La aparición de Gonçalves Dias llamó la atención de las musasbrasileñas hacia la historia y las costumbres indígenas.
OsTimbiras
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I-Juca-Pirama
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Tabira
(8) y otros poemas del egregiopoeta encendieron las imaginaciones; la vida de las tribus,vencidas hace mucho por la civilización, fue estudiada en lasmemorias que nos dejaron los cronistas, e interrogadas por lospoetas, extrayendo todos alguna cosa, ya un idilio, ya un cantoépico.Hubo después una especie de reacción. Comenzó a prevalecer laopinión de que toda la poesía no residía en las costumbressemibárbaras anteriores a nuestra civilización, lo que era verdad;y no tardó el concepto de que nada tenía que ver la poesía con laexistencia de la raza extinta, tan diferente de la raza triunfante, loque parece un error.Es cierto que la civilización brasileña no está ligada al elementoindígena, ni que de él recibió influjo alguno; y esto basta para no ir a buscar entre las tribus vencidas los títulos de nuestrapersonalidad literaria. Pero si eso es verdad, no es menos ciertoque todo es materia de poesía, una vez que traiga las condicionesde lo bello o los elementos de que se compone. Aquellos que,como el Sr. Varnhagen (9), niegan todo a los primeros pueblos deeste país, esos pueden lógicamente excluirlos de la poesíacontemporánea. Me parece, no obstante, que, luego de lasmemorias que a este respeto escribieron los Srs. Magalhães yGonçalves Dias, no es lícito hacer a un lado el elemento indígenade nuestra actividad intelectual. Error sería constituirlo enexclusivo patrimonio de la literatura brasileña; igual error seríaciertamente su absoluta exclusión. Las tribus indígenas, cuyosusos y costumbres João Francisco Lisboa (10) cotejaba con ellibro de Tácito y los econtraba tan semejantes a los de losantiguos germanos, desaparecieron, es verdad, de la región quepor tanto tiempo fuera suya; pero la raza dominadora que lasfrecuentó recogió informaciones preciosas y nos las transmitiócomo verdaderos elementos poéticos. La piedad, a falta de otros
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