• Embed Doc
  • Readcast
  • Collections
  • CommentGo Back
Download
 
16270 Viernes 13 abril 2007 BOE núm. 89
sentada en la Comisión Nacional del Mercado de Valoresy no haya sido autorizada con anterioridad a la entrada envigor de la ley.Disposición transitoria tercera.
Régimen transitorio paradeterminados aumentos en la participación de lasociedad cotizada anteriores a la entrada en vigor de la presente ley.
Quedará obligado a formular una oferta pública deadquisición en los términos del Capítulo V del Título IV dela Ley 24/1988, de 28 de julio, del Mercado de Valoresquien con anterioridad a la entrada en vigor de la pre-sente Ley hubiera adquirido una participación en la socie-dad y designe con posterioridad a la entrada en vigor dela ley un número de consejeros que, unidos, en su caso, alos que ya se hubieran designado, representen más de lamitad de los miembros del órgano de administración dela sociedad. La presente disposición será de aplicacióncuando la designación se hubiera producido en los 24meses siguientes a la adquisición de la participación.Disposición derogatoria.Se deroga el apartado 1 de la disposición adicionalprimera del Real Decreto Legislativo 1564/1989, de 22 dediciembre, por el que se aprueba el Texto Refundido de laLey de Sociedades Anónimas, así como cuantas normasde igual o inferior rango se opongan a lo dispuesto en lapresente ley.Disposición final primera.
Incorporación de derecho de la Unión Europea.
Mediante esta Ley se incorpora parcialmente al Dere-cho español la Directiva 2004/25/CE, del ParlamentoEuropeo y del Consejo, de 21 de abril de 2004, relativa a lasofertas públicas de adquisición y la Directiva 2004/109/CE,del Parlamento Europeo y del Consejo, de 15 de diciembrede 2004, sobre la armonización de los requisitos de trans-parencia relativos a la información sobre los emisorescuyos valores se admiten a negociación en un mercadoregulado y por la que se modifica la Directiva 2001/34/CE.Disposición final segunda.
Título competencial.
Esta ley se dicta al amparo de los títulos competencia-les previstos en el artículo 149.1.6.ª, 11.ª y 13.ª de la Cons-titución.Disposición final tercera.
Habilitación normativa.
Se habilita al Gobierno para dictar cuantas disposicio-nes sean necesarias para el desarrollo, ejecución y cum-plimiento de lo previsto en esta ley.Disposición final cuarta.
Entrada en vigor.
La presente ley entrará en vigor a los cuatro meses desu publicación en el Boletín Oficial del Estado.Por tanto,Mando a todos los españoles, particulares y autorida-des que guarden y hagan guardar esta ley.Madrid, 12 de abril de 2007.JUAN CARLOS R.
El Presidente del Gobierno,JOSÉ LUIS RODRÍGUEZ ZAPATERO
7788
LEY 7/2007, de 12 de abril, del Estatuto Básicodel Empleado Público.
JUAN CARLOS I
REY DE ESPAÑA
A todos los que la presente vieren y entendieren.Sabed: Que las Cortes Generales han aprobado y Yovengo en sancionar la siguiente ley.EXPOSICIÓN DE MOTIVOSEl Estatuto Básico del Empleado Público establece losprincipios generales aplicables al conjunto de las relacio-nes de empleo público, empezando por el de servicio alos ciudadanos y al interés general, ya que la finalidadprimordial de cualquier reforma en esta materia debe sermejorar la calidad de los servicios que el ciudadano recibede la Administración.El Estatuto Básico del Empleado Público contieneaquello que es común al conjunto de los funcionarios detodas las Administraciones Públicas, más las normaslegales específicas aplicables al personal laboral a suservicio. Partiendo del principio constitucional de que elrégimen general del empleo público en nuestro país es elfuncionarial, reconoce e integra la evidencia del papelcreciente que en el conjunto de Administraciones Públi-cas viene desempeñando la contratación de personalconforme a la legislación laboral para el desempeño dedeterminadas tareas. En ese sentido, el Estatuto sintetizaaquello que diferencia a quienes trabajan en el sectorpúblico administrativo, sea cual sea su relación contrac-tual, de quienes lo hacen en el sector privado.El Estatuto Básico es un paso importante y necesarioen un proceso de reforma, previsiblemente largo y com-plejo, que debe adaptar la articulación y la gestión delempleo público en España a las necesidades de nuestrotiempo, en línea con las reformas que se vienen empren-diendo últimamente en los demás países de la UniónEuropea y en la propia Administración comunitaria.Las Administraciones y entidades públicas de todotipo deben contar con los factores organizativos que lespermitan satisfacer el derecho de los ciudadanos a unabuena administración, que se va consolidando en el espa-cio europeo, y contribuir al desarrollo económico y social.Entre esos factores el más importante es, sin