Miriam.
Yamilca Rosa nació en Songo La Maya, Oriente, en un bohío de guanodesecho detrás de la casa de sus abuelos, hija de una dependienta decafetería y un camionero, de la madre, heredo un vestido corte setenta, laboca grande, el pelo tieso, una anatomía de mulata de Tropicana y unos ojosque siempre parecían ir mas allá, aunque lo estuvieran mirando a uno, delpadre, apenas el apellido y la facultad de no estarse quieta en ningún lugar por mucho tiempo.Y así fue que tan pronto creció lo suficiente tiro pa´l monte y un día a losquince, en medio de la fiesta maltrecha mezcla de guateque y sarao en quelos muchachos de camisas floridas le hacían la corte sin saber que desde lostrece ya era mujer le dijo a su madre que se iba, que aquel pueblo en la faldade una loma no era para ella y que no le importaba lo que pensara, quería irsepara la Habana a buscar mejor vida, la madre la miro desde la altura de sumetro sesenta y no le entendió una palabra absorta como estaba vacilando aun negro recio que le sacaba chispas con los ojos y le ofrecía un vaso mediolleno de aquello que los mas decentes llamaban ron. Yamilca Rosa cogió unamaleta rusa de cuero desteñido, la lleno con cuatro cosas que eran en verdadsuyas y salió a la calle dispuesta a no volver nunca mas a aquella casa, laabuela la vio salir y no dijo nada, el viejo, desde su senectud estaba muy idopara opinar y el padre tampoco dijo nada por la sencilla razón de que haciadiez años que se había ido detrás de una negrita en los carnavales deSantiago y desde entonces no había vuelto.Lo primero que hizo al subirse en aquel camión lleno de gente fue jurar que jamás volvería, cien kilómetros mas allá, conoció a un guajiro que le ofreciósin vergüenza una cama para pasar la noche, un plato de comida y unacubeta de agua fría para que se bañara, ella sabiendo que la cama era lamisma, acepto el plato y el agua, también una blusa de mangas cortas con3
Leave a Comment