BOE núm. 89 Viernes 13 abril 2007 16271
reducción de sus efectivos, unida a los cambios en lasfunciones que realiza, no puede dejar de afectar a laestructura y articulación de la función pública a su servi-cio. En paralelo, la emergencia de las Administracionesautonómicas, que hoy cuentan prácticamente con lamitad de los empleados públicos del país, ha hecho aflo-rar sus propios problemas y necesidades de gestión depersonal. Algo semejante puede decirse de las entidadeslocales, que presentan por lo demás hondas diferenciasentre ellas, en las que el número de empleados ha experi-mentado también un importante crecimiento.Quiere eso decir que el régimen de la función públicano puede configurarse hoy sobre la base de un sistemahomogéneo que tenga como modelo único de referencia ala Administración del Estado. Por el contrario, cada Admi-nistración debe poder configurar su propia política de per-sonal, sin merma de los necesarios elementos de cohesióny de los instrumentos de coordinación consiguientes. Portanto, la densidad de la legislación básica en materia defunción pública debe reducirse hoy en día, en comparacióncon épocas pasadas, teniendo en cuenta en todo caso lasdeterminaciones de los Estatutos de Autonomía y la doc-trina establecida por el Tribunal Constitucional.De otra parte, la apertura de mayores espacios a laautonomía organizativa en materia de personal es tam-bién necesaria para posibilitar la regulación diferenciadade los sectores del empleo público que lo requieran. Asis-timos hoy, en efecto, a una gradual multiplicación de lasformas de gestión de las actividades públicas dentro decada nivel territorial de gobierno, que persigue responderadecuadamente a las exigencias que plantea, en cadacaso, el servicio eficaz a los ciudadanos. La organizaciónburocrática tradicional, creada esencialmente para el ejer-cicio de potestades públicas en aplicación de las leyes yreglamentos, se ha fragmentado en una pluralidad deentidades y organismos de muy diverso tipo, dedicadasunas a la prestación de servicios directos a la ciudadaníay otras al ejercicio de renovadas funciones de regulacióny control. Esta diversidad de organizaciones ha contri-buido igualmente a la heterogeneidad actual de los regí-menes de empleo público. La correcta ordenación de esteúltimo requiere soluciones en parte diferentes en unos yotros sectores y, por eso, la legislación general básica nopuede constituir un obstáculo ni un factor de rigidez.Antes al contrario, ha de facilitar e impulsar las reformasque sean necesarias para la modernización administra-tiva en todos los ámbitos.En fin, la manifestación más significativa de esa ten-dencia a la diversidad viene siendo el recurso por muchasAdministraciones Públicas a la contratación de personalconforme a la legislación laboral. Si bien por imperativoconstitucional no puede ser éste el régimen general delempleo público en nuestro país, ni existen razones que justifiquen hoy una extensión relevante de la contrataciónlaboral en el sector público, no debe desconocerse que unporcentaje significativo de los empleados públicos tienenla condición de personal laboral, conforme a la legislaciónvigente. La flexibilidad que este régimen legal introduce enel empleo público y su mayor proximidad a los criterios degestión de la empresa privada explican la preferencia porél en determinadas áreas de la Administración.Esta dualidad de regímenes, presente también conunas u otras peculiaridades en la mayoría de los Estadoseuropeos, suscita no obstante algunos problemas jurídicosy de gestión de personal, que no pueden dejar de contem-plarse y regularse, en sus aspectos esenciales, por una leyque aspira a ordenar el sistema de empleo público en suconjunto. Es más, como la experiencia demuestra y la juris-prudencia de los Tribunales subraya, la relación laboral deempleo público está sujeta a ciertas especificidades y poreso algunos principios, como los de mérito y capacidad enel acceso, y ciertas normas de derecho público, como elrégimen de incompatibilidades, vienen siendo de aplica-ción común al personal estatutario y al laboral. Más aun, lanegociación colectiva del personal al servicio de las Admi-nistraciones Públicas, aunque separada para uno y otrotipo de personal hasta este momento, ha tenido como con-secuencia una creciente aproximación de las condicionesde empleo que les afectan. Por eso, sin merma de la aplica-ción de la legislación laboral general en lo que proceda ysiguiendo las recomendaciones de los expertos, convieneregular en el mismo texto legal que articula la legislaciónbásica del Estado sobre la función pública aquellas peculia-ridades de la relación laboral de empleo público. El pre-sente Estatuto contiene, pues, también las normas queconfiguran esta relación laboral de empleo público, en vir-tud de la competencia que atribuye al Estado el artículo149.1.7.ª de la Constitución.En desarrollo de este Estatuto Básico, el legisladorestatal y el de las Comunidades Autónomas, en el ámbitode sus respectivas competencias, habrán de aprobar omodificar las leyes de función pública de sus Administra-ciones, así como las normas aplicables a la Administra-ción local, respetando en este último caso la autonomíaorganizativa de las entidades locales. Dichas leyes podránser, asimismo, generales o referirse a sectores específicosde la función pública que lo requieran. Entre estas últimashabrá que contar necesariamente las que afecten al per-sonal docente y al personal estatutario de los servicios desalud, constituyendo, en relación a este último colectivo,norma vigente la Ley 55/2003, de 14 de diciembre, delEstatuto Marco del Personal Estatutario de los Serviciosde Salud, y asimismo su normativa de desarrollo, conindependencia de la vocación universal de aplicación y denorma de referencia, en definitiva, del Estatuto Básico delEmpleado Público. Por lo que se refiere al personal labo-ral, en lo no dispuesto por el Estatuto Básico, que regulalas especialidades del empleo público de esta naturaleza,habrá de aplicarse la legislación laboral común.La negociación colectiva de los funcionarios públicosy del personal laboral, en los términos que contempla elpresente Estatuto, habrá de contribuir finalmente a con-cretar las condiciones de empleo de todo el personal alservicio de la Administración, como ya sucede en laactualidad.Se empieza por un conjunto de principios generalesexigibles a quienes son empleados públicos. A continua-ción se incluye un listado de derechos básicos y comunesde los empleados públicos, diferenciando eso sí el másespecífico derecho de los funcionarios de carrera a la ina-movilidad en su condición, que no debe contemplarsecomo un privilegio corporativo sino como la garantía másimportante de su imparcialidad. El Estatuto actualiza esecatálogo de derechos, distinguiendo entre los de carácterindividual y los derechos colectivos, e incorporando a losmás tradicionales otros de reciente reconocimiento, comolos relativos a la objetividad y transparencia de los siste-mas de evaluación, al respeto de su intimidad personal,especialmente frente al acoso sexual o moral, y a la con-ciliación de la vida personal, familiar y laboral.Por primera vez se establece en nuestra legislaciónuna regulación general de los deberes básicos de losempleados públicos, fundada en principios éticos y reglasde comportamiento, que constituye un auténtico códigode conducta. Estas reglas se incluyen en el Estatuto confinalidad pedagógica y orientadora, pero también comolímite de las actividades lícitas, cuya infracción puedetener consecuencias disciplinarias. Pues la condición deempleado público no sólo comporta derechos, sino tam-bién una especial responsabilidad y obligaciones específi-cas para con los ciudadanos, la propia Administración ylas necesidades del servicio. Este, el servicio público, seasienta sobre un conjunto de valores propios, sobre unaespecífica «cultura» de lo público que, lejos de ser incom-patible con las demandas de mayor eficiencia y producti-vidad, es preciso mantener y tutelar, hoy como ayer.
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