duda, el per-sonal al servicio de la Administración.El sistema de empleo público que permite afrontarestos retos es aquel que hace posible atraer los profesio-nales que la Administración necesita, que estimula a losempleados para el cumplimiento eficiente de sus funcio-nes y responsabilidades, les proporciona la formaciónadecuada y les brinda suficientes oportunidades de pro-moción profesional, al tiempo que facilita una gestiónracional y objetiva, ágil y flexible del personal, atendiendoal continuo desarrollo de las nuevas tecnologías.Para eso, la legislación básica de la función públicadebe crear el marco normativo que garantice la seleccióny la carrera sobre la base de los criterios constitucionalesde mérito y capacidad y que establezca un justo equilibrioentre derechos y responsabilidades de los empleadospúblicos. Además, la legislación básica ha de prever losinstrumentos que faculten a las diferentes Administracio-nes para la planificación y ordenación de sus efectivos yla utilización más eficiente de los mismos.Ahora bien, en nuestro país específicamente, estalegislación debe tener en cuenta el amplio proceso dedescentralización administrativa que ha tenido lugardurante las últimas décadas. En virtud de él, la Adminis-tración General del Estado es, de los tres niveles territo-riales de gobierno, la que cuenta en la actualidad conmenor número de empleados. La progresiva y drástica
 
BOE núm. 89 Viernes 13 abril 2007 16271
reducción de sus efectivos, unida a los cambios en lasfunciones que realiza, no puede dejar de afectar a laestructura y articulación de la función pública a su servi-cio. En paralelo, la emergencia de las Administracionesautonómicas, que hoy cuentan prácticamente con lamitad de los empleados públicos del país, ha hecho aflo-rar sus propios problemas y necesidades de gestión depersonal. Algo semejante puede decirse de las entidadeslocales, que presentan por lo demás hondas diferenciasentre ellas, en las que el número de empleados ha experi-mentado también un importante crecimiento.Quiere eso decir que el régimen de la función públicano puede configurarse hoy sobre la base de un sistemahomogéneo que tenga como modelo único de referencia ala Administración del Estado. Por el contrario, cada Admi-nistración debe poder configurar su propia política de per-sonal, sin merma de los necesarios elementos de cohesióny de los instrumentos de coordinación consiguientes. Portanto, la densidad de la legislación básica en materia defunción pública debe reducirse hoy en día, en comparacióncon épocas pasadas, teniendo en cuenta en todo caso lasdeterminaciones de los Estatutos de Autonomía y la doc-trina establecida por el Tribunal Constitucional.De otra parte, la apertura de mayores espacios a laautonomía organizativa en materia de personal es tam-bién necesaria para posibilitar la regulación diferenciadade los sectores del empleo público que lo requieran. Asis-timos hoy, en efecto, a una gradual multiplicación de lasformas de gestión de las actividades públicas dentro decada nivel territorial de gobierno, que persigue responderadecuadamente a las exigencias que plantea, en cadacaso, el servicio eficaz a los ciudadanos. La organizaciónburocrática tradicional, creada esencialmente para el ejer-cicio de potestades públicas en aplicación de las leyes yreglamentos, se ha fragmentado en una pluralidad deentidades y organismos de muy diverso tipo, dedicadasunas a la prestación de servicios directos a la ciudadaníay otras al ejercicio de renovadas funciones de regulacióny control. Esta diversidad de organizaciones ha contri-buido igualmente a la heterogeneidad actual de los regí-menes de empleo público. La correcta ordenación de esteúltimo requiere soluciones en parte diferentes en unos yotros sectores y, por eso, la legislación general básica nopuede constituir un obstáculo ni un factor de rigidez.Antes al contrario, ha de facilitar e impulsar las reformasque sean necesarias para la modernización administra-tiva en todos los ámbitos.En fin, la manifestación más significativa de esa ten-dencia a la diversidad viene siendo el recurso por muchasAdministraciones Públicas a la contratación de personalconforme a la legislación laboral. Si bien por imperativoconstitucional no puede ser éste el régimen general delempleo público en nuestro país, ni existen razones que justifiquen hoy una extensión relevante de la contrataciónlaboral en el sector público, no debe desconocerse que unporcentaje significativo de los empleados públicos tienenla condición de personal laboral, conforme a la legislaciónvigente. La flexibilidad que este régimen legal introduce enel empleo público y su mayor proximidad a los criterios degestión de la empresa privada explican la