«LO QUE DEBERÍA BRILLAR EN NUESTRA MIRADA TODOS LOS DÍAS»
PÁGINA UNO
Apuntes de lasintervencionesde DavideProsperi yJulián Carrónen la Jornada deinicio de cursode los adultosy de losestudiantesuniversitariosde CL deLombardía.Rho-Pero, 26de septiembrede 2009
JULIÁN CARRÓN
Conscientes de nuestra necesidad, pidamos al Es-píritu que lleve a cumplimiento –abriéndolo de paren par– ese deseo que nos ha traído hasta aquí.
Desciende Santo Espíritu
Damos la bienvenida a todos y saludamos a nues-tros amigos que están conectados desde las distin-tas regiones de Italia y desde el extranjero. Es un in-tento irónico –como todo lo que hacemos– haceruna Jornada de inicio de curso en directo desde Mi-lán. Pero no basta estar presentes físicamente paraque este momento sea un gesto; es necesario que cadauno de nosotros, esté donde esté, se halle presentecon toda su persona, para que lo que suceda en-cuentre en nosotros esa apertura, esa grieta a tra-vés de la cual pueda entrar la gracia que el Señorquiera darnos.
DAVIDE PROSPERI
Comenzamos nuestro encuentro de este año a par-tir del punto en el que concluimos el encuentro delaño pasado. Hace un año nos habíamos concentradoen la figura del testigo, en la importancia esencialdel testigo dentro del camino que nos lleva hacia lamadurez de la fe, hacia la certeza de la fe. Como nosha recordado Carrón en su carta a la Fraternidadnada más volver del Sínodo, nuestra principalcontribución a la Iglesia y al mundo no está ante todoen una acción cultural, civil o política (se trata defrutos que maduran como y cuando Dios quiere), y menos aún en una forma de hegemonía aunquesea por motivos nobles. Nuestra principal contri-bución es el testimonio del acontecimiento que haconformado nuestra vida, y, al hacerlo, ha hecho deella, día a día, algo distinto, más humano, más ca-paz de gratuidad, de leticia, tan capaz de leticia queresulta envidiable, incluso para aquellos que por milrazones nos han criticado siempre... Lo hemos vis-to muy bien en el Meeting. Una de las cosas que másha impresionado a los que llegaban allí por primeravez ha sido la pasión y la gratuidad de los “volun-tarios” –voluntarios que dan allí su propio tiempo y sus propias energías, además de pagar para podercontribuir a este gesto que manifiesta, también a ni-vel cultural, el corazón y la capacidad expresiva dela experiencia–, un hecho inexplicable con las ca-tegorías habituales con las que estamos acostum-brados a concebir las cosas de cada día. Permitid-me que cite un editorial de
Il Tempo
firmado porRoberto Arditti: en él cuenta que había ido al Meetinglleno de escepticismo por una antigua aversión almovimiento de CL «nacida y crecida en los años dela Universidad. Un día en Rimini –dice– me ha obli-gado a cambiar radicalmente de idea». Ante lo queha visto, se pregunta:«El mundo laico de finales delsiglo XX, ¿qué ha dejado en herencia a los más jó-venes? ¿Hemos sabido construir alguna fuerza“útil”? No encuentro respuestas convincentes a es-tas preguntas, y en cambio los chicos del Meetingson libres y fuertes (sin mitificarlos, por favor). Alas 11 de la noche vuelvo al aparcamiento en bus-ca de mi coche. Hay una chica sentada sola en unapequeña silla de plástico. Me saluda sonriendo y meacompaña al coche. Trabaja (como voluntaria) enel aparcamiento, ¡menudo privilegio! Allí está, consu camiseta del Meeting, contenta por lo que hace.Y le sonríe a una persona a la que ve durante unospocos segundos. La noche anterior me encontrabacenando en el Billionaire [uno de los clubes vera-niegos más exclusivos de Europa]. Allí nadie son-reía como aquella chica del aparcamiento». Me re-fiero también a aquellos que han venido a Ríminia medirse con lealtad con la propuesta que se les ha-bía hecho, dando testimonio valiente de cómo elacontecimiento cristiano se convierte en un juiciocultural nuevo, como nos han mostrado, por ejem-plo, Tony Blair y Mary Ann Glendon, por citar dosde ellos. Y esto porque el testigo no indica sólo unaforma de hacer las cosas, sino una concepción nue-va de la realidad y de la propia relación con ella.Pero la experiencia de este año ha situado en pri-mer plano también el riesgo de una superficialidad,de una concepción reducida, sentimental, de lo quesignifica «mirar al testigo». Se corre el riesgo de re-ducir al testigo a un ejemplo positivo, a alguien queme hace experimentar un sentimiento de exaltación,o de consolación precaria, un sentimiento que sinembargo se va por donde ha venido, dando lugara una insatisfacción, a la sensación de estar siempreen el punto de partida. Pero el testigo, literalmen-te, ¿quién es? A lo largo del año nos hemos plante-ado esta pregunta con frecuencia. El testigo, en sen-tido estricto, es alguien que me cuenta un hecho ver-dadero, del que está seguro porque lo ha visto, por-que ha hecho experiencia de él. El testigo es alguienque me atestigua que el hecho de Cristo es verda-dero, porque ha hecho experiencia de él, lo sabe porexperiencia, está seguro de ello porque este hechoha cambiado su vida y está presente aquí y ahora,siempre, como dice el título del nuevo libro que re-úne los
Equipe
(
Qui e ora. 1984-1985
, Bur, Milán2009). Por tanto, el testigo es alguien que conoce laVerdad. Y lo que hace de él un sujeto distinto es elhecho de que se apoya en algo sólido, en el único que
II
OCTUBRE
2009
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