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William_Mitchell_y_las_ciudades_de_su_e-topia

William_Mitchell_y_las_ciudades_de_su_e-topia

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06/14/2010

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Sobre William Mitchell y las ciudades de sue-topía.
William Mitchell es uno de esos gurús que van por el mundocontándonos lo que pocos vemos; la transformación de las ciudades enla era digital. Sin embargo hay 20 ciudades (no más) que si estáncambiando radicalmente. A ellas se dirige el profesor Del MIT: "en elsiglo XXI, la condición de la urbanidad civilizada se puede basar menosen la acumulación de objetos y más en el lujo de información, menos enla centralidad geográfica y más en la conectividad electrónica, menos enel aumento del consumo de los recursos escasos y más en su gestióninteligente". De esto -y alguna digresión vinculada a la evolución de lasciudades digitales y las no tanto, habla este artículo.Sin exagerar, creo que Barcelona se está convirtiendo en la vidriera delas grandes ideas sobre nuevas tecnologías e internet en Iberoamérica.El portal del Ayuntamiento http://www.bcn.es/ (motor de diversasiniciativas) y múltiples eventos confirman la importancia de la ciudadcondal para palpar novedades sobre el tema. De hecho, en el marco delmegaevento cultural Fórum Barcelona 2004 se realizará una conferenciasobre el presente de la comunicación que reunirá a todas las primerasfiguras temáticas; una especie de dream team en la sociología de lacomunicación (agendarlo y consultar http://www.barcelona2004.org).En ese contexto, en mayo de 2003 nos visitó William Mitchell, decano dela Scholl of Architecture and Planning, Massachusetts Institute of  Technology, y autor entre otros libros de e-topia. Vida urbana, Jim; perono la que nosotros conocemos, Gustavo Gili, 2001 (publicación originaldel MIT en 1999).Mitchell brindó una conferencia en el propio Ayuntamiento, junto alprofesor Manuel Castells, la biblia local en cuestiones de la SociedadRed. Había 50 personas, aunque se trataba de una de las personalidadesmás reconocidas en el mundillo de las ciberculturas (¿sobresaturaciónde conferencias?).En su discurso él establecía un paralelismo en la relación entre fábrica yhogar en la sociedad industrial, comparada con lo que puede ser en lasociedad digital la relación entre trabajo y hogar, manifestando algo queestá presente cada día, sobre todo para aquellos que trabajamos conintangibles. Las tecnologías digitales hacen cada vez más difusa larelación entre trabajo y hogar; o sea, ya no sólo trabajamos en nuestraoficina, sino que lo hacemos en casa y hasta en el fin de semana de lamanera más natural (por si no se enteraron, enviar mails a alumnos y/oclientes el domingo a la tarde es trabajo, aunque lo hagamos enchanclas, camiseta y escuchando a nuestro equipo preferido). AunqueMitchell, como arquitecto, piensa esa transformación desde el lado de laplanificación urbana (como las grandes ciudades compiten entre sí paracaptar los mejores intangibles y en esa competencia es clave lainstalación de una infraestructura digital y hasta una buena calidad devida), también la piensa desde el diseño de los hogares (como la casadebe tener irremediablemente un espacio diferenciado para trabajar y
 
