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JC_2009.09.26_Lo que deberia brillar en nuestra mirada todos los días

JC_2009.09.26_Lo que deberia brillar en nuestra mirada todos los días

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2009.10.13_jia_esp_JC
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05/15/2011

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Apuntes de las intervenciones de Davide Prosperi y Julián Carrón en la Jornadade inicio de curso de los adultos y de los estudiantes universitarios de CLde Lombardía. Rho-Pero, 26 de septiembre de 2009
PÁGINAUNO
«Lo que debería brillaren nuestra miradatodos los días»
(Luigi Giussani)
OCTUBRE
2009
I
Henri Matisse
Ícaro, 1947.
Metropolitan Museum of Art de Nueva York (Foto Scala Florencia/Art Resource).
 
«LO QUE DEBERÍA BRILLAR EN NUESTRA MIRADA TODOS LOS DÍAS»
PÁGINA UNO
Apuntes de lasintervencionesde DavideProsperi yJulián Carrónen la Jornada deinicio de cursode los adultosy de losestudiantesuniversitariosde CL deLombardía.Rho-Pero, 26de septiembrede 2009
JULIÁN CARRÓN
Conscientes de nuestra necesidad, pidamos al Es-píritu que lleve a cumplimiento –abriéndolo de paren par– ese deseo que nos ha traído hasta aquí.
Desciende Santo Espíritu
Damos la bienvenida a todos y saludamos a nues-tros amigos que están conectados desde las distin-tas regiones de Italia y desde el extranjero. Es un in-tento irónico –como todo lo que hacemos– haceruna Jornada de inicio de curso en directo desde Mi-lán. Pero no basta estar presentes físicamente paraque este momento sea un gesto; es necesario que cadauno de nosotros, esté donde esté, se halle presentecon toda su persona, para que lo que suceda en-cuentre en nosotros esa apertura, esa grieta a tra-vés de la cual pueda entrar la gracia que el Señorquiera darnos.
DAVIDE PROSPERI
Comenzamos nuestro encuentro de este año a par-tir del punto en el que concluimos el encuentro delaño pasado. Hace un año nos habíamos concentradoen la figura del testigo, en la importancia esencialdel testigo dentro del camino que nos lleva hacia lamadurez de la fe, hacia la certeza de la fe. Como nosha recordado Carrón en su carta a la Fraternidadnada más volver del Sínodo, nuestra principalcontribución a la Iglesia y al mundo no está ante todoen una acción cultural, civil o política (se trata defrutos que maduran como y cuando Dios quiere), y menos aún en una forma de hegemonía aunquesea por motivos nobles. Nuestra principal contri-bución es el testimonio del acontecimiento que haconformado nuestra vida, y, al hacerlo, ha hecho deella, día a día, algo distinto, más humano, más ca-paz de gratuidad, de leticia, tan capaz de leticia queresulta envidiable, incluso para aquellos que por milrazones nos han criticado siempre... Lo hemos vis-to muy bien en el Meeting. Una de las cosas que másha impresionado a los que llegaban allí por primeravez ha sido la pasión y la gratuidad de los “volun-tarios” –voluntarios que dan allí su propio tiempo y sus propias energías, además de pagar para podercontribuir a este gesto que manifiesta, también a ni-vel cultural, el corazón y la capacidad expresiva dela experiencia–, un hecho inexplicable con las ca-tegorías habituales con las que estamos acostum-brados a concebir las cosas de cada día. Permitid-me que cite un editorial de
Il Tempo
firmado porRoberto Arditti: en él cuenta que había ido al Meetinglleno de escepticismo por una antigua aversión almovimiento de CL «nacida y crecida en los años dela Universidad. Un día en Rimini –dice– me ha obli-gado a cambiar radicalmente de idea». Ante lo queha visto, se pregunta:«El mundo laico de finales delsiglo XX, ¿qué ha dejado en herencia a los más jó-venes? ¿Hemos sabido construir alguna fuerza“útil”? No encuentro respuestas convincentes a es-tas preguntas, y en cambio los chicos del Meetingson libres y fuertes (sin mitificarlos, por favor). Alas 11 de la noche vuelvo al aparcamiento en bus-ca de mi coche. Hay una chica sentada sola en unapequeña silla de plástico. Me saluda sonriendo y meacompaña al coche. Trabaja (como voluntaria) enel aparcamiento, ¡menudo privilegio! Allí está, consu camiseta del Meeting, contenta por lo que hace.Y le sonríe a una persona a la que ve durante unospocos segundos. La noche anterior me encontrabacenando en el Billionaire [uno de los clubes vera-niegos más exclusivos de Europa]. Allí nadie son-reía como aquella chica del aparcamiento». Me re-fiero también a aquellos que han venido a Ríminia medirse con lealtad con la propuesta que se les ha-bía hecho, dando testimonio valiente de cómo elacontecimiento cristiano se convierte en un juiciocultural nuevo, como nos han mostrado, por ejem-plo, Tony Blair y Mary Ann Glendon, por citar dosde ellos. Y esto porque el testigo no indica sólo unaforma de hacer las cosas, sino una concepción nue-va de la realidad y de la propia relación con ella.Pero la experiencia de este año ha situado en pri-mer plano también el riesgo de una superficialidad,de una concepción reducida, sentimental, de lo quesignifica «mirar al testigo». Se corre el riesgo de re-ducir al testigo a un ejemplo positivo, a alguien queme hace experimentar un sentimiento de exaltación,o de consolación precaria, un sentimiento que sinembargo se va por donde ha venido, dando lugara una insatisfacción, a la sensación de estar siempreen el punto de partida. Pero el testigo, literalmen-te, ¿quién es? A lo largo del año nos hemos plante-ado esta pregunta con frecuencia. El testigo, en sen-tido estricto, es alguien que me cuenta un hecho ver-dadero, del que está seguro porque lo ha visto, por-que ha hecho experiencia de él. El testigo es alguienque me atestigua que el hecho de Cristo es verda-dero, porque ha hecho experiencia de él, lo sabe porexperiencia, está seguro de ello porque este hechoha cambiado su vida y está presente aquí y ahora,siempre, como dice el título del nuevo libro que re-úne los
Equipe
(
Qui e ora. 1984-1985
, Bur, Milán2009). Por tanto, el testigo es alguien que conoce laVerdad. Y lo que hace de él un sujeto distinto es elhecho de que se apoya en algo sólido, en el único que
II
OCTUBRE
2009
 
