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“Del
ethos
y de la palabra persuasiva en tres ficciones de Onetti:
El astillero, El pozo y Los adioses
Álvaro Bautista C. ,
Cali, 26 de octubre de 2009.Es un lugar común hablar de la ficción en la obra de Onetti. Y no hay duda,Borges y Onetti, no obstante las diferencias de estos dos autores (ante lainstitución literaria el uno actúa como uno de sus patriarcas, el uruguayo comoun exiliado y periférico), son los responsables, en los años cuarenta, de laconciencia de escribir ficciones. Borges, por supuesto, con
Ficciones
del 1941 yOnetti, sobre todo con
El Pozo
de 1939 y
La vida breve
de 1949. Hay en los dosun claro mensaje de encontrar para la literatura un término que les permitahacer más específica su labor. Lo que está en consonancia con la propuesta, poresos mismos años, de Alfonso Reyes en 1944, relativa a que hay que sanear elconcepto de “ficción”:
“El inconveniente del término “ficción” está en sugerir la mentira práctica (V, 6). Hay quesanearlo previamente. Por lo mismo que su sobriedad permite rectificarlo y asirlo, nospareció preferible a otros términos de mayor hechizo, como “fantasía” o “imaginación”,cuya superabundancia psicológica y constantes contaminaciones de uso corriente hacenque escapen a la rienda como potros bravíos. Pues aunque la psicología logra recortarpara ellos un coto de significaciones cnicas, no estamos seguros de que éstascorrespondan cabalmente al sentido de nuestra “ficción”. Entre aquellas y ésta va unadiferencia de causa a efecto. La psicología, desde luego, visita las surgentes anímicas. Noes lo nuestro: a nuestro plan importa mantenernos en las presencias fenomenales, en losproductos”
1
.
Se trataba de encontrar una palabra que diera cuenta de la actividadliteraria y de su producto, sepandose del psicologismo. Decir que hacerliteratura es fantasear en voz alta, o redactar nuestras imaginaciones, condujo ala ecuación literatura=fantasía o literatura=imaginación. Es verdad que se decíacon atenuantes, una novela es una fantasía controlada. Pero se perdía la parteverbal, ese tejido de una escritura que es como una escritura para fantasear ypara imaginar. La tarea de Reyes era buscar un término que evocara estepsicologismo sin ser psicologista; una especie de definición de la literatura quenos enviara a la literatura misma, como lo había logrado en el pasadoAristóteles, con un concepto que tiene un éxito hasta Ricoeur y Schaeffer:
mimesis
.Desde hace unos quince años, Mario Vargas Llosa recurre con fortuna altérmino ficción como una forma más específica, como una jerga más literaria dehablar de la literatura. Vargas Llosa inició el uso de este término “ficción”, F, con
La verdad de las mentiras
2
, que intentó definirlo en una época en que, en ciertaforma, F estaba a la deriva; Vargas Llosa continuó su uso con un libro hechopara recordar y celebrar a Juan Carlos Onetti:
El viaje de la ficción. El mundo de Juan Carlos Onetti
de 2008
3
.
1
Alfonso Reyes,
El deslinde
, México, Fondo de cultura económica, 1983, p.185.
2
Mario Vargas Llosa,
La verdad de la mentira
, Barcelona, Seis Barral, 1993.
3
Mario Vargas Llosa,
El viaje de la ficción. El mundo de Juan Carlos Onetti
, Buenos Aires.Alfaguara. 2009.
1
 
