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Hechos de los Apóstoles de América

Hechos de los Apóstoles de América

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Relato de los hechos históricos más relevantes en la historia de la evangelización de América.
Relato de los hechos históricos más relevantes en la historia de la evangelización de América.

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1
José María Iraburu
Hechos de losapóstolesde América
Fundación GRATIS DATE
Pamplona 2003, 3ª edición
 
2
 José María Iraburu – Hechos de los apóstoles de América
Prólogo a la 1ª edición
Desde el principio debo confesar que llevo en el cora-zón a la América hispana. Allí pasé los primeros años demi vida de sacerdote, y allí he vuelto una veintena deveces para dar cursillos o ejercicios espirituales. Aunquemi especialidad es la Teología espiritual, que enseño enBurgos, en la Facultad de Teología, hace ya muchosaños que vengo estudiando la evangelización de las In-dias en los antiguos cronistas o en escritos modernos,fijándome sobre todo en la espiritualidad de aquella ac-ción apostólica.Esto me ha llevado a componer esta obra, en la quesigo el modelo de San Lucas evangelista, el primer his-toriador de la Iglesia, en sus
 Hechos de los Apóstoles
. Élcentra sus relatos en las figuras de los santos apóstolesPedro y Pablo, no hace mucho caso de los personajesnegativos, como Simón Mago o Ananías y Safira, y nose detiene apenas a describir la organización progresivade la Iglesia naciente.De modo semejante, mi crónica centrará su atenciónen los hechos apostólicos de Martín de Valencia,Zumárraga, Motolinía, Montesinos, Toribio de Mogro-vejo, Francisco Solano, Pedro Claver, etc., y no descri-biré, como no sea ocasionalmente, la figura lamentablede otros personajes oscuros de su entorno, ni tampocola acción misionera de la Iglesia en sus complejos empe-ños colectivos, en la organización de diócesis y parro-quias, doctrinas y provincias religiosas.Por otra parte, si San Lucas dedica once capítulos delos Hechos a San Pablo y seis a San Pedro, no es porquepiense que aquél tiene doble importancia que éste en lahistoria del apostolado, sino porque fue compañero deSan Pablo y conoció mejor su vida y acciones. Tampo-co mi escrito, por las mismas razones, guardará unaproporción estricta entre la importancia de cada apóstoly las páginas que le dedico.Y no me alargo más, pues tengo por delante una tareamuy amplia y preciosa: escribir los grandes
 Hechos delos apóstoles de América.
Prólogo a la 2ª edición
Al preparar la segunda edición de esta obra –que ape-nas añade a la primera, de 1992, algunos retoques deltexto y breves complementos bibliográficos–, sigo con-vencido de que
el crecimiento de las Iglesias locales de América ha de potenciarse con un conocimiento y unaestima cada vez mayores de sus propias tradiciones y desus gloriosos orígenes
. En este sentido, dice Juan Pablo II:
«La expresión y los mejores frutos de la identidad cristiana deAmérica son sus santos... Es necesario que sus ejemplos de entregasin límites a la causa del Evangelio sean no sólo preservados delolvido, sino más conocidos y difundidos entre los fieles del Conti-nente» (ex. apost.
 Ecclesia in America
15, 22-1-1999).
Los trabajos de los primeros evangelizadores de Amé-rica, tantas veces ignorados o discutidos, estos empe-ños que se narran en las presentes páginas, han de ser juzgados por sus frutos históricos. Ahora bien, «¿no esacaso motivo de esperanza gozosa pensar que para fina-les de este milenio
los católicos de América Latina cons-tituirán casi la mitad de toda la Iglesia
?» (Juan PabloII, 14-6-1991).Dios quiera concederle a esta segunda edición de los
 Hechos de los apóstoles de América
una muy amplia di-fusión. La pedimos confiadamente al Señor, acudiendo ala intercesión poderosa de Nuestra Señora, la Virgen deGuadalupe. A Ella le rezamos ahora con Juan Pablo II(México 23-1-1999):
«¡Oh Madre! Tú conoces los caminos que siguieron los prime-ros evangelizadores del nuevo mundo, desde la isla Guanahaní y LaEspañola hasta las selvas del Amazonas y las cumbres andinas,llegando hasta la Tierra de Fuego en el sur y los grandes lagos ymontañas del norte...«Oh Señora y Madre de América! Salva a las naciones y a lospueblos del continente...«¡Para ti, Señora de Guadalupe, Madre de Jesús y Madre nues-tra, todo el cariño, honor, gloria y alabanza continua de tus hijos ehijas americanos!»
 