«LO QUE DEBERÍA BRILLAR EN NUESTRA MIRADA TODOS LOS DÍAS»
PÁGINA UNO
Jóvenes en un tram de Milán.
(Las fotos reproducidasen estas páginasson de
Gianni Berengo Gardin
)
ha vencido a la muerte. Siempre me ha impresio-nado la observación de Giussani de que en la Bibliala idea de verdad se expresa a través de la imagen dela roca. La verdad no es un pensamiento, no es unconcepto intelectual. Es una Presencia sobre la queme puedo asentar, sobre la que puedo apoyar todomi “yo”. Una Presencia que impide que me hunda,como dice el
Salmo
40: «Me levantó de la charca fan-gosa; afianzó mis pies sobre roca» (
Sal 
40,3). El tes-tigo es aquel que vive apoyado por completo sobrela roca. Y por eso deseas pegarte a él.Aquí surge, entonces, una primera pregunta: siel testigo es lo que hemos dicho, ¿por qué, aún es-tando rodeados de tantos testigos, sigue siendo tandébil en nosotros la certeza? Este verano has em-pezado a insistir en que no basta el testigo. Entonces,¿cuál es el paso que tenemos que dar? ¿Dónde nosbloqueamos?Muchas veces es como si nos detuviéramos, porcomodidad o, en el fondo, por falta de estima pornosotros mismos, ante la vibración que produce ennosotros la belleza de los efectos del hecho, es de-cir, ante la vibración en nosotros de la belleza de losfrutos que la pertenencia a Cristo introduce en al-gunos momentos o en algunas personas. Nos de-tenemos en el gozo que nos produce la fascinaciónde la humanidad de algunas personas, sin que esto–¿cómo decirlo?– suscite un brío, un deseo, y portanto un trabajo, un camino, en definitiva, un mo-vimiento hacia el origen escondido de esa huma-nidad distinta.Este verano alguno de nosotros hemos visto el ví-deo de una intervención de don Giussani hablan-do sobre Leopardi (vídeo de un encuentro con losestudiantes universitarios del Politécnico de Milánen 1996 proyectado en la Asamblea Internacional deResponsables de CL – La Thuile, 18-22 agosto2009–;
ndr 
). Yo personalmente me quedé sin pala-bras, embelesado por esa forma de sentir, de mirar y de percibir lo humano. Pero al cabo de dos días,me di cuenta de que ya no pensaba en ello. Es de-cir, es como si corriésemos continuamente el ries-go de quedarnos en un reflejo sentimental, estético,incluso ante el mayor de los testimonios, y com-prendo que el paso al que nos reclamas incansable-mente implica ir hacia otro nivel, para que algo deaquellos ojos, de aquel modo con el que Giussani ha-blaba de lo humano, entre en la forma con la quenosotros afrontamos todas las cosas, con la que voy a trabajar por la mañana, con la que me encuentrocon los amigos, con la que saludo a mis hijos y a mimujer cuando vuelvo a casa por la noche. Es lo mis-mo que debió ver el director de
Il Tempo
en aque-lla chica del aparcamiento del Meeting. Si no es así,aunque esté rodeado de una multitud de testigos, mequedo en el mismo estado de confusión, ni más nimenos, que aquellos que no han tenido mi encuentro.Y aquí llegamos a la segunda pregunta, que en cier-to sentido incluye también la primera: ¿qué puedevencer la confusión?
JULIÁN CARRÓN1.
 AVICTORIASOBRELACONFUSIÓNESUNAEXPERIENCIA
La confusión es vencida por una experiencia, y loque caracteriza la experiencia es el juicio, no el re-flejo sentimental que me provocan las cosas, comomuchas veces vemos en nosotros. El juicio es lo quepermite que algo que uno hace llegue a ser expe-riencia. Por eso don Giussani nos ha testimoniado
OCTUBRE
2009
III
»

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