TRES MUERTES3
Era en otoño. Por la gran carretera rodaban atrote largo dos carruajes. En el primero viajaban dosmujeres. Una era el ama: pálida, enferma. La otra, sucriada: gorda y de sanos colores. Con la manorolliza enfundada en un guante agujereado tratabade arreglar los cabellos cortos y lacios que salíandebajo de su sombrero desteñido; su pecho erguido,envuelto en una manteleta, respiraba salud; sus vivaces ojos negros contemplaban unas veces, através de los vidrios, los campos en fuga, y otrasmiraban a la dama tímidamente o se volvían coninquietud hacia el fondo del coche. El sombrero dela dama se balanceaba, colgado de un costado delcoche, frente a la sirvienta, que llevaba un perritofaldero en su regazo. Los pies de ésta descansabansobre varios estuches esparcidos en el fondo del vehículo, y chocaban a cada sacudida, a compás con
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