Este trabajo es divertido, divulgativo, explicativo como cuando VargasLlosa aborda la obra de García Márquez en
Historia de un deicidio
4
, la deFlaubert en
La orgía perpetua
5
, la de Arguedas en
La utopía arcaica
–un libro queno comprende al autor de
Los ríos profundos
-, la de Víctor Hugo en
La tentaciónde lo imposible
6
; sin embargo el estudio de Vargas Llosa sobre Onetti adolece, ami modo de ver, de una congelación de la equivalencia entre los conceptos deficción y de fantasía (e imaginación), con lo que retorna, lamentablemente, a losaños treinta. Esta confusión se da no obstante (y quizá a causa de ésta) en lasdivertidas páginas introductorias, donde Vargas Llosa ensaya presentar lasrelaciones entre el protohombre y la necesidad antropológica de la ficción, lacual llena para Vargas Llosa las carencias que nos quedan en la vida cotidiana.Quizá ayuda aquí la concepción de la ficción del texto
Pour quoi la fiction?
, de Jean-Marie Schaeffer
7
. Por supuesto no es tiempo de resumir esta concepciónantropológica de la ficción. La ficción para Schaeffer hace parte –traduzco- de los“fingimientos lúdicos compartidos”, cuestión que bien vio Hiuzinga en su
Homoludens
. Por su lado, para Vargas Llosa la ficción es un mecanismo con el cual elhombre se inventa la vida que no vive, se crea situaciones y personajes que nopueden ser en la realidad de la vida corriente. Y claro, como un personaje deOnetti, Brausen, en
La vida breve
se inventa Santa María, Vargas Llosa no dudaen encontrar a la ficción como un modo de llenar ese vacío. Sólo que Onetti,adelantado, no sólo nos llena ese vacío con ficción. En principio, esta breveconstatación no encuentra a mi modo de ver ninguna oposición. Sin embargo lapropuesta de Vargas Llosa es insuficiente. Por ejemplo, no se pregunta por elhecho de que una ficción represente la ficción misma; simplifica la recepción dela ficcn a una especie de actividad tica que resucitan los autorescontemponeos de novelas; elude, aparte de recontar las anécdotas, lascaracterísticas que Onetti asigna a dichas ficciones o a los personajes queconstruyen ficciones. Mostrar las características de la ficción onettiana nosconduce a caminos esclarecedores.Ahora bien, si la vida cotidiana de uno esrepleta de fracasos ymediocridad, Onetti no sería el autor más recomendable para leer. No sé quésiente ese viejo y genial autor peruano, hijo del barrio Miraflores de Lima, perocuando leí, hace ya muchos os,
El astillero
(primero) y
 Juntacadáveres
(después), no de recorrido, de una forma intermitente, fascinado por el destinode Larsen, el lenguaje del desasosiego, subrayando las frases llenas de derrota ydeterioro de
El astillero
, temí que la miseria de mi alma fuese alimentada por ladecadencia de todo lo que se propone Larsen –y hasta hoy es bien posible que elpesimismo de esta novela haya carcomido un tanto el resto de esperanza quehabitaba en mi juventud. He entendido perfectamente al jurado que en 1965 nole concedió el premio Rómulo Gallegos a
 Juantacadáveres
y sí a
La casa verde
de Vargas Llosa. Pónganse ustedes en el lugar de tener que recomendar unanovela plagada de miseria, irrisión y hundimiento: uno de los s belloshomenajes al fracaso, a la pérdida de fe aceptada con desparpajo, sin permitiremoción distinta a la desintegración de las ilusiones; basta esto, digo, paracomprender porque era mejor premiar a un joven que presentó una gran novelallena de las copiosas violencias que vive Latinoamérica en sus selvasdevastadoras y de las innovaciones cnicas para el goce de la tribu
4
 
García Márquez: Historia de un deicidio
, Barcelona, Barral editores, 1971.
5
 
La orgía perpetua
, Barcelona, Bruguera, 1989.
6
 
La tentación de lo imposible
, Colombia, Alfaguara, 2005.
7
Jean-Marie Schaeffer,
Pour quoi la fiction?
, Paris, Seuil, 1999.
2
 
