componente republicana del concepto de ciudadanía se disocia por entero de la pertencia a unacomunidad prepolítica integrada por descendencia, tradición compartida y lengua común. Consideradadesde este cabo, la fusión inicial de conciencia nacionalidad y mentalidad republicana sólo tuvo unafunción catalizadora... El estado nacional había fundado, pero sólo
transitoriamente, una estrechaconexión entre ethnos y demos
. Pero conceptualmente la ciudadanía fue desde siempre independiente dela identidad nacional”
. Se puede comprender entonces la molestia de Habermas frente a conceptos como“etnonacionalismo” acuñado y hecho circular por Walker Connor en la prestigiosa revista
Ethnic and Racial Studies
.Ahora bien, si el vínculo no es natural, ergo transitorio, debe bregarse porque así sea, ya que “enla construcción jurídica del Estado constitucional existe una laguna que invita a ser rellenada con unconcepto naturalista de pueblo”
,y la razón es simple: “sólo mediante conceptos normativos no se puedeaclarar cómo debe
componerse
el
conjunto básico
de aquellas personas que se reúnen para regular legítimamente su vida en común con los medios propios del derecho positivo”
. Sabemos que ese proceso de composición fue doloroso y cruento en Europa
y en América, y también dramático, por lasencilla razón, señalada recientemente por Michael Mann, de que una de las caras ocultas de lademocracia
ha sido
la limpieza étnica
. No obstante, el desafío en Europa como en América se hace nuevamente presente, gatillan estasituación, por un lado, los procesos migratorios (de este a oeste y de sur a norte) que han transformado amuchas capitales y ciudades en multiculturales (París, Santiago, México DF. etc.), y, por otro lado, elrebrote de “demandas étnicas” y de nuevos “nacionalismos”, tanto en Europa como en América latina. Deallí que estemos nuevamente enfrentando el dilema de cómo compatibilizar la nación de ciudadanos conla nación étnica:
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Habermas 1998:622-623, el destacado es nuestro.
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“Las terminologías son cualquier cosa menos inocentes; sugiere una determinada visión. La palabra recientementecreada “etnonacionalismo” salta por encima de la diferencia contenida en la terminología tradicional entre “ethnos”y “demos”. La expresión acentúa la cercanía entre, por un lado, etnias, esto es, comunidades de linaje prepolíticas,organizadas según relaciones de parentesco, y, por otro lado, naciones constituidas estatalmente... borra todareferencia específica al orden jurídico positivo del Estado democrático de derecho, a la historia política y a ladinámica de la comunicación de masas a las que la conciencia nacional surgida en Europa del siglo XIX debe sucarácter reflexivo y en cierto modo artificial” (Habermas 1999:108).
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El mejor ejemplo de llenar la laguna con un ethnos es la fórmula de Carl Schmitt: “Un Estado democrático, queencuentra los presupuestos de su democracia en la homogeneidad nacional de sus ciudadanos, satisface el llamado principio de nacionalidad según el cual una nación constituye un Estado, y un Estado una nación” (Schimtt,
Teoríade la constitución
, Alianza, Madrid, 1983, citado por Habermas 1999:113).
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Habernas 1999:92.
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Para Habermas en la Edad moderna la sociedad no pudo estabilizarse bajo la forma de un imperio, ni de unfederalismo, sino por el Estado territorial, éste “consiguió a largo plazo fuerza estructuradora en la formación delsistema de Estados europeos. Como sucedió en los casos de Portugal, España, Inglaterra y Suecia, el Estadoterritorial surgió primeros de reinos, adaptando después la forma del Estado nacional en el curso de unademocratización conforme al modelo francés. Esta formación estatal aseguró las condiciones-marco en las que pudodesarrollarse a nivel mundial el sistema económico capitalista. Pues el estado nacional constituyó la infraestructura para una administración disciplinaria en términos de Estado de derecho y tomó a su cargo garantizar un espacio deacción individual y colectiva, exento de Estado y ajeno al Estado. Y lo que más no interesa, creo la base para lahomogeneidad cultural y etnica, sobre las que desde fines del siglo XVIII pudo ponerse en marcha lademocratización del Estado, si bien a acosta de la represión y exclusión de minorias nacionales” (1998:621).
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“La cara oculta de la democracia: la limpieza etnica y política como tradición moderna”, en
New Left Review
, Año2000, febrero, pág.:21-50. Recordemos el parrafo último de la nota anterior de Habermas “a acosta de la represión yexclusión de minorias nacionales”. Renan decía que “la unidad se hace de modo brutal”, de ahí la necesidad urgentedel “olvido, y hasta yo diría que el error histórico, son un factor esencial en la creación de una nación” (1987:64-65).3
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