preferencia porél en determinadas áreas de la Administración.Esta dualidad de regímenes, presente también conunas u otras peculiaridades en la mayoría de los Estadoseuropeos, suscita no obstante algunos problemas jurídicosy de gestión de personal, que no pueden dejar de contem-plarse y regularse, en sus aspectos esenciales, por una leyque aspira a ordenar el sistema de empleo público en suconjunto. Es más, como la experiencia demuestra y la juris-prudencia de los Tribunales subraya, la relación laboral deempleo público está sujeta a ciertas especificidades y poreso algunos principios, como los de mérito y capacidad enel acceso, y ciertas normas de derecho público, como elrégimen de incompatibilidades, vienen siendo de aplica-ción común al personal estatutario y al laboral. Más aun, lanegociación colectiva del personal al servicio de las Admi-nistraciones Públicas, aunque separada para uno y otrotipo de personal hasta este momento, ha tenido como con-secuencia una creciente aproximación de las condicionesde empleo que les afectan. Por eso, sin merma de la aplica-ción de la legislación laboral general en lo que proceda ysiguiendo las recomendaciones de los expertos, convieneregular en el mismo texto legal que articula la legislaciónbásica del Estado sobre la función pública aquellas peculia-ridades de la relación laboral de empleo público. El pre-sente Estatuto contiene, pues, también las normas queconfiguran esta relación laboral de empleo público, en vir-tud de la competencia que atribuye al Estado el artículo149.1.7.ª de la Constitución.En desarrollo de este Estatuto Básico, el legisladorestatal y el de las Comunidades Autónomas, en el ámbitode sus respectivas competencias, habrán de aprobar omodificar las leyes de función pública de sus Administra-ciones, así como las normas aplicables a la Administra-ción local, respetando en este último caso la autonomíaorganizativa de las entidades locales. Dichas leyes podránser, asimismo, generales o referirse a sectores específicosde la función pública que lo requieran. Entre estas últimashabrá que contar necesariamente las que afecten al per-sonal docente y al personal estatutario de los servicios desalud, constituyendo, en relación a este último colectivo,norma vigente la Ley 55/2003, de 14 de diciembre, delEstatuto Marco del Personal Estatutario de los Serviciosde Salud, y asimismo su normativa de desarrollo, conindependencia de la vocación universal de aplicación y denorma de referencia, en definitiva, del Estatuto Básico delEmpleado Público. Por lo que se refiere al personal labo-ral, en lo no dispuesto por el Estatuto Básico, que regulalas especialidades del empleo público de esta naturaleza,habrá de aplicarse la legislación laboral común.La negociación colectiva de los funcionarios públicosy del personal laboral, en los términos que contempla elpresente Estatuto, habrá de contribuir finalmente a con-cretar las condiciones de empleo de todo el personal alservicio de la Administración, como ya sucede en laactualidad.Se empieza por un conjunto de principios generalesexigibles a quienes son empleados públicos. A continua-ción se incluye un listado de derechos básicos y comunesde los empleados públicos, diferenciando eso sí el másespecífico derecho de los funcionarios de carrera a la ina-movilidad en su condición, que no debe contemplarsecomo un privilegio corporativo sino como la garantía másimportante de su imparcialidad. El Estatuto actualiza esecatálogo de derechos, distinguiendo entre los de carácterindividual y los derechos colectivos, e incorporando a losmás tradicionales otros de reciente reconocimiento, comolos relativos a la objetividad y transparencia de los siste-mas de evaluación, al respeto de su intimidad personal,especialmente frente al acoso sexual o moral, y a la con-ciliación de la vida personal, familiar y laboral.Por primera vez se establece en nuestra legislaciónuna regulación general de los deberes básicos de losempleados públicos, fundada en principios éticos y reglasde comportamiento, que constituye un auténtico códigode conducta. Estas reglas se incluyen en el Estatuto confinalidad pedagógica y orientadora, pero también comolímite de las actividades lícitas, cuya infracción puedetener consecuencias disciplinarias. Pues la condición deempleado público no sólo comporta derechos, sino tam-bién una especial responsabilidad y obligaciones específi-cas para con los ciudadanos, la propia Administración ylas necesidades del servicio. Este, el servicio público, seasienta sobre un conjunto de valores propios, sobre unaespecífica «cultura» de lo público que, lejos de ser incom-patible con las demandas de mayor eficiencia y producti-vidad, es preciso mantener y tutelar, hoy como ayer.
