humana. Lo irónico y trágico es que entre más placer hedonista obtenemosmenos placer genuino alcanzamos, pues él es evasivo al egoísmo)Una sana vida sexual contribuye, además, al crecimiento y madurez en elbello arte de amar. El acto sexual dentro de los cánones de una relaciónmatrimonial hombre mujer suele ser bueno; lo enfermo y dañino es reducir elplacer al simple acto coital y realizarlo fuera de los viejos pero sabios patronesmorales. También es perverso si en el compromiso matrimonial vivimosobsesionados por el sexo. En ello consiste la crueldad del acto sin amor, y estárepresentado en pornografía, prostitución, orgías, bacanales, intercambio depareja, violaciones, bestialismo, pedofilia, incesto... En realidad, no entiendocómo puede alguien justificar la liberalidad sexual sin tener en cuenta elextremado daño que el sexo desenfocado ha hecho y hace a la raza humana.¿Será posible lograr la excelencia en el amor? Creo que sí. Más adelanteveremos que no es fácil, mas sí es posible. En efecto, existen parejas felices enrelaciones de genuino amor. No serán la mayoría, pero las hay.En términos estrictamente humanos, el primer peldaño a subir en direccióna la consecución del verdadero amor es el autoconocimiento. Alcanzamos laexcelencia en el difícil arte del amor si nos autodescubrimos, aprendemos avalorarnos, nos aceptamos, respetamos y tenemos el concepto correcto denosotros mismos; y, asimismo, si controlamos sueños narcisistas de dominiosobre las otras personas.Toca escoger a la persona correcta. Y, si nos equivocamos en la búsqueda,tener la suficiente inteligencia emocional para salir de esa relación sinhacernos daño nosotros ni dañar a la otra persona. A veces uno se da cuenta deque está en un atolladero y que la relación no va para ningún lado, peroprogramaciones adictivas nos dificultan terminar con dicha relación. Mi
abuela en lenguaje folclórico asegura que ―para estar colgando, mejor es estar en el piso‖. Si vivimos en peleas y cotidianas desavenencias, mejor es poner
punto final a la relación. Más vale cortar por lo sano y a tiempo. O, si se prestapara ello, darse un tiempo y pensar mejor las cosas. El silencio y la soledadsuelen ser buenos consejeros. En la quietud de las emociones y sentimientoshabla de manera diáfana la voz de la conciencia anímica, y el corazón esmejor oyente.Pues bien, sin autoconocimiento y sin ascender por los peldaños de laescalera de la sana autoestima es imposible amarnos a nosotros mismos yamar a los demás. El gran obstáculo estriba en que la mayoría no se conoce así mismo ni se ama, valora, acepta ni respeta lo suficiente. (Otros, pordesgracia, no se aman ni un poquito y son suicidas en potencia) Si no hayautoconocimiento, no puedo amarme a mí mismo. No es posible amar lo
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