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Utopía y Política (José María Iraburu)

Utopía y Política (José María Iraburu)

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Breve ensayo sobre Doctrina Social y los deberes del cristiano en su participación en la vida social y política
Breve ensayo sobre Doctrina Social y los deberes del cristiano en su participación en la vida social y política

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 Utopía y política
José María Iraburu
 
INDICE
INDICE 2
 
EL NÚMERO DE LOS NECIOS ES INFINITO 3
 
INCAPACIDAD POLÍTICA PARA LA PERFECCIÓN 3
 
LA NOBILÍSIMA ACTIVIDAD POLÍTICA 4
 
DOCTRINA POLÍTICA DE LA IGLESIA 5
 
PRINCIPIOS FUNDAMENTALES DE DOCTRINA POLÍTICA CRISTIANA 6
 
POSIBILIDADES ACTUALES DE LA POLÍTICA CRISTIANA 10
 
EL ÉXODO CRISTIANO A PARTIDOS DE OPOSICIÓN Y A SERVICIOSPOLÍTICOS PRIVADOS 11
 
LA EXCLUSIÓN SEMIPELAGIANA DEL MARTIRIO 13
 
RECUPERAR LA POSIBILIDAD DE PENSAR Y DECIR LA VERDAD 14
 
ASCÉTICA, UTÓPICA Y POLÍTICA 15
 
 
El número de los necios es infinito
Resulta duro decirlo, pero es la verdad: «el número de los necios es infinito»(Ecl 1,15). Hoy, quizá por soberbia de especie humana, por democratismo opor lo que sea, esta verdad suele mantenerse silenciada. Sin embargo, no poreso deja de ser verdadera. La descubre fácilmente la razón natural; peroademás es Palabra divina: «ancha es la puerta y espaciosa la senda que llevaa la perdición, y son muchos los que por ella entran» (Mt 7,13).Los autores espirituales, como Kempis, lo han dicho siempre: «son muchos losque oyen al mundo con más gusto que a Dios; y siguen con más facilidad susinclinaciones carnales que la voluntad de Dios» (Imitación III,3,3). Y el mismoSanto Tomás, tan bondadoso y sereno, señala la condición defectuosa delgénero humano como algo excepcional dentro de la armonía general delcosmos:«Sólo en el hombre parece darse el caso de que lo defectuoso sea lomás frecuente (in solum autem hominibus malum videtur esse ut inpluribus); porque si recordamos que el bien del hombre, en cuanto tal, noes el bien del sentido, sino el bien de la razón, hemos de reconocertambién que la mayoría de los hombres se guía por los sentidos, y nopor la razón» (STh I,49, 3 ad5m). Todo esto, claro está, tieneconsecuencias nefastas para la vida política de la sociedad humana,pues «la sensualidad (fomes) no inclina al bien común, sino al bienparticular» (I–II,91, 6 præt.3). Y si la verdadera prudencia es la únicacapaz de conducir al bien común, reconozcamos que «son muchos loshombres en quienes domina la prudencia de la carne» (I–II,93, 6 præt.2).Los hombres muy buenos, así como los muy malos, son muy pocos; lo que enuno u otro grado abunda y sobreabunda es la mediocridad. La misma palabranos hace ver que corresponde al nivel medio de los conjuntos humanos. Y hayque precisar aquí que se trata de una mediocridad mala, maligna, cuyaexpresión política, por ejemplo, en un régimen democrático, está muy lejos dellevar a la perfección.
Incapacidad política para la perfección
Se equivocan profundamente los hombres idealistas cuando ponen suesperanza de perfección en la política; y se ven necesariamente defraudados.La política no puede conducir a la perfección humana comunitaria. No puedeconseguir esto una acción política apoyada, de un modo u otro, en una mayoríaen la que predomina la sensualidad y la imprudencia. Los políticosdemocráticos, concretamente, saben bien que el pueblo es ignorante y egoísta,como suelen serlo ellos mismos; pero le hablan como si fuera esclarecido,infalible y noblemente altruísta… Todos saben que el pueblo,convenientemente manipulado, preferirá a Barrabás antes que a Cristo, yreclamará la muerte del justo «a grandes voces» (Mt 27,23).

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