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El horizonte normativo-político en la comprensión de los “movimientos indígenas” de Chile. El casomapuche.
Rolf Foerster G.Universidad de Chile, Dep. de Antropología.En este artículo abordaremos, en primer lugar, el debate teórico de la comunidad académica sobre losconceptos que definen el campo de la discusión “étnica” y su hermenéutica. En segundo lugar, veremoslos planos de reconocimientos presente en el seno del movimiento mapuche. Por último, trataremos deencarar cómo la tradición chilena ha enfrentado el tema del reconocimiento.
1.El debate académico.
En los campos de la sociología, antropología y de la filosofía del derecho, las discusiones giranfundamentalmente en torno a dos conceptos: etnia y nación. En el ámbito del derecho internacional, el binomio es etnia y pueblo (nación y pueblo se usan generalmente como sinónimos cuando se introduce eltema de la “autodeterminación
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).Hay un amplio consenso en que la nación es un fenómeno moderno (fines del siglo XVIII europeo),cuyo centro son unos ciudadanos (demos) que habitan en un lugar secular limitado: el Estado territorial(Francia, Inglaterra, Chile, etc.). Esta vinculación entre nación y Estado está dada a través del concepto desoberanía: la nación como portadora de ésta
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.Recordemos la definición de Anderson sobre la nación:“una comunidad política imaginada como inherentemente limitada y soberana”
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.El autor citado precisaque el concepto de soberanía nació “en una época en que la Ilustración y la Revolución estabandestruyendo la legitimidad del reino dinástico jerárquico, divinamente ordenado. Habiendo llegado a lamadurez en una etapa de la historia humana en la que incluso los más devotos fieles de cualquier religión
1
Nos parece pertinente para esta discusión lo señalado por Villoro “Pueblo es un término vago que lo mismo podríaaplicarse a un clan, a una tribu, a una etnia, a una nacionalidad o un Estado-nación. Sin embargo, en el derechointernacional actual ha adquirido especial importancia por aparecer ligado al derecho de “autodeterminación””(1999:20). Es justamente por la presencia de ese nexo que la propuesta de reconocimiento de los “indígenas” como pueblo ha sido rechazada por una mayoría relativa en el Congreso.
 El Mercurio
informaba “El martes Renovación Nacional señaló que no apoyaría la expresión “pueblos originarios” dentro del reconocimiento constitucional a lasetnias indígenas y fue el senador Alberto Espina el encargado de concluir que el concepto de “pueblos” apareceligado a la soberanía y a la autodeterminación, lo que en el futuro podría ser fundamento para que determinadosgrupos pidieran gobierno propio” (7-07-2002, D8). Frente a esta situación el Programa de Derechos HumanosIndígenas del Instituto de Estudios Indígenas de la Universidad de la Frontera emitió una declaración pública, dondeseñala en unos de sus puntos: “Es conveniente aclarar... para aquellos sectores de la sociedad chilena que sostienenque el reconocimiento de pueblos en la constitución pueda generar las bases para una fragmentación del Estado, queello no pasa de ser un temor infundado. Ello en primer término, por cuanto los pueblos indígenas en Chile no lo han planteado como una alternativa o aspiración. Tal planteamiento es infundado además por cuanto el derechointernacional relativo a los pueblos indígenas limita el derecho a la libre determinación de los pueblos indígenas, asu ejercicio al interior de los estados (artículo 1. 3 Convenio 169 de la OIT), promoviendo en cambio el ejercicio deformas internas para su ejercicio tales como la autonomía o autogestión ( Convenio 169, Proyectos de Declaraciónsobre derechos de Pueblos Indígenas de ONU y OEA en discusión” (el comunicado tiene como fecha el 6 de juliode 2002).
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El Art.5 de nuestra Constitución señala: “La soberanía reside esencialmente en la Nación. Su ejercicio se realiza por el pueblo a través del plebiscito y de elecciones periódicas... Ningún sector del pueblo ni individuo alguno puedeatribuirse su ejercicio”.
