municipal por el supuesto acto dañoso, debió necesariamente analizarse yestablecerse el ejercicio abusivo que los actores hicieron de su derecho a trabajar, justificativo de la puesta en marcha del poder de policía municipal por lademandada.Teniendo ello en cuenta, es que el tribunal, luego de efectuar una extensaconsideración acerca del derecho ambiental, fundado en frondosa y reconocidadoctrina, así como en fallos de esta Corte ("Sancho", en AyS 1990-II-180 y"Almada v. Copetro"Ver Textodel 19/5/1998, en las que tuviera oportunidad deemitir mi voto de adhesión); y de la Corte Suprema Nacional ("Cía. Swift de LaPlata v. Estado Nacional"Ver Texto[2], n. 531), analizó detallada yexhaustivamente (ver fs. 398/400) la prueba producida, concluyendo en la falta deasidero legal del reclamo indemnizatorio (fs. 401).Sobre el análisis de esta prueba, que condujo a determinar la habilidad de lamedida municipal, motivada en el perjuicio ocasionado por la actividad de losactores, nada se dice en el recurso. Es más, se afirma que la ordenanza esinconstitucional pero que ello no constituye reclamo en autos. Erróneaargumentación.Si la ordenanza causó un gravamen por atentar contra derechos constitucionalesadquiridos, así debió reclamarse o, por lo menos, demostrar la irrazonabilidad dela medida, lo que no advierto ocurrido.Es por ello, también, que he de desestimar la afirmación referida a que fue laordenanza municipal la que tornó en ilícita la actividad hasta entonces lícita, todavez que los aquí recurrentes iniciaron su actividad de feed lot sin contar con unaautorización previa para su instalación (ver fs. 72 vta., razón por la cual se lesdenegó la vía contencioso administrativa), sin que la alegada ausencia de unareglamentación específica -atento lo novedoso del emprendimiento- coadyuve, porsí sola, a la licitud de la actividad, máxime si de su ejercicio surge claro elincumplimiento del deber básico y elemental de no dañar a otro. Es más, auncuando se hallare reglamentada, no podría nunca admitirse un ejercicio irregularque la convirtiera en ilícita.Va de suyo, entonces, que deviene inatendible la pretendida afirmación de latransformación de la actividad de lícita a ilícita, ordenanza mediante, toda vez que,en el caso, dicha ilicitud no depende de la citada medida sino del ejercicio irregularde la actividad.Si la actividad emprendida provoca daños a terceros debe cesar, aun cuando noencontrara obstáculo legislativo o no estuviere reglamentada, y no puede seramparada por la ley (art. 502Ver TextoCCiv.) pues ésta protege el ejercicioregular de los derechos (art. 1071Ver Textoy 2315Ver TextoCCiv.).
En autos no se ha acreditado -como ya lo expresara- la irrazonabilidad ni la ilicitudde la medida adoptada por el municipio; ni tampoco el ejercicio abusivo de supoder de policía, plenamente justificado frente al hecho dañoso contra el medio y -por ende- contra la comunidad.La Constitución Nacional, en su art. 41Ver Textoconfiere a las autoridades laprotección del derecho a un ambiente sano, equilibrado, apto para el desarrollohumano y para que las actividades productivas satisfagan las necesidadespresentes sin comprometer las de las generaciones futuras; y tienen el deber depreservarlo.
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