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Durante siglos la violencia ha servido para controlar,dominar, someter a personas y grupos sociales. A través de lafuerza física o de amenazas, se ha impedido a muchos seres humanos eldisfrute de sus derechos, imponiendo y limitando la elección de formas de vida, lalibertad de movimientos y la libre expresión.Existe además una violencia específica contra las mujeres que se ha utilizado como instrumento paramantener la discriminación, la desigualdad, las relaciones jerárquicas y de poder de los hombres sobre lasmujeres. En España llevamos trabajando desde hace muchos años en la erradicación de la violencia que seejerce contra la mujer por el mero hecho de serlo. Sin embargo no llevamos tanto tiempo trabajando en elcambio de roles entre hombres y mujeres, en la educación no-sexista... que sin duda sería la mejor fórmulapara prevenir la violencia contra las mujeres.En nuestra sociedad el sistema educativo es de carácter general y en el mismo se establecen los principios yvalores fundamentales para el desarrollo de la infancia y juventud, principios y valores que tendremos queponer de manifiesto en la edad adulta. Tanto escuela como familia, tenemos en nuestras manos el reto deeducar, por lo que la coordinación entre ambas instituciones es fundamental para mejorar la calidad de laenseñanza. Pero es realmente la familia desde dónde debemos impulsar el principal cambio de socializacióny, por tanto, un medio ideal para potenciar el desarrollo adecuado de la identidad personal de nuestros hijose hijas, desarrollo en el que el género no siga siendo un elemento clasificador de las personas.Es importante, entonces, una toma de conciencia de nuestra propia interiorización de estereotipos y prejuiciossexistas, de nuestros comportamientos, valores, actitudes, expectativas... de lo que enseñamos, no sóloa través de la palabra, sino sobre todo, de nuestra forma de ser, de vivir, y actuar. Porque, yo pregunto:¿Pedimos lo mismo de nuestros hijos e hijas? ¿Sus funciones en el seno de la familia son las mismas?¿Qué modelos en el seno familiar están percibiendo ellos y ellas? ¿Cómo buscar una igualdad respetandola diversidad? Hablar de coeducación, educación igualitaria entre sexos, no es hablar de una educaciónestándar, ajena a las diferencias individuales. Está claro que, en esencia, ningún individuo es igual a otro,cada uno de nuestros hijos e hijas, tiene una capacidad, unas cualidades y potencialidades diferentes yen función de ellas requieren un tipo de directrices educativas distintas, pero nunca en función del sexo.Aunque existen principios básicos en la base de nuestros comportamientos, en la formación de nuestra“personalidad”, es importante partir de las diferencias individuales para intentar adecuar esos principios acada persona. Todavía en muchas familias es la mujer la que acude al trabajo en transporte público o en elcoche “auxiliar”, la que acude sola a las reuniones del colegio, la que se encarga de la salud de sus hijos/as; elhombre es el que lleva el coche al taller, pasa más tiempo en el ordenador o sale con más frecuencia a tomaruna cerveza con los amigos después del trabajo.Los niños y las niñas son el reflejo de sus progenitores/as, ya que ellos y ellas son su modelo, por tanto unambiente familiar cargado de sexismo, en el que pese a la aparente igualdad, los espacios, los tiempos, lasáreas en las que nos implicamos son desiguales, están favoreciendo la transmisión de estereotipos que siguenlimitando a la mujer al ámbito doméstico, sobrecargada en sus funciones, dedicada, ella exclusivamente, a laeducación de sus hijos/as, y al servicio por entero de los demás, confiriendo al hombre un “poder” de eleccióny decisión mayor, que en muchos casos impone y ejerce por la fuerza, y que se transmite indirectamente yen muchos casos a los hijos e hijas para conseguir sus objetivos. En este sentido se hace imprescindiblecuidar nuestra manera de actuar, es importante “predicar con el ejemplo” y empezar a buscar igualdad ennuestras relaciones, en nuestra vida personal, familiar, de pareja, defendiendo unos derechos igualitarios,una participación y toma de decisiones equilibrada tanto en la vida privada como en la pública que impidaque nuestros hijos e hijas puedan pensar que es posible dominar a una persona, anularla, controlarla, exigirlay menos a través de la violencia.Por tales razonamientos, desde las A.M.P.A.S. estamos impulsado las Escuelas de Padres y Madres, para quenos formen, nos asesoren, pero ¿qué ocurre? Pues que, la participación es mínima, empezamos con un grangrupo, y al final sólo son unas “cuantas” las que quedan.Desde estas páginas yo, como mujer y madre hago un llamamiento a madres y padres de nuestra comarcapara decirles que debemos educar a nuestros hijos e hijas en igualdad, para que el día de mañana estemossatisfechos y satisfechas con los valores que hemos promovido.
C o n s o l a c i ó n P e r a l L e ó n
P r e s i d e n t a A M PA S i e r r a B o y e r a, P r e s i d e n t a A s o c. d e M u j e r e s L a V i l l a
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