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Anderson 1993:23.1
 
universal afrontaban sin poder evitarlo el
 pluralismo
vivo de tales religiones y el alomorfismo entre las pretensiones ontológicas de cada fe y la extensión territorial, las naciones sueñan con ser libres y conserlo directamente en el reinado de Dios. La garantía y el emblema de esta libertad es el Estadosoberano”
4
.El punto de disenso se sustenta en la pregunta de si en la base de la nación hay o no un
ethno
quele de sustento y si el vínculo entre
demos
(Estado-ciudadanía) y
ethno
es transitorio o no. Veamos comose debaten estas cuestiones.Comencemos por uno de los teóricos que sustentan la tesis de la preexistencia de lo étnico en ladupla estado-nación. Se trata de Anthony D.Smith, para quien lo étnico es una categoría transhistórica(siempre activa, imposible de dominar) y que aun cuando es posible distinguir tres formas deconceptualizar la nación ---civil, étnica y pluralista---, “ninguna de ellas ha sido capaz de resolver esatensión moderna entre los Estados centralizados y las etnias revitalizadas"
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. La forma civil se rige por el
dictum
de Clermont-Tonnerre (1789): “A los judíos como nación no les concedemos nada; a los judíos entanto individuos se lo concedemos todo”, lo que sería una mascarada ya que “lleva implícita una grandureza: representa una victoria decisiva de las mayorías étnicas sobre las minorías étnicas que habitan enel interior de las fronteras del Estado, así como una legitimación de dicha victoria obtenida mediante elrecurso al concepto cívico de nación”
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.Esta postura crítica es compartida por un amplio grupo deintelectuales de mucha gravitación en el campo académico, entre ellos: Taylor y Kymlicka
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, cuya fase propositiva es conocida como “comunitarismo” o “liberalismo 2”
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.El escepticismo de Smith frente a la fórmula pluralista ---“el estado nacional esta compuesto decomunidades diversas que se mantienen unidas gracias a la acción de una cultura pública”
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 --- es que“siempre existe el peligro de que la cohesión social resulte dañada y el “mosaico étnico” salte por losaires, favoreciendo que los distintos componente culturales se separen o desemboquen en un conflictototalmente anárquico”
.La perspectiva de Habermas comparte muchas de las constataciones de Smith, pero se separa deella al sostener que la relación entre
ethnos
y
demos
es transitoria, no esencial: “con la Revoluciónfrancesa, el significado de ‘nación’ se transformó... de una magnitud prepólitica en un rasgo que eraelemento constitutivo de la identidad política de los ciudadanos de una comunidad democrática... la
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Anderson 1993:25.
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Smith 1994:22.
6
Smith 1994:16.
7
“...sostendré que la creencia estadounidense en una Constitución ciega en materia de etnicidad no es ni siquieraválida para los Estados Unidos, puesto que ignora el estatus de los indios americanos, de los portorriqueños y otros pueblos” (Kymlicka 1996:21).
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La distinción entre liberalismo 1 y 2 proviene de un comentario de Michael Walzer al texto de Charles Taylor 
 La política de reconocimiento
: “El primer tipo de liberalismo
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está comprometido de la manera más vigorosa posiblecon los derechos individuales y, casi como deducción a partir de esto, con un Estado rigurosamente neutral, es decir,un estado sin perspectivas culturales o religiosas o, en realidad, con cualquier clase de metas colectivas que vayanmás allá de la libertad personal y la seguridad física, el bienestar y la seguridad de sus ciudadanos. El segundo tipode liberalismo (“Liberalismo 2”) permite un Estado comprometido con la supervivencia y florecimiento de unanación, cultura o religión en particualr, o de un (limitado) conjunto de naciones, culturas y religiones, en la medidaque los derechos básicos de los ciudadanos que tienen diferentes compromisos, o que no los tienen en absoluto,estén protegidos” (1993:130-140). El mismo Walzer reconoce que el Estado no ha sido ciego en materias culturales:“Colocado entre las historias y las culturas, el Estado nacional no es neutral; su aparato político es una maquinaria para la reproducción nacional” (1998:39).
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Smith 1994:18.