 
16272 Viernes 13 abril 2007 BOE núm. 89
Seguidamente el Estatuto Básico define las clases deempleados públicos –funcionarios de carrera e interinos,personal laboral, personal eventual– regulando la nuevafigura del personal directivo. Este último está llamado aconstituir en el futuro un factor decisivo de moderniza-ción administrativa, puesto que su gestión profesional sesomete a criterios de eficacia y eficiencia, responsabilidady control de resultados en función de los objetivos. Aun-que por fortuna, no han faltado en nuestras Administra-ciones funcionarios y otros servidores públicos dotadosde capacidad y formación directiva, conviene avanzardecididamente en el reconocimiento legal de esta clasede personal, como ya sucede en la mayoría de los paísesvecinos.Por lo que se refiere a los funcionarios, se hace pre-ciso modificar su clasificación actual, teniendo en cuentala evolución que ha experimentado en los últimos añosnuestro sistema educativo y en previsión, particular-mente, del proceso abierto de reordenación de los títulosuniversitarios. La clasificación en tres grandes grupos,con sus subgrupos, se efectúa en función del título exi-gido para su ingreso, estableciéndose un grupo A, condos subgrupos A1 y A2; un grupo B y un grupo C, a su vezcon los subgrupos C1 y C2.Por otra parte, el Estatuto refuerza las garantías detransparencia en lo relativo al número y retribuciones delpersonal eventual y contiene algunas normas para com-batir la excesiva tasa de temporalidad en el empleopúblico que se ha alcanzado en algunas Administracionesy sectores.En cualquier caso, por lo que se refiere a la ordena-ción del empleo público, así como al sistema de estructu-ración del mismo en cuerpos, escalas, clases o categoríasy a los instrumentos de clasificación de los puestos detrabajo, el Estatuto Básico pretende ser escrupulosamenterespetuoso de las competencias legislativas de las Comu-nidades Autónomas, así como de la autonomía organiza-tiva de éstas y de las Administraciones locales. Sobre labase de unos principios y orientaciones muy flexibles, laley remite a las leyes de desarrollo y a los órganos degobierno correspondientes el conjunto de decisiones quehabrán de configurar el empleo público en cada Adminis-tración.En materia de acceso al empleo público ha sido pre-ocupación esencial garantizar en la mayor medida posiblela aplicación de los principios de igualdad, mérito y capa-cidad, así como la transparencia de los procesos selecti-vos y su agilidad, sin que esto último menoscabe la obje-tividad de la selección. Ello no es, por cierto, incompatiblecon unas mayores posibilidades de apertura de nuestroempleo público a ciudadanos que carezcan de la naciona-lidad española, en aplicación del Derecho comunitario opor razones de interés general, ni con la necesaria adop-ción de medidas positivas para promover el acceso depersonas con discapacidad. En particular se hace hincapiéen las garantías de imparcialidad y profesionalidad de losmiembros de los órganos de selección, para asegurar suindependencia en el ejercicio de las potestades que lescorresponden y de ahí, que, como es regla en otros orde-namientos, se establezcan determinados límites a sucomposición. A ello se añade el criterio favorable a la pari-dad de género, en coherencia con la mayor preocupaciónactual de nuestro ordenamiento por garantizar la igual-dad real entre hombres y mujeres.Criterios semejantes, esenciales para mantener elmayor grado de profesionalidad de nuestro empleopúblico, se han de aplicar también a la carrera de los fun-cionarios y a la provisión de los puestos de trabajo. Peroademás, en estas materias es preciso introducir algunasotras reformas, que pretenden mejorar la eficacia del sis-tema y los estímulos y expectativas de los funcionarios.Sin imponerlo a todas las Administraciones Públicas, elEstatuto Básico permite que se configuren modelos decarrera horizontal, desvinculada de los cambios de puestode trabajo y basada en el