Mariano obedece a su abuelo y entra a una casa que siempre le ha parecido cálida yconfortable. Pese a que los jóvenes de su edad saben perfectamente que los arrebatossentimentales están prohibidos si es que desean conservar una imagen digna yrespetable, el nieto de Rómulo siempre se ha sentido atraído por los recortes de periódico enmarcados y los trofeos que adornan la vieja sala. Su mirada lo delata, sienteadmiración por el “viejito”, aunque nunca se permitirá decirlo en sociedad. La premisaactual es que ningún joven puede admirar a las viejas generaciones, integradas por individuos obsoletos, ignorantes de la tecnología y de las bondades de la vida.-Siéntate- invita Rómulo al tiempo que señala uno de los tres sillones que adornan lasolitaria casa-. Dime, ¿qué te trae por aquí?-Iba pasando y me pregunté: ¿por qué no visitar al abuelo? Y pues aquí me tienes, vivitoy coleando.De la Serna no se tragó el cuento. Más sabe el diablo por viejo que por diablo. Entrandoal juego del adolescente y complacido por tener compañía, se acomodó en el sillónindividual, su preferido, y lanzó el dardo a su vulnerable nieto: “¿y para qué traes eluniforme, no será que tenías escuela y decidiste irte de pinta, o peor aún, que estássuspendido?-¡Tú sí sabes abuelo! No estoy suspendido, pero sí decidí irme de pinta-respondióMariano con rostro sorprendido y tierno a la vez-. Te propongo un trato: tú no les dicesnada a mis padres y me quedo haciéndote compañía un rato.-Te aprovechas de mi soledad, hijo. Desde que murió tu abuela, hace ya más de un año,esta casa vive de aisladas visitas y borrosos recuerdos –Rómulo luce triste, nostálgico,con el brillo típico en los ojos de quienes ya vieron pasar sus mejores épocas.-Cálmese, abuelo, no empiece a poner cara de perro triste. Muchos quisieran haber sidocomo usted. Además, no está solo, tiene todos esos trofeos y portadas que le recuerdanlo importante que fue.Rómulo voltea a su alrededor y siente un vacío aún más fuerte. Sí, muchas alegríasquedaban plasmadas en sus paredes, pero los recuerdos, por más memorables quefueran, le llegan a la mente inexactos, borrosos, lejanos. Él quiere volver a sentir esaadrenalina en carne propia, marcar un par de goles y llegar a casa para abrazarse con suamada María Elena.-Los recuerdos no me bastan. Sabes… Hoy que llegaste, espantaste un sueño recurrentey que siempre, por una u otra razón, se ve interrumpido. –Mariano miraba a su abuelocon cierta rareza, como si el viejo estuviera volviéndose loco gracias a la edad; pese atodo, aguantó las ganas de reírse y esperó a que el viejo siguiera con su monólogo-.Estoy en una de las muchas finales que disputé. En realidad es una mezcla de todasellas. Ya sabes, como buen sueño, hay drama y tensión. Está por terminar el partido,quedan dos minutos y se me presenta la oportunidad. El heroico Rómulo de la Serna seeleva para rematar un centro, conecta la pelota y ésta vuela rumbo al arco enemigo… eneso, llegas tú y tocas el timbre o llama tu madre para preguntarme si estoy bien. ¿Se tehace justo?
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