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Smith 1994:21.2
 
componente republicana del concepto de ciudadanía se disocia por entero de la pertencia a unacomunidad prepolítica integrada por descendencia, tradición compartida y lengua común. Consideradadesde este cabo, la fusión inicial de conciencia nacionalidad y mentalidad republicana sólo tuvo unafunción catalizadora... El estado nacional había fundado, pero sólo
transitoriamente, una estrechaconexión entre ethnos y demos
. Pero conceptualmente la ciudadanía fue desde siempre independiente dela identidad nacional”
. Se puede comprender entonces la molestia de Habermas frente a conceptos como“etnonacionalismo” acuñado y hecho circular por Walker Connor en la prestigiosa revista
 Ethnic and  Racial Studies
.Ahora bien, si el vínculo no es natural, ergo transitorio, debe bregarse porque así sea, ya que “enla construcción jurídica del Estado constitucional existe una laguna que invita a ser rellenada con unconcepto naturalista de pueblo”
,y la razón es simple: “sólo mediante conceptos normativos no se puedeaclarar cómo debe
componerse
el
conjunto básico
de aquellas personas que se reúnen para regular legítimamente su vida en común con los medios propios del derecho positivo”
. Sabemos que ese proceso de composición fue doloroso y cruento en Europa
 y en América, y también dramático, por lasencilla razón, señalada recientemente por Michael Mann, de que una de las caras ocultas de lademocracia
ha sido
la limpieza étnica
. No obstante, el desafío en Europa como en América se hace nuevamente presente, gatillan estasituación, por un lado, los procesos migratorios (de este a oeste y de sur a norte) que han transformado amuchas capitales y ciudades en multiculturales (París, Santiago, México DF. etc.), y, por otro lado, elrebrote de “demandas étnicas” y de nuevos “nacionalismos”, tanto en Europa como en América latina. Deallí que estemos nuevamente enfrentando el dilema de cómo compatibilizar la nación de ciudadanos conla nación étnica: 
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Habermas 1998:622-623, el destacado es nuestro.
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“Las terminologías son cualquier cosa menos inocentes; sugiere una determinada visión. La palabra recientementecreada “etnonacionalismo” salta por encima de la diferencia contenida en la terminología tradicional entre “ethnos”y “demos”. La expresión acentúa la cercanía entre, por un lado, etnias, esto es, comunidades de linaje prepolíticas,organizadas según relaciones de parentesco, y, por otro lado, naciones constituidas estatalmente... borra todareferencia específica al orden jurídico positivo del Estado democrático de derecho, a la historia política y a ladinámica de la comunicación de masas a las que la conciencia nacional surgida en Europa del siglo XIX debe sucarácter reflexivo y en cierto modo artificial” (Habermas 1999:108).
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El mejor ejemplo de llenar la laguna con un ethnos es la fórmula de Carl Schmitt: “Un Estado democrático, queencuentra los presupuestos de su democracia en la homogeneidad nacional de sus ciudadanos, satisface el llamado principio de nacionalidad según el cual una nación constituye un Estado, y un Estado una nación” (Schimtt,
Teoríade la constitución
, Alianza, Madrid, 1983, citado por Habermas 1999:113).
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Habernas 1999:92.
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Para Habermas en la Edad moderna la sociedad no pudo estabilizarse bajo la forma de un imperio, ni de unfederalismo, sino por el Estado territorial, éste “consiguió a largo plazo fuerza estructuradora en la formación delsistema de Estados europeos. Como sucedió en los casos de Portugal, España, Inglaterra y Suecia, el Estadoterritorial surgió primeros de reinos, adaptando después la forma del Estado nacional en el curso de unademocratización conforme al modelo francés. Esta formación estatal aseguró las condiciones-marco en las que pudodesarrollarse a nivel mundial el sistema económico capitalista. Pues el estado nacional constituyó la infraestructura para una administración disciplinaria en términos de Estado de derecho y tomó a su cargo garantizar un espacio deacción individual y colectiva, exento de Estado y ajeno al Estado. Y lo que más no interesa, creo la base para lahomogeneidad cultural y etnica, sobre las que desde fines del siglo XVIII pudo ponerse en marcha lademocratización del Estado, si bien a acosta de la represión y exclusión de minorias nacionales” (1998:621).
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“La cara oculta de la democracia: la limpieza etnica y política como tradición moderna”, en
 New Left Review
, Año2000, febrero, pág.:21-50. Recordemos el parrafo último de la nota anterior de Habermas “a acosta de la represión yexclusión de minorias nacionales”. Renan decía que “la unidad se hace de modo brutal”, de ahí la necesidad urgentedel “olvido, y hasta yo diría que el error histórico, son un factor esencial en la creación de una nación” (1987:64-65).3
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