universitaria. En cambio, la ficción de Onetti no está hecha para compensar lasfrustraciones del lector que requiere un tanto de irrealidad y fantasía salvadora;está hecha para aplastar la idealidad y el entusiasmo del lector, está hecha paraarrojarlo al rincón de sus desesperanza, si es que tiene esperanza
8
.Resumiendo abruptamente, distingue Schaeffer dos tipos de inmersión enlas ficciones, de los cuales una es la identificación y la otra es la de colocarnosen un punto de vista determinado
9
. A veces las ficciones nos invitan a seguir losderroteros de un destino que acompañamos fervientes en sus nacimientos,aventuras, fracasos, triunfos fofos y derrotas finales; a veces la ficción nosdescribe –y la masa verbal deber ser rica y prolija- un mundo y unos personajespara, dentro de un
voyerismo
impecable, ver, en el caso de Larsen, su fracaso.Efectivamente, la prosa de
El astillero
es una exposición del pensamientopesimista: de la misma manera que el narrador de
Los adioses
ve muerto al“tipo” que es el personaje central, desde cuando llega al pueblo-sanatorio de lasierra, el lector somete su optimismo a la pulmonía final de Larsen.
El astillero
esla alegoría no sólo del deterioro de América latina
, del deterioro en general queatraviesa la vida: una oda al fracaso, al modelo del fracasado
. Afirma Onetti:
El astillero
para mí es deprimente. Es como salir con ropas mojadas un día queha llovido”
. Larsen fracasa en todo, no sólo porque no obtiene nada, porque loque obtiene no le ayuda a encontrar vida, contenido, esperanza. Cuando llega aSanta María a dirigir el Astillero en ruinas de Petrus, ya ha sido expulsado delreino de Brausen, ya ha fracasado con su prostíbulo, cinco años antes, que noscuenta la novela
 Juntacadáveres
. El primer párrafo de
El astillero
expresa dealguna manera una supuesta esperanza:
“Hace cinco años, cuando el Gobernador decidió expulsar a Larsen (o
 Juntacadáveres)
dela provincia, alguien profetizó, en broma e improvisando, su retorno, la prolongación delreinado de cien días, página discutida y apasionante —aunque ya casi olvidada— denuestra historia ciudadana. Pocos lo oyeron y es seguro que el mismo Larsen, enfermoentonces por la derrota, escoltado por la policía, olvidó en seguida la frase, renunció atoda esperanza que se vinculara con su regreso a nosotros.
8
Incluso algunos cuentos se oponen a la tesis de Vargas Llosa: en
Un sueño realizado
, larealización de la ficción/fantasía resulta mortal; en
El infierno tan temido
, el sueño está repletode todos los temores de Montes y se convierte en una ficción/pesadilla; en
Esbjerg, en la costa
,es más el castigo a la imposibilidad de la ficción del robo para pagar el viaje de Esbjerg aDinamarca, lo que se cuenta con la sevicia del narrador. Por otra parte, la literatura onettianaestá hecha también para escenificar el sentimiento de la tristeza; los cuentos de Onetti tienen el“aire de familia” de una copiosa antología del cuento triste. Efectivamente, la
 Antología delcuento triste
de Monterroso y Jacobs incluye
El sueño realizado
: “los peores [cuentos tristes] sonesos en que no pasa nada [...] Sólo la tristeza absoluta de la vida.
Un sueño realizado
, deOnetti”,
 Antología del cuento triste
, Augusto Monterroso y Bárbara Jacobs (compiladores),España, Alfaguara, 1993.
9
 Jean-Marie Schaeffer,
Pour quoi la fiction?
, op. cit., pp. 186-187.
10
Es excelente el comentario de Vargas Llosa en el aparte “Onetti, la decadencia uruguaya yAmérica latina”, en
El viaje de la ficción. El mundo de Juan Carlos Onetti
, op. cit., pp. 153-167.Ver igualmente Ángel Rama, “Juan Carlos Onetti. Origen de un novelista y de una generaciónliteraria”, en
Crítica literaria y utopía en América Latina
, selección y prólogo Carlos SánchezLozano, Medellín, Universidad de Antioquia, 2006, pp.344-395.
11
“Toda la máquina narrativa de
El astillero
está movilizada por un
fatum
irremisiblementeadverso. Lo paradójico es que desde el comienzo del relato se anuncia un desenlace trágico quese revela como ineluctable y que el desarrollo confirmara”, Saúl Yurkievich, “En el hueco vorazde Onetti”, en
Del arte verbal
, Barcelona, Galaxia Gutenberg, Círculo de lectores, pp. 259-276.
12
Alfredo Barnechea, “Entrevista a Juan Carlos Onetti”,
Peregrinos de la lengua. Confesiones delos grandes autores latinoamericanos
, Madrid, Alfaguara, 1997, p. 208.
3
of 00

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