Francisco Arriaga – Año 2, No. I. Libres libros de a libra. 22 Oct. 2009
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Muerte en el Vaticano
Maurice Serral y Max Savigny no pudieron haber imaginado que su novela sería tanfamosa -y también boicoteada- hasta el punto de arrancarlos del anonimato y seracusados de conspiración y complicidad en el supuesto asesinato del papa Juan Pablo I.La imaginería popular que gusta ver enigmas donde hay sigilo y silencio vio en laprematura muerte de Juan Pablo I un asesinato flagrante, y en la inmediata sucesión deJuan Pablo II el regreso de la Iglesia Católica a su situación de cerrazón moral, política,cultural e intelectual, tal como se viviera en la época inmediatamente anterior al ConcilioVaticano II.La idea de la novela es simple, y el desarrollo de la misma lineal, con pocas fracturasespacio-temporales: el seminarista brillante que opta por seguir su propio camino en labúsqueda de la iluminación, que no teme ‘ensuciarse las manos’ practicando ritos ajenosal cristianismo que lo acercan peligrosamente a las filosofías y teologías orientales, en unperegrinaje que le lleva prácticamente a una iluminación mística más acorde con unsantón hindú o un lama tibetano que con un sacerdote católico.Pero antes de ser sacerdote, Martello [
Martillo
, en italiano] ha sido hombre.
Mujeres y dialéctica
Nina aparece en la vida de Martello como una sombra fugaz. Él se entrega por primera –yúnica- vez, y no sólo cede el cuerpo: también cede su alma. Andreani, su maestro,confidente y guía espiritual esperaba todo de él, mas no que sucumbiera al embrujo de lacarne, igualándose al resto de sus compañeros.Bruno Martello era la viva imagen del seminarista ideal, perfecto.Nina se sitúa en el extremo de lo que para Martello es permisible: activista y reaccionaria,no dudó en robar –al lado de sus compañeros- un banco, robo durante el cual resultaherida por una bala. Después del sobresalto y la entrega, con un cigarrillo en los labios,Nina se permite analizar rápidamente su pasado, su situación. ‘
Sonrió, recordando que la noche anterior estuvo a punto de confesarle a Bruno que era la primera vez que besaba a un hombre sin sentir en su boca el olor a tabaco. Pero calló a tiempo.
’Bruno, el hombre, se sabe incapaz de renunciar a la muchacha que ha sido suya, a la queha curado, lavado, medicado y después poseído. Opta por denunciarla ante lasautoridades, y su denuncia no puede tener un desenlace feliz.Nina es la única mujer que aparece en la novela, y aunque su interacción con Bruno
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