Democracia, multipartidismo y coaliciones 69
hipótesis de Mainwaring sostenía que las democracias presidencialescon altos niveles de fragmentación y polarización ideológica eran másproclives a la inestabilidad que aquellas democracias con sistemas bi-partidistas. En cierta forma, la “difícil combinación” favorecía la elec-ción de presidentes minoritarios, al tiempo que fomentaba la emergen-cia de un estilo político contrario a la cooperación entre los sujetospartidarios. Desde su óptica, los presidentes electos mostraban gran-des dificultades para formar y mantener coaliciones de gobierno, puesen el legislativo los partidos carecían de incentivos para cooperar conel presidente, se comportaban en forma indisciplinada y en los casosen que formaban coaliciones, estaban sujetos a poderosos estímulospara abandonar el gobierno antes de finalizar los mandatos. Ya sea porsu lógica de razonamiento como por el adecuado sustento empíricoque la respaldaba, la hipótesis de Mainwaring se transformó desde en-tonces en un presupuesto básico para el análisis de los regímenes pre-sidenciales (Sartori 1994; Linz 1994; Nohlen/Fernández 1998). Enmedio de una academia dividida en “presidencialistas” y “parlamentaristas”, Mainwaring consiguió atraer la atención de lascríticas anti-presidencialistas hacia un tipo específico de estructurapresidencial, esto es, la democracia multipartidista.Mientras estos estudios se sucedían, algunos países latinoamerica-nos mostraban una lenta pero sostenida tendencia al aumento de lafragmentación de sus sistemas de partidos. Países que en los 70 y 80contaban con formatos bipartidistas, evolucionan en los 90 hacia elmultipartidismo moderado (Uruguay, Argentina o Venezuela); paísesque en los años 80 habían logrado disminuir su fragmentación, en los90 volvían a aumentarla (Brasil, Ecuador, Perú o Bolivia). Sólo unospocos mantenían la combinación “correcta” de presidencialismo conbipartidismo (Costa Rica o Colombia). Esta situación transformaba alpresidencialismo multipartidista en la combinación político-institu-cional más común del continente y hacía presagiar un futuro inciertopara las nóveles democracias del continente.Si bien el panorama político institucional del continente hacíaprever graves problemas de estabilidad, un importante número de paí-ses de América Latina mostró durante las últimas dos décadas desem-peños significativos. En el Cono Sur, por ejemplo, la difícil combina-ción de presidencialismo y multipartidismo no pareció afectar el pro-ceso de transición y consolidación democrática. La mayoría de estospaíses sortearon la fase de reinstitucionalización democrática y logra-ron superar los complicados procesos de reformas estructurales. Enmateria de ejercicio de gobierno se observa que varios presidentes de
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