3
1ª PARTE
Descubrimientoy evangelización
1. Descubrimiento y evangelización
Descubrimiento
La palabra
descubrir 
, según el Diccionario, significasimplemente «hallar lo que estaba ignorado o escondi-do», sin ninguna acepción peyorativa. En referencia aAmérica, desde hace cinco siglos, ya desde los prime-ros cronistas hispanos, venimos hablando de
 Des-cubrimiento
, palabra en la que se expresa una triple ver-dad.1.
España, Europa, y pronto todo el mundo, descubre América
, un continente del que no había noticia alguna.Este es el sentido primero y más obvio. El Descubri-miento de 1492 es como si del océano ignoto surgierade pronto un Nuevo Mundo, inmenso, grandioso yvariadísimo.2.
 Los indígenas americanos descubren también Amé-rica
a partir de 1492, pues hasta entonces no la cono-cían. Cuando los exploradores hispanos, que solían an-dar medio perdidos, pedían orientación a los indios, com-probaban con frecuencia que éstos se hallaban casi tanperdidos como ellos, pues apenas sabían algo –como nofueran leyendas inseguras– acerca de lo que había alotro lado de la selva, de los montes o del gran río que leshacía de frontera. En este sentido es evidente que la Con-quista llevó consigo un
 Descubrimiento
de las Indias nosólo para los europeos, sino para los mismos indios. Los
otomíes
, por poner un ejemplo, eran tan ignorados paralos
guaraníes
como para los
andaluces
. Entre imperiosformidables, como el de los
incas
y el de los
aztecas
,había una abismo de mutua ignorancia. Es, pues, un grue-so error decir que la palabra Descubrimiento sólo tienesentido para los europeos, pero no para los indios, ale-gando que «ellos ya estaban allí». Los indios, es eviden-te, no tenían la menor idea de la geografía de «Améri-ca», y conocían muy poco de las mismas naciones veci-nas, casi siempre enemigas. Para un indio, un viaje largo através de muchos pueblos de América, al estilo del que afines del siglo XIII hizo Marco Polo por Asia, era del todoimposible.En este sentido, la llegada de los europeos en 1492hace que aquéllos que apenas conocían poco más que suregión y cultura, en unos pocos decenios, queden des-lumbrados ante el conocimiento nuevo de un continentefascinante, América. Y a medida que la cartografía y lasescuelas se desarrollan, los indios americanos descubrenla fisonomía completa del Nuevo Mundo, conocen laexistencia de cordilleras, selvas y ríos formidables, am-plios valles fértiles, y una variedad casi indecible de pue-blos, lenguas y culturas...
Madariaga escribe: «Los naturales del Nuevo Mundo no habíanpensado jamás unos en otros no ya como una unidad humana, sinoni siquiera como extraños. No se conocían mutuamente, no existíanunos para otros antes de la conquista. A sus propios ojos, no fueronnunca un solo pueblo. «En cada provincia –escribe el oidor Zoritaque tan bien conoció a las Indias– hay grande diferencia en todo, yaun muchos pueblos hay dos y tres lenguas diferentes, y casi no setratan ni conocen, y esto es general en todas las Indias, según heoído» [...] Los indios puros no tenían solidaridad, ni siquiera dentrode los límites de sus territorios, y, por lo tanto, menos todavía en lovasto del continente de cuya misma existencia apenas si teníannoción. Lo que llamamos ahora Méjico, la Nueva España de enton-ces, era un núcleo de organización azteca, el Anahuac, rodeado deuna nebulosa de tribus independientes o semiindependientes, delenguajes distintos, dioses y costumbres de la mayor variedad. Loschibcha de la Nueva Granada eran grupos de tribus apenas organi-zadas, rodeados de hordas de salvajes, caníbales y sodomitas. Y encuanto al Perú, sabemos que los incas lucharon siglos enteros porreducir a una obediencia de buen pasar a tribus de naturales de muydiferentes costumbres y grados de cultura, y que cuando llegaronlos españoles, estaba este proceso a la vez en decadencia y porterminar. Ahora bien, éstos fueron los únicos tres centros de organi-zación que los españoles encontraron. Allende aztecas, chibchas eincas, el continente era un mar de seres humanos en estado pordemás primitivo para ni soñar con unidad de cualquier forma quefuese» (
 El auge
381-382).
3.
 Hay, por fin, en el término Descubrimiento un sen-tido más profundo y religioso
, poco usual. En efecto,Cristo, por sus apóstoles, fue a América a
descubrir 
consu gracia a los hombres que estaban ocultos en las tinie-blas. Jesucristo, nuestro Señor, cumpliendo el anuncioprofético, es el «Príncipe de la paz... que arrancará elvelo que cubre a todos los pueblos, el paño que tapa atodas las naciones» (Is 25,7). Fue Cristo el que, allí, porejemplo, en Cuautitlán y Tulpetlac,
descubrió
toda la bon-dad que
 podía haber 
en el corazón del indio Cuauh-tlatoatzin, si su gracia le sanaba y hacía de él un hombrenuevo: el beato Juan Diego.Así pues, bien decimos con toda exactitud que en elaño de gracia de 1492 se produjo el
 Descubrimiento
deAmérica.
Encuentro
En 1492 se inica un
 Encuentro
entre dos mundos suma-mente diferentes en su desarrollo cultural y técnico. Eu-ropa halla en América dos culturas notables, la mayo-azteca, en México y América central, y la incaica en Perú,y un conjunto de pueblos sumidos en condiciones suma-mente primitivas.La Europa cristiana y las Indias son, pues, dos entida-des que se encuentran en un drama grandioso, que sedesenvuelve, sin una norma previa, a tientas, sin prece-dente alguno orientador. Ambas, dice Rubert de Ventós,citado por Pedro Voltes, eran «partes de un
encuentro puro
, cuyo carácter traumático rebasaba la voluntad mis-ma de las partes, que no habían desarrollado anticuerposfísicos ni culturales que preparasen la amalgama. De ahí que ésta fuera necesariamente trágica» (
Cinco siglos
10).
1ª Parte – Descubrimiento y evangelización

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