precisamente el intervalo del tiempo dentro del cual se contienen las fechas dramáticas de la novela
Tiempo de silencio
de Luis Martín-Santos (fechas dramáticas que se sitúan en torno al año 1949); yno sólo esto, sino (un complemento que me parece imprescindible) en tanto que las fechasdramáticas del relato de referencia se presupongan, en este caso al menos, en continuidad «epocal»con las fechas en las cuales el propio autor escribió y publicó (aunque no fuera en su íntegratotalidad) su obra, fechas que pueden situarse entre los años 1959 y 1962{2}. Unas fechas, por lodemás, que están tan próximas a las de estas
Jornadas,
que sería posible decir que todas ellas sonfechas de un mismo «Presente». Un «Presente», en cuanto se nos delimita en una escala históricaque no puede reducirse, no ya al
instante
psicológico, al
nunc
que fluye sin cesar en la concienciasubjetiva, pero ni siquiera al intervalo de una biografía; el «presente», a escala histórica, implica, sinduda, múltiples biografías, susceptibles de ordenarse por «generaciones», que, hasta un número deseis o siete, permanecerán «imbricadas como las tejas de un tejado», al decir de F. Mentré. Y larazón por la cual puede decirse que este presente constituye una unidad objetiva distinguible, almenos conceptualmente, de lo que llamamos «Pasado» y «Futuro», en sentido histórico, sería esta:que el «Presente» engloba al conjunto de individuos o grupos de individuos (por ejemplo,generaciones) susceptible de mantener relaciones de influencia recíproca; lo que significa que el«diámetro» del círculo de ese presente, centrado siempre en torno a alguna generación dada, podráestimarse en un siglo. El «Pasado», en cambio, englobará a todos aquellos individuos o grupos queinfluyen sobre nosotros sin que nosotros podamos influir, ni hayamos podido influir sobre ellos; y el«Futuro» histórico podría redefinirse como el conjunto de los individuos (o grupos) sobre los cualesnosotros influimos sin que ellos puedan influir ya sobre nosotros. Cabría afirmar, según esto, queMartín-Santos pertenece a nuestro presente, porque, aunque haya muerto hace poco más de treintaaños, todavía están vivos quienes influyeron, más o menos, en él (a la vez que recibieron también lainfluencia suya), muchos de los cuales están activos en estas
Jornadas.
Ahora bien, el reconocimiento de la realidad de un presente histórico, al que pertenecemos nosotros,desde luego, pero también Martín-Santos, no implica, en principio –aunque tampoco implica sunegación– que nuestro presente deba considerarse todo él envuelto por la idea de un «tiempo desilencio». Lo más probable es que los participantes (al menos, la mayor parte) en estas
Jornadas,
muchos de ellos familiares, amigos, enemigos o colegas de Luis Martín-Santos, presupongan que,sin perjuicio de la copresencia que mantuvieron con él, existe una línea de separación bastanteclara, aun dentro del círculo del presente de referencia, entre el «tiempo de silencio» en el quetranscurren los sucesos dramáticos de la novela, así como la vida del autor que la escribió (perotambién períodos de la biografía de muchos o de todos los «aquí presentes», que estuvieron en lacárcel o experimentaron los efectos de la censura policiaca) y el «tiempo de libertad» (por ejemplo:libertad de prensa, libertad de opinión...) en el que, al parecer, vivimos quienes, en estas
Jornadas,
estamos rememorando precisamente aquel otro «tiempo de silencio». Una línea de separación quees muy probable que muchos identifiquen con la línea que separa la
época franquista
de la
democracia coronada
instaurada por la Constitución de 1978, y cuya expresión consolidada másplena (después del frustrado golpe del 23-F de 1981) habría culminado con la victoria en las urnas,en octubre de 1982, del Partido Socialista Obrero Español. Pero fue en este partido en el que militóLuis Martín-Santos. Por ello no parecerá impertinente, cuando nos referimos al presente en nuestrocontexto, la mención de la victoria electoral de 1982, desde el punto de vista del análisis ideológico,ni tampoco carecen de sentido las cuestiones, que algunas veces se han suscitado, sobre el lugar que, de no haber muerto prematuramente, en un accidente de automóvil, en 1964, ocuparía LuisMartín-Santos en la vida política de los últimos años del siglo.2. Lo que he pretendido hacer hasta ahora, en mi exposición, no ha sido otra cosa sino llamar laatención sobre una distinción que parece estar implícita en el planteamiento mismo del tema titular, asaber, la distinción entre el concepto clase de «un tiempo de silencio» y el «tiempo de silencio»concreto, dado en nuestro «presente», que desempeña en estas
Jornadas
la función de referenciaprincipal de aquel concepto clase. Porque el concepto clase de «tiempo de silencio» no ha sidoexplícitamente definido; más bien, y gracias al significado mínimo, por vago que sea, que tiene elpropio sintagma castellano «tiempo de silencio», se da por establecido, a fin de analizar qué puedasignificar en su ámbito, la filosofía. Pero, a la vez, sobrentendemos que ese concepto clasehabríamos de referirlo a nuestro presente, en particular, al presente en el que ocurren los episodiosdramáticos de la novela
Tiempo de silencio
de Luis Martín-Santos, y esto debido a que, desde luego,las características generales del concepto clase han de estar actuando en cada una de susreferencias o realizaciones, pero también, por tanto, recíprocamente, a que, si no todas, sí muchas
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