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Hoy en día, aunque con muchos baches y badenes algunos nos atrevemos a coger esa vieja ruta del Camino de la Mar que conecta Rociana con las playas de Mazagón a 25 Km., a través de un bosque de encinas, alcornoques y pinos. Los primeros baños de los rocianeros fueron precisamente a través de esa vía, allá por los primeros años del siglo XX buscando las frescas brisas del mar así como los beneficios del mar para la salud.
El descanso que daba la viña en los últimos meses antes de su recogida propiciaba que los más pudientes se tomaran unas vacaciones. Junto a vecinos de otros pueblos como Bonares y Lucena, los primeros veraneantes se situaron en El Loro y de ahí a La Cuesta de la Barca y finalmente el Picacho.
De esta manera surgieron las primeras construcciones efímeras conocidas como ranchos. En estas construcciones se utilizaba material vegetal autóctono de la zona: pinos, eucaliptos y juncos. Se realizaba la estructura con troncos de madera y se forraba con juncos. Estos servían además de techumbre. En la salida se hacía un porche que se cubría con ramas de eucaliptos. En su interior las habitaciones quedaban separadas por viejas sábanas colgadas al techo y sujetas al suelo con arena, mientras que las cocinas eran construidas alejadas de la vivienda para evitar los frecuentes incendios de éstas. Aunque la pernocta en la playa debía de ser por razones terapéuticas, casi todos encontraban una escusa para verano tras verano volver a la playa. Fue así como las personas más pudientes fueron abandonando los ranchos a favor de viviendas de ladrillo.
Surgiría así las primeras barriadas Santa María Salomé con vecinos de Bonares y Ntra. Sra. del Socorro con vecinos de Rociana. La primera vivienda de Rociana la construyó Rafael Botita, y le siguieron los de don Segundo el
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