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Chile, La Crisis por el Islote Snipe con Argentina

Chile, La Crisis por el Islote Snipe con Argentina

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Published by: Walter Foral Liebsch on Mar 26, 2014
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03/26/2014

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1 
PAGINA MARINA  EL INCIDENTE SNIPE Relatado por su protagonista. Hugo Alsina Calderón *
En el año 1958 las relaciones internacionales con la RepúblicaArgentina, se mantenían, como era natural en esos años, cordialmentefrías. El autor de este relato era Capitán de Corbeta, Comandante delpatrullero Lientur con base en Punta Arenas. Los faros, aparte de ser ayudas fundamentales para lanavegación, representan la soberanía de un país en el lugar donde soninstalados.Fue así como la Armada de Chile decidió ubicar una luz en el isloteSnipe, en el canal Beagle. Este faro fue instalado e inaugurado eldía 1 de mayo de 1958, por el patrullero Lientur sobre la balizaciega que ya había levantado el transporte Micalvi el 12 de enero delmismo año. Una vez encendido el faro, se dieron los avisosinternacionales de rigor para alertar a los navegantes. Pasaron unos pocos días, hasta que en la mañana del viernes 9de mayo, muy temprano, fui despertado en mi casa por el chofer delAlmirante, Comandante en Jefe de la III Zona Naval, para queconcurriera de inmediato a su oficina. Allí me esperaba el Almirantedon Jacobo Neumann acompañado de un Comandante de Grupo de la FuerzaAérea. Al ser consultado respecto al lugar exacto en que se habíainstalado el faro, el jefe de la FACH expresó que él, el díaanterior, jueves 8, había sobrevolado la zona y que en ese lugar delislote, no existía ningún faro y que, en cambio, en la parte más alta delislote, había una torre metálica, tipo mecano, de unos 5 metros dealtura. No cabía duda que ese no era el faro chileno y era de suponerque la Armada argentina había desembarcado en el islote Snipe, sacadoo destruido el faro chileno e instalado un nuevo faro, lo queconstituía un grave atropello a la soberanía chilena en el mencionado
 
2islote. La orden del Almirante no se hizo esperar. El patrullero Lienturdebía zarpar a la mayor brevedad, con los medios necesarios ydisponibles para retirar el faro argentino, tarea que debería cumplircualquiera que fueran las consecuencias, o la resistencia que pudieraencontrar, debiendo emplear la fuerza y las armas, en caso de sernecesario. Como esta enérgica medida difería de la política que habíaseguido, hasta entonces, nuestro Ministerio de Relaciones Exteriores,le pedí al Almirante que dicha orden fuera dada por escrito, a lo queaccedió de inmediato. Era preciso tomar muchas acciones antes de zarpar, lo que debíahacerse en pocas horas y con grandes precauciones. Se trataba de unamisión secreta, típicamente militar, con riesgo de un enfrentamientoarmado y cuyo éxito dependía grandemente del factor sorpresa. No se podría informar a la tripulación el motivo del zarpe, puesel servicio de inteligencia argentino era muy activo en Punta Arenas.El armamento del patrullero Lientur era muy precario. El cañónoriginal de 76 mms. había sido reemplazado por uno pequeño de tansólo 57 mms. No se contaba con fusiles-ametralladoras, ni alzastelescópicas, ni granadas de mano. Los patrulleros estaban dedicadosa misiones de paz, abastecimiento, auxilio y ayuda a los pobladores,puestos de vigías y faros. Esto era una cosa distinta. Me dirigí al Destacamento de Infantería de Marina Cochranesituado en Río de los Ciervos, cuyo jefe era amigo mío, y le solicité3 infantes que fuesen tiradores escogidos, 6 fusiles-ametralladorasy un par de cajas de granadas de mano. Todo esto debería enviarse abordo del Lientur, dentro de las próximas 4 horas, en envases demadera rotulados como "Víveres". Regresé a bordo y comuniqué a la tripulación que era precisozarpar en 4 horas más, a buscar a una señora enferma que se habíaagravado en Puerto Williams y que por razones meteorológicas, nopodía ser evacuada por avión. Este argumento era común y nadiesospechó que era otra la causa de un zarpe tan imprevisto. Solicité
 
3también al Hospital Naval la cooperación de otro enfermero, conabundante material de primeros auxilios, en caso de haber heridosgraves. A las 21,00 horas de ese mismo día, viernes 9 de mayo, el Lienturlargó amarras desde el muelle de Punta Arenas y puso proa haciaPuerto Williams. Apenas quedó establecida la guardia de mar, reunía toda la tripulación y le comuniqué la verdadera misión que debíacumplir el buque, disculpándome de no haberles dicho la verdad antesdel zarpe, en mérito del secreto que requería la tarea. Es en estas ocasiones cuando uno se da cuenta del excelentematerial humano con que están conformadas nuestras tripulaciones. Fuecomo una inyección de energía, como un golpe eléctrico. Todos sepusieron en acción de inmediato, limpiando y alistando el armamento,aprovisionando la munición en las chilleras, revisando todo elinstrumental del buque, ajustando los motores para desarrollar almáximo su potencia. En fin, el buque era todo actividad y entusiasmo. Al a siguiente, bado 10, navegando por los canales fueguinosMagdalena, Brecknock, Bahía Desolada, Balleneros y O'Brien, se ocupóla mayor parte del tiempo en entrenamiento artillero. Se disparó elpequeño cañón de 57 mms., las 2 ametralladoras Oerlikon de 20mms.,y se entrenaron los tiradores de fusiles-ametralladoras y tiradoresescogidos con mira telescópica. Al atardecer, temprano en esa época del año, volvió la calma abordo y se ordenó descanso general. Todo el personal estaba bienentrenado y cada cual sabía lo que tenía que hacer. Las armas estabanlimpias, bien lubricadas, probadas y listas para ser usadas; lasmuniciones en sus calzos, los primeros auxilios listos. Fue una nochede vigilia. Todo preparado; pero en el fondo nadie quería que lasarmas fuesen usadas. "Si quieres la Paz, prepárate para la Guerra",dice un antiguo proverbio. La navegación se hizo sin novedad, excepto cuando el Lienturpasó frente al Faro y Puesto de Vigías de Punta Yámana, en el canalBeagle. A pesar de ir obscurecido y a bajo andar, para evitar elexcesivo ruido de los motores, el paso del buque fue advertido por

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