/  4
 
Los otros ojos
Por Orlando Mazeyra GuillénPor Orlando Mazeyra GuillénPor Orlando Mazeyra GuillénPor Orlando Mazeyra Guillén
“No sé si estoy despierto o tengo los ojos abiertos”“No sé si estoy despierto o tengo los ojos abiertos”“No sé si estoy despierto o tengo los ojos abiertos”“No sé si estoy despierto o tengo los ojos abiertos”Andrés CalamaroAndrés CalamaroAndrés CalamaroAndrés Calamaro“¿Qué te pasa, ah? No camines tan a prisa”, pensó Ismael Gallodesacelerando el paso, “tienes que disimularlo bien, despacio, paraque no lo noten: con el pecho frío y la sangre de pato; ahora escuando no puedes parecer ansioso”.Él no tenía tiempo ni ánimos para notarlo, pues estabarecogido en esa vorágine malhadada que era su propia intimidad,pero la calle San José lucía casi desierta, apagada; parecía feriado oesos domingos por la tarde en que sólo las gentes sin vida y sinfamilia matan el tiempo deambulando por el centro histórico de laciudad. “¡Ya sé! Mejor primero me compro algún libro pararelajarme”, concluyó, y entró a la librería Aquelarre a revisar lasnovedades. Se encontró con libros de Francisco Umbral, Pamuk,Cortázar, Mario Levrero y Bryce. Como nunca antes Aquelarreprometía lecturas de bandera: el anaquel de Anagrama repleto y elde Tusquets también. Alfaguara, Planeta, Seix Barral y Brugueraterminaban de atiborrar el recinto.—¿Me consiguió
El escritor y sus fantasmas 
, señorRamírez? —le preguntó al librero sin dirigirle la atención.—Ah —bostezó el anciano con cierto descontento, como silo acabaran de despertar malamente de un plácido sueño—, Hice elpedido pero no me ha llegado todavía… Y tú, ¿estás escribiendoalgo?—Sí y no…—Y ¿cómo es eso?
 
—Tengo una historia pero, por ahora, la escribomentalmente.—En conclusión: estás en nada.—No es eso —repuso—. Lo que pasa es que es un ajustede cuentas.—Escribir por venganza es algo que yo nunca terecomendaría, Ismael.—Lo sé perfectamente, señor Ramírez.—Pero… soy muy curioso…—Eso también lo sé —afirmó Ismael sorteando una leveincomodidad.—Así que debo preguntarte de qué va la historia.—Es simple, nada fuera de lo común, algo trillado.—Te escucho.—Quiero contar la historia de una óptica de cualquierciudad, comarca o país, una óptica cualquiera. Para efectos de mirelato esta tienda de anteojos estaría ubicada, digamos, en la callePeral.—O sea, a media cuadra de aquí, a la vuelta nomás.—Podría ser. Los tenderos son dos personajes idénticos:zánganos, ignorantes y bastante afeminados.—Y seguramente miopes como yo —añadió el ancianoacomodándose las gafas—, por lo tanto también usarían anteojospara hacerle honor al negocio, ¿verdad?—¡Por supuesto! —exclamó Ismael—. Además, me parece quesiendo tan iguales, uno hasta podría creer que son…—¡Mellizos! —apuntaló Ramírez festejando el arranