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Lateinamerika Analysen 3, Oktober 2002, S. 67-92. Hamburg: IIK 
 
 
 
Daniel Chasquetti
Democracia, Multipartidismo yCoaliciones en América LatinaEvaluando la Difícil Combinación
 Abstract
La literatura especializada en el estudio de las institucio-nes acepta con frecuencia la idea de que la eficiencia delpresidencialismo está asociada a los sistemas bipartidis-tas y los gobiernos partidarios con mayorías legislativas.Desde los noventa, numerosos países de América Lati-na presentan lo que Mainwaring denomina “difícilcombinación” de presidencialismo y multipartidismo, locual supondría una estructura de riesgo para la estabili-dad democrática. Sin embargo, en muchos países estepotencial problema fue superado mediante la formaciónde coaliciones presidenciales de gobierno. El presenteartículo estudia los presidencialismos multipartidistasdel continente y arriba a la conclusión de que la demo-cracia presidencial puede presentar problemas sólocuando combina sistemas multipartidistas con gobier-nos sin coaliciones mayoritarias.
Schlüsselbegriffe: presidencialismo, coalición, sistema de partidos
Daniel Chasquetti
Investigador del Instituto de Ciencia Política de la Univer-sidad de la República. Profesor Adjunto de la Licenciaturay Maestría de Ciencia Política de la Universidad de la Re-pública.E-mail: chasquet@cpolit.edu.uy
 
 
 
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1. Introducción
En las últimas dos décadas, el estudio comparativo de las institucionesprocuró definir cuáles son las mejores formas de gobierno para la de-mocracia. La conocida tesis de Juan J. Linz (1990) sobre las ventajasdel parlamentarismo y los defectos del presidencialismo, marcó el ini-cio de un debate acerca de la relación e influencia de los diseños insti-tucionales sobre los procesos democráticos. La crítica de Linz hacia elpresidencialismo se concentraba en cuatro elementos: i) la doble legi-timidad de los poderes de gobierno, originada por la elección inde-pendiente del presidente y del congreso; ii) la rigidez de los mandatos,dado que los mismos presentan una duración preestablecida; iii) el esti-lo plebiscitario que puede asumir la elección del presidente; y iv) elmayoritarismo o lógica de “suma cero” derivado de la contienda elec-toral por la presidencia. Estos argumentos fueron asumidos por unimportante número de académicos que, desde distintas perspectivas,intentaron verificar su validez a través del desarrollo de estudios decasos de distintos países de América Latina. Sin embargo, Shugart y Carey 
 
(1992: 43-54) se encargaron de reformular el razonamiento deLinz, al transformar sus críticas en ostensibles virtudes del sistemapresidencial. La rigidez de los mandatos era observada por estos auto-res como un atributo de previsibilidad del régimen de gobierno; la tancriticada elección presidencial era considerada un elemento de transpa-rencia del sistema; y la doble legitimidad de los mandatos volvía a serconsiderada, tal como lo indica la teoría del gobierno presidencial, co-mo un instituto que favorece la “rendición de cuentas” y los “contro-les” entre los gobernantes.El punto de inflexión que representó la obra de Shugart y Carey provocó un giro en el debate teórico y una moderación en la normativi-dad del estudio de las instituciones. Una nueva oleada de estudios com-parativos centró su atención en otras variables, como los sistemas elec-torales, los sistemas de partidos, la polarización ideológica, la disciplinapartidaria y la magnitud de los contingentes legislativos de los presiden-tes (Mainwaring 1993; Mainwaring/Scully 1997; Mainwaring/Shugart1997; Jones 1997, entre otros). La ampliación del objeto de estudio y laformulación de nuevos métodos de análisis demostraron que la discu-sión sobre los diseños institucionales exigía abordajes mucho más finosy complejos que los propuestos por Linz a fines de los años 80.Entre estos trabajos, se destacó el artículo de Scott Mainwaring (1993) que señalaba las consecuencias negativas que para la democra-cia tenía la combinación del presidencialismo y el multipartidismo. La
 
 
 
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hipótesis de Mainwaring sostenía que las democracias presidencialescon altos niveles de fragmentación y polarización ideológica eran másproclives a la inestabilidad que aquellas democracias con sistemas bi-partidistas. En cierta forma, la “difícil combinación” favorecía la elec-ción de presidentes minoritarios, al tiempo que fomentaba la emergen-cia de un estilo político contrario a la cooperación entre los sujetospartidarios. Desde su óptica, los presidentes electos mostraban gran-des dificultades para formar y mantener coaliciones de gobierno, puesen el legislativo los partidos carecían de incentivos para cooperar conel presidente, se comportaban en forma indisciplinada y en los casosen que formaban coaliciones, estaban sujetos a poderosos estímulospara abandonar el gobierno antes de finalizar los mandatos. Ya sea porsu lógica de razonamiento como por el adecuado sustento empíricoque la respaldaba, la hipótesis de Mainwaring se transformó desde en-tonces en un presupuesto básico para el análisis de los regímenes pre-sidenciales (Sartori 1994; Linz 1994; Nohlen/Fernández 1998). Enmedio de una academia dividida en “presidencialistas” y “parlamentaristas”, Mainwaring consiguió atraer la atención de lascríticas anti-presidencialistas hacia un tipo específico de estructurapresidencial, esto es, la democracia multipartidista.Mientras estos estudios se sucedían, algunos países latinoamerica-nos mostraban una lenta pero sostenida tendencia al aumento de lafragmentación de sus sistemas de partidos. Países que en los 70 y 80contaban con formatos bipartidistas, evolucionan en los 90 hacia elmultipartidismo moderado (Uruguay, Argentina o Venezuela); paísesque en los años 80 habían logrado disminuir su fragmentación, en los90 volvían a aumentarla (Brasil, Ecuador, Perú o Bolivia). Sólo unospocos mantenían la combinación “correcta” de presidencialismo conbipartidismo (Costa Rica o Colombia). Esta situación transformaba alpresidencialismo multipartidista en la combinación político-institu-cional más común del continente y hacía presagiar un futuro inciertopara las nóveles democracias del continente.Si bien el panorama político institucional del continente hacíaprever graves problemas de estabilidad, un importante número de paí-ses de América Latina mostró durante las últimas dos décadas desem-peños significativos. En el Cono Sur, por ejemplo, la difícil combina-ción de presidencialismo y multipartidismo no pareció afectar el pro-ceso de transición y consolidación democrática. La mayoría de estospaíses sortearon la fase de reinstitucionalización democrática y logra-ron superar los complicados procesos de reformas estructurales. Enmateria de ejercicio de gobierno se observa que varios presidentes de
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