otras variables que se presentan con la nueva situación). Pero antes deseguir con su e-topía los invito a enlazar con otra idea.Con ese paralelismo entre trabajo y hogar desarrollé una pequeña ideaque quiero compartir ya que forma parte de mi tesis doctoral sobremodelos de desarrollo webs en sitios universitarios; la relación entre elestudio (el trabajo de un estudiante) y el hogar. Creo que si no se adaptagradualmente a la era de la información, la universidad puede dejar deser el espacio físico donde se fabrican las ideas.Hoy podemos interactuar con nuestros educadores de diferentes modos.El saber siempre estuvo en la universidad, pero si el conocimiento estáen red en sistemas de bases de datos, las diferencias son más difusas,aunque no hablo nunca de dejar de establecer relacionesinterpersonales físicas con nuestros educadores, ni de renegar de laeducación en centros universitarios de carne y hueso, ya que son vitales.Pero deberemos compartir en forma más transparente la información yel conocimiento, aplicando la intercreatividad que tanto le dio a internetcomo medio (ver mi artículo sobre intercreatividad enhttp://www.comunicacionymedios.com/), porque si no, sesinteresante recabar informacn en las ltiples bases de datosexistentes de la mano de un tutor que nos guíe, que ir a clase todos losdías a escuchar como el profesor explica lo que dice un librogeneralmente publicado hace 20 años y nos invita a tomar nota de ello.La gestión de la información conlleva irremediablemente a lareconversión de la tarea docente universitaria. El profesor Mitchell decíaque mientras da clases en el MIT los alumnos sacan sus ordenadoresportátiles y consultan en la red interna y en internet lo que él vadiciendo, los autores que cita y los datos que señala. Esto hace másdifícil su tarea, ya que compite con la información existente en la red, ydebe ser, entonces, más autoexigente y minucioso, para no equivocarsey además dar un valor agregado a ese conocimiento, para que no sepueda obtener en la red en dos clicks, si no, ¿para que viene el alumno aclase? El valor diferencial del docente es lo que cuenta, su capacidadpara interrelacionar autores, su visión del mundo y su experiencia paramotivar a los alumnos, entre muchas otras cuestiones.Si el escenario no se modifica y las clases presenciales no dejan de serlo que hoy son en la mayoría de los casos, es más viable yperfectamente posible que los estudiantes puedan trabajar en casa y losdocentes pueden brindar información en red. La institución universitariadebe reinventar estos procesos, pero no parece haber visión para ello.Pero la tecnología no nos viene dada en forma natural, sino que lareinventamos nosotros a a a en base a los nuevos escenarios.Internet es una idea social precisamente inventada para mejorar lagestión y la interacción entre las personas y la información. Se necesitapensar la ingeniería de los procesos en el ámbito educativo y luegoprogramar las herramientas informáticas para cumplir esas nuevasdemandas. Así es que las instituciones educativas tienen que emprenderese proceso o colocarse a la cola de los pocos que ya lo hicieron. Porque"a veces la imposibilidad es la verdadera razón de nuestraspreferencias". (Sunstein, 2003: 111).
 
Sunstein señala en República.com que los ciudadanos que son privadoso limitados en sus opciones pueden no desear lo que han sido privadosde elegir. Entonces, posibles opciones se convierten en no-opciones porno ser conocidas por el público (los ciudadanos o los alumnos). Hoy esimperdonable que las instituciones universitarias no le brinden a susestudiantes opciones de formación asociadas a la red y se quedeninmersos en el lápiz y el papel medieval. Esto se traduce en futurardida de oportunidades y en una deficiente distribución delconocimiento hacia dentro de la propia institución. Pocos facultadesofrecen webs y/o intranets de calidad y con contenidos diferenciales yde valor agregado, limindose a copiar contenidos escasos decomunicación institucional. Además menos cátedras aún ofrecen aúnespacios en red para compartir el conocimiento, como bicoras opequeñas webs como aulas virtuales (ver artículo de comunidadesuniversitarias en la web -de pago- en www.infonomia.com).Con un back en el navegador volvemos a Mitchell y así podemos decirunas palabras de su “e-topia”; una segunda/tercera/cuarta parte deBeing digital, el clasiquísimo libro de Negroponte (1995). Aunque amboslibros sean de lectura obligatoria, en ambos se juega una especie delotería de pronósticos deportivos para el futuro; zapatos con chips, sinchips o empate.Mitchell está en el lugar indicado (el MIT siempre lo fue) y nos presentauna visión de las ciudades del futuro muy impresionante, aunque aveces resulta un poco sorprendente con sus pronósticos sobre la vidaurbana que nos espera: “Nuestra ropa y accesorios estarán llenos debits. Es posible que los zapatos lleguen a tener más líneas de código queel disco duro actual de nuestro ordenador” (2001: 59), o: Notendríamos por qué educar explícitamente a nuestros aparatos y anuestro entorno, en absoluto; si fueran realmente tan inteligentes,deberían ser capaces de saber qué necesitamos de ellos lo conobservarnos”. (Ídem: 70).Además, como tantos escribas de nuevas tecnologías, sus palabrassuenan exageradamente sesgadas, referidas a las pocas ciudades en elmundo donde la evolución tecnológica descripta afectaráverdaderamente nuestras vidas. Mientras, en el 95% de las ciudades delplaneta (Barcelona es tan seductora porque está en el 5% restante, poreso viene Mitchell a dar conferencias) la polución, la inseguridad, la faltade oportunidades, la brecha entre ricos y pobres y la crecientemarginalidad son las variables que están afectando nuestra vidaurbana. Para no olvidarnos del aspecto tecnológico, tambn vital,decimos que antes de hablar de vestimenta digital, transportes delfuturo y megainfraestructuras, las ciudades debean garantizarconexión a internet a bajo coste para todo el mundo y sí o sí, red digitalen todas las escuelas.Pero vayamos a la idea central del libro. Sus e-topías son ciudadeseconómicas y ecológicas que funcionen de manera más inteligente. Losprincipios de diseño básico se pueden reducir a 5 puntos:1. Desmaterialización.Un bit usado no contamina. Economía sin gravedad. ¿Es realmente

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