Si un estilo y una vida pueden sernos propuestas como ejemplo, esa esla de Alfonso Reyes.Alfonso Reyes, regiomontano ilustre, bromeaba con el significado dela palabra de la ciudad alemana donde nació Kant, Königsberg, quequiere decir Monterrey en alemán. Él hablaba de Kant, o de sí mismo,intercambiando la broma, como el otro regiomontano ilustre: amboseran regiomontanos. Y para fortuna nuestra, nuestro regiomontano nosqueda por esa circunstancia más próximo y lo tenemos ahí permanentemente como ejemplo, y en buena hora, repito, el Tecnológico de Monterrey lo ha atraído.Ustedes conocen sin duda la trayectoria de Don Alfonso, que viviólas cimas y las simas de una vida enriquecida por la experiencia, laque se busca y la que se nos asesta, la que cae encima de nosotros.Como ustedes recuerdan, Alfonso Reyes fue hijo de una familiaprivilegiada en Nuevo León cuyo padre, el General Bernardo Reyes, fuegobernador de esa entidad, y Alfonso nació, como se decía antes, enpañales de seda. Nació en una familia muy acomodada, con buenafortuna política. El General Reyes fue ministro de la guerra con elgeneral Díaz y, aunque esas hipótesis no tienen validez históricarigurosa, de haberlo resuelto se hubiera evitado, no sé si para bien opara mal, la Revolución Mexicana, porque la modernidad delpensamiento, la estructura de conciencia, el rigor disciplinario delGeneral Reyes, lo hicieron aparecer en la escena pública mexicana alcomenzar el siglo XIX como la opción para el tránsito de la dictadura ala democracia sin ruptura. También con el entendido de que puede ser la fórmula empelada,para bien o para mal, Reyes, Don Bernardo el General, hubiera podidopracticar el porfirismo sin Don Porfirio. Permitió el progreso mexicanoen el último cuarto de siglo de la centuria decimonovena sin cerrarse
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