Góngora 
Náutica industria investigó tal piedra,que, cual abraza hiedra escollo, el metal ella fulminantede que Marte se viste, y, lisonjera,solicita el que más brilla diamanteen la nocturna capa de la esfera,estrella a nuestro polo más vecina,y, con virtud no poca,distante la revoca,elevada la inclina ya de la Aurora bella al rosado balcón, ya a la que sella cerúlea tumba fría las cenizas del día.

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