desarrollo de las competenciasy en el rendimiento. De esta manera podrá reducirse lainflación orgánica y la excesiva movilidad voluntaria delpersonal, que ha acabado por caracterizar al modelo envigor, ya que concentra todas las oportunidades decarrera en el desempeño sucesivo de puestos de trabajo.Ello no obstante, el Estatuto permite también continuarcon esta modalidad de carrera en aquellas Administracio-nes o áreas del empleo público en que se considere con-veniente y adoptar otras que combinen elementos decarrera horizontal y vertical.Elemento fundamental de la nueva regulación es, encualquier caso, la evaluación del desempeño de losempleados públicos, que las Administraciones Públicasdeberán establecer a través de procedimientos fundadosen los principios de igualdad, objetividad y transparencia.La evaluación periódica deberá tenerse en cuenta a efec-tos de la promoción en la carrera, la provisión y el mante-nimiento de los puestos de trabajo y para la determina-ción de una parte de las retribuciones complementarias,vinculadas precisamente a la productividad o al rendi-miento. Generalizando algunas experiencias que ya exis-ten en el ámbito de nuestras Administraciones Públicas,se introduce así un factor de motivación personal y decontrol interno, que es común a las reformas del empleopúblico que se han adoptado o se están articulando en elámbito europeo. Es obvio, en efecto, que las oportunida-des de promoción y, en alguna medida, las recompensasque corresponden a cada empleado público han de rela-cionarse con la manera en que realiza sus funciones, enatención a los objetivos de la organización, pues resultainjusto y contrario a la eficiencia que se dispense elmismo trato a todos los empleados, cualquiera que sea surendimiento y su actitud ante el servicio.De ello deriva que la continuidad misma del funciona-rio en su puesto de trabajo alcanzado por concurso se hade hacer depender de la evaluación positiva de su desem-peño, pues hoy resulta ya socialmente inaceptable que seconsoliden con carácter vitalicio derechos y posicionesprofesionales por aquellos que, eventualmente, no atien-dan satisfactoriamente a sus responsabilidades.Pero, a su vez, resulta necesario facilitar la promocióninterna de todos los empleados que adquieran las compe-tencias y requisitos necesarios para progresar en sucarrera, desde los niveles inferiores a los superiores, demanera que no se limiten las oportunidades de quienestienen interés y deseo de alcanzar con su dedicación yesfuerzo las mayores responsabilidades. También se hande establecer instrumentos de colaboración que facilitenla movilidad voluntaria de los funcionarios entre distintasAdministraciones, lo que constituye una justa y extendidareivindicación de los empleados públicos. En fin, es pre-ciso flexibilizar las reglas de movilidad funcional y, en sucaso, geográfica, del personal por necesidades del servi-cio, con las oportunas garantías y compensaciones,cuando procedan. A todas estas necesidades respondendeterminados preceptos de la nueva Ley.La gestión de personal, conforme a todas estas reglasy las que las desarrollen con la misma finalidad, podráganar en eficiencia y equidad, lo que ha de traducirsetarde o temprano en una mejora de los servicios.Consecuentemente con lo anterior, pero también a lavista de la experiencia de los últimos años, la nueva Leydebe introducir algunas modificaciones en el sistemaretributivo de los funcionarios públicos.En esta materia, el Estado, a través de las Leyes dePresupuestos Generales, debe mantener las competen-cias que le permitan ejercer un control sobre el gasto depersonal, que es un componente esencial del gastopúblico y, por ende, de la Hacienda general. Se atiende asía la reiterada doctrina establecida al efecto por el TribunalConstitucional. Pero ello no obsta al reconocimiento de
of 00

Leave a Comment

You must be to leave a comment.
Submit
Characters: ...
You must be to leave a comment.
Submit
Characters: ...