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 La excelencia del Amor
 J. Enrique Cáceres-Arrieta
“Si no tengo amor, no soy nada; si no lo hago
 
con amor, de nada me vale”.
 -San Pablo-
 
Capítulo I
El amor y su definición
 
Si hay una palabra que los humanos hemos distorsionado, malinterpretado,abusado y tergiversado, es el término amor. A lo largo de muchísimos añoshemos creído que placer genital, coito, orgasmo, sexo, pasión, obsesión, deseoo querer son sinónimos de amor. El vocablo amor o amar ha sido usadoindiscriminadamente en relaciones sentimentales, poesías, canciones, novelas,telenovelas y películas. Pero, ¿cuánto de eso es amor? A mi juicio, amor es lomás ausente en relaciones sentimentales, canciones, poesías, novelas ypelículas. Lo que impera es la glorificación del goce genital. Hemos creadonicho y dado culto al acto sexual, mas la sana vida sexual ha sido dejada delado.Una cosa es el acto sexual y otra muy distinta es la vida sexual. El primerotambién lo practican los animales y para ellos es tan vital como comer yrespirar; la vida sexual, en cambio, es exclusiva bendición del ser humano ydelicioso fruto del aprendizaje y el arte de quien ejecuta un instrumentomusical magistralmente. No se trata de tocar por tocar, sino de hacer lo mejorque las limitaciones humanas lo permitan;
casi
a la perfección. Como losángeles, decimos hoy. Como los dioses, decían en la antigua y politeístaGrecia. (Si Darwin hubiese sabido el daño que haría a la humanidad con sucreencia de que todo ser vivo viene de unas pocas formas sencillas yprimitivas que surgieron por evolución a partir de la misma materia inerte; yque los humanos no somos más que animales evolucionados, no habríaincursionado en la hipotética evolución. Pues si solo somos animalestransformados o evolucionados, el amor, la sexualidad, el sexo y la vidamisma son exclusivamente para obtener placer; placer egoísta. De ese placerhablan mucho autodenominados científicos y entendidos de la sexualidad
 
humana. Lo irónico y trágico es que entre más placer hedonista obtenemosmenos placer genuino alcanzamos, pues él es evasivo al egoísmo)Una sana vida sexual contribuye, además, al crecimiento y madurez en elbello arte de amar. El acto sexual dentro de los cánones de una relaciónmatrimonial hombre mujer suele ser bueno; lo enfermo y dañino es reducir elplacer al simple acto coital y realizarlo fuera de los viejos pero sabios patronesmorales. También es perverso si en el compromiso matrimonial vivimosobsesionados por el sexo. En ello consiste la crueldad del acto sin amor, y estárepresentado en pornografía, prostitución, orgías, bacanales, intercambio depareja, violaciones, bestialismo, pedofilia, incesto... En realidad, no entiendocómo puede alguien justificar la liberalidad sexual sin tener en cuenta elextremado daño que el sexo desenfocado ha hecho y hace a la raza humana.¿Será posible lograr la excelencia en el amor? Creo que sí. Más adelanteveremos que no es fácil, mas sí es posible. En efecto, existen parejas felices enrelaciones de genuino amor. No serán la mayoría, pero las hay.En términos estrictamente humanos, el primer peldaño a subir en direccióna la consecución del verdadero amor es el autoconocimiento. Alcanzamos laexcelencia en el difícil arte del amor si nos autodescubrimos, aprendemos avalorarnos, nos aceptamos, respetamos y tenemos el concepto correcto denosotros mismos; y, asimismo, si controlamos sueños narcisistas de dominiosobre las otras personas.Toca escoger a la persona correcta. Y, si nos equivocamos en la búsqueda,tener la suficiente inteligencia emocional para salir de esa relación sinhacernos daño nosotros ni dañar a la otra persona. A veces uno se da cuenta deque está en un atolladero y que la relación no va para ningún lado, peroprogramaciones adictivas nos dificultan terminar con dicha relación. Mi
abuela en lenguaje folclórico asegura que ―para estar colgando, mejor es estar en el piso‖. Si vivimos en peleas y cotidianas desavenencias, mejor es poner 
punto final a la relación. Más vale cortar por lo sano y a tiempo. O, si se prestapara ello, darse un tiempo y pensar mejor las cosas. El silencio y la soledadsuelen ser buenos consejeros. En la quietud de las emociones y sentimientoshabla de manera diáfana la voz de la conciencia anímica, y el corazón esmejor oyente.Pues bien, sin autoconocimiento y sin ascender por los peldaños de laescalera de la sana autoestima es imposible amarnos a nosotros mismos yamar a los demás. El gran obstáculo estriba en que la mayoría no se conoce así mismo ni se ama, valora, acepta ni respeta lo suficiente. (Otros, pordesgracia, no se aman ni un poquito y son suicidas en potencia) Si no hayautoconocimiento, no puedo amarme a mí mismo. No es posible amar lo
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