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Ucrania ¿Hacia La Guerra Civil y El Choque Entre Potencias¿

Ucrania ¿Hacia La Guerra Civil y El Choque Entre Potencias¿

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Published by: Jesús Sánchez Rodríguez on Apr 25, 2014
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12/06/2014

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Jesús Sánchez Rodríguez
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 25/04/2014 El 17 de marzo de 1991 se celebró en la Unión Soviética un referéndum en el que se preguntaba a los ciudadanos soviéticos sobre si querían mantener la URSS como una federación renovada de repúblicas soberanas iguales. Algunas pocas repúblicas boicotearon este referéndum, pero, en general, hubo una participación muy amplia y positiva. En el caso de Ucrania, la participación fue del 83,5% y los votos a favor del mantenimiento de la Unión Soviética del 70,2%, en la misma tónica que las demás repúblicas. El 19 agosto de 1991 se inició el fracasado golpe de Estado en la URSS por parte del sector más inmovilista del PCUS y el ejército. Bajo el efecto de esta situación se trastocó toda la situación y el parlamento ucranio, en pleno desarrollo del golpe de Estado, aprobó mayoritariamente la declaración de independencia el día 24 del mismo mes, decisión que fue ratificada en el referéndum celebrado el 1 de diciembre de 1991 por el 90% de los participantes. Todos los análisis históricos están de acuerdo en que ese intento fracasado de golpe de Estado precipitó la ruptura de la URSS, y lo que unos meses antes era una voluntad mayoritaria por conservar la Unión Soviética se convirtió en una cascada de declaraciones de independencia de las distintas repúblicas que la componían. La Ucrania independiente sufrió duramente las consecuencias económicas de la ruptura, su economía fue capturada por una camarilla de oligarcas, como también en la Federación Rusa, su vida política fue inestable, fue objeto de los intentos de las potencias occidentales por ponerla a su servicio y, lo que es importante ahora, se mantuvo un difícil equilibrio entre dos partes diferenciadas del país por su cultura e inclinaciones. En 2004, con la conocida como revolución naranja, se produjo un primer intento por situar definitivamente a Ucrania bajo la órbita occidental. Si Rusia no reaccionó hace 10 años con más energía fue porque su situación aún era de clara debilidad frente a los EEUU y la OTAN. En la era Yeltsin la política exterior rusa fue prácticamente de sumisión a la voluntad del imperialismo occidental. En la era Putin esa situación fue cambiando hasta los parámetros actuales. El nacionalismo gran ruso que representa Putin primero tuvo que poner orden en el
 
2 interior, dominando hasta cierto punto el poder de los oligarcas, antes de mostrar firmeza en sus relaciones exteriores. Como ocurrió en 1991 en la desaparecida Unión Soviética, ahora en Ucrania una serie de acontecimientos han roto el equilibrio existente y desencadenado una espiral de acontecimientos que pueden llevar a una nueva ronda de independencias y/o anexiones con la Federación Rusa. Si en la URSS los actores que precipitaron la ruptura fueron los sectores inmovilistas buscando acabar con el proceso de reformas de Gorvachov, ahora en Ucrania los actores que han precipitado la actual crisis han sido unas decenas de miles de manifestantes en Kiev, encabezados por sectores fascistas, buscando inicialmente la integración en la UE y, posteriormente, la caída de un gobierno legítimo, cuya mayor base de apoyo se encontraba en el este y sur de Ucrania. La primera consecuencia derivada del derrocamiento de ese gobierno legítimo
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 fue la secesión de la península de Crimea y su adhesión a la Federación Rusa. Este hecho, con ser una importante alteración de fronteras internacionales, no ha tenido graves consecuencias por tres especiales razones, la primera porque no se trataba de un territorio histórico de Ucrania sino de Rusia, su pertenencia a Ucrania fue fruto de una cesión administrativa hecha por Kruchev en 1954 cuando nadie pensaba en una desintegración de la Unión Soviética; en segundo lugar porque se ha celebrado un referéndum donde la inmensa mayoría de la población expresó su deseo de adherirse a Federación Rusa; y en tercer lugar porque ante la firmeza mostrada por Rusia, la complejidad de los vínculos económicos de ésta con Occidente, y los apoyos explícitos o implícitos que Putin obtuvo en la comunidad internacional, ni EEUU ni la UE quisieron ir más lejos de algunas condenas más decorativas que efectivas. Lo que se plantea ahora con la rebelión prorrusa en el este y sur del país ya es un desafío más importante a la integridad territorial de Ucrania - como lo fue en 1991 la implosión de la URSS, o posteriormente la de Yugoslavia - y una puesta en escena de un viejo problema del centro y este de Europa, agudizado después de la primera guerra mundial con la desaparición de los imperios austro-húngaro y turco, el problema de las minorías nacionales que viven en un país diferente del suyo. En el caso actual, de las minorías rusas que viven en los nuevos Estados surgidos del desmembramiento de la Unión Soviética. Si durante el siglo XIX en los territorios ucranios, que estaban repartidos entre el imperio austro-húngaro y zarista, había una clara mezcla de poblaciones diferentes (ucranios, polacos, rusos, judíos), esta situación evolucionó de manera que, durante su existencia como república de la URSS, pasó de tener una composición multiétnica a otra biétnica, es decir, ucranios y rusos, estos predominando en las regiones en rebelión en estos momentos, el este y sur del país. La razón de este cambio fue la emigración rusa a la región que hizo que los 3,2 millones de rusos
 
