3 Si creyera que la experiencia que Dios me ha dado sobrela eficacia de la predicación del Santo Rosario paraconvertir a las almas, les impulsará a Vosotros apredicarlo, no obstante la costumbre contraria de lospredicadores, les contaría las maravillosas conversionesque he logrado predicándolo. Me contentaré, sinembargo, con relatar en este compendio algunashistorias antiguas y comprobadas. Para servicio suyo, heincluido también muchos pasajes latinos tomados debuenos autores, que prueban lo que explico al pueblo enlengua corriente.
Rosa encarnada
3) A Ustedes, pobres pecadores, uno más pecadortodavía, les ofrece la rosa enrojecida con la sangre deJesucristo, a fin de que florezcan y se salven. Los impíos ypecadores empedernidos gritan a diario: «Coronémonosde rosas» [Sab 2,8]. Cantemos también nosotros:
«Coronémonos con las rosas del Santo Rosario».
¡Ah! ¡Qué diferentes son sus rosas de las nuestras! Lassuyas son los placeres carnales, los vanos honores y lasriquezas perecederas, que pronto se marchitarán yconsumirán. En cambio, las nuestras, es decir nuestrosPadrenuestros y Avemarías bien dichos, unidos a nuestrasbuenas obras de penitencia, no se marchitarán niagotarán jamás, y su brillo será, de aquí a cien mil años,tan vivo como en el presente.Sus pretendidas rosas sólo tienen la apariencia de tales.En realidad, son solamente punzantes espinas durante su vida, a causa de los remordimientos de conciencia quelos taladrarán a la hora de la muerte con elarrepentimiento, y los quemarán durante toda laeternidad a causa de la rabia y desesperación.