3 que habitaban en Ucrania en 1926 pasasen a ser 11,4 millones en 1989, con lo cual Ucrania pasó a tener dos idiomas (en 1989, un 33% de los ucranios tenían el ruso como lengua materna) y dos culturas conviviendo. Ahora, ese delicado equilibrio que hacía convivir dos culturas diferentes en un mismo país ha sido roto por los que querían imponer sus objetivos (los partidarios de la integración en la UE y el alejamiento de Rusia), por los sectores fascistas del nacionalismo ucranio
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 y por el imperialismo occidental. Y cuando la minoría perjudicada se revuelve contra la ruptura de ese equilibrio, los mismos que han llevado a esa situación la acusan, en un acto más de cinismo, de romper la legalidad, de terrorismo y de sumisión a una potencia extranjera (Rusia). La situación se ha vuelto altamente inestable, con el peligro de una escalada militar que podría involucrar a la OTAN y a Rusia. La única salida para desactivar dicha escalada sería aceptar la celebración de referéndums para que la población del este y sur de Ucrania pudiesen decidir su destino. Pero se trata de una salida totalmente irreal mientras el imperialismo occidental persista en su cinismo democrático. Así, el imperialismo si aceptó el referéndum celebrado en las Malvinas en marzo de 2013 apoyado por Gran Bretaña para ratificar que sigue siendo su territorio, anteponiendo el derecho de autodeterminación al principio de soberanía que alegaba Argentina, pero no acepta el que acaba de celebrarse en Crimea o el que quieren celebrar en el este de Ucrania, porque aquí hace primar el principio de soberanía sobre el de autodeterminación. Un comportamiento del imperialismo nada nuevo en la historia. Durante las discusiones posteriores a la primera guerra mundial sobre el trazado de las nuevas fronteras y el destino de las minorías también se utilizó el recurso a los referéndums según la ocasión e intereses. Como dice un importante historiador del nacionalismo “El principio de autodeterminación fue aplicado de forma parcial e incompleta, fundamentalmente en función de los intereses estratégicos de las grandes potencias, y aun así esto solo fue posible en áreas en las que los países vencedores no demostraban un interés primordial.”
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 Si nos referimos a similitudes históricas, no podemos quedarnos solamente con la del comportamiento cínico de las grandes potencias en la aplicación del principio de autodeterminación. No podemos evitar evocar la similitud de tensiones entre grandes potencias que en 1914 y en los Balcanes derivaron en la primera guerra mundial, y la actual tensión entre potencias en Ucrania. Las situaciones son muy distintas en otros aspectos, pero no se puede olvidar que una tensión bélica en ascenso puede derivar en una escenario en que la guerra fría deje pasó a un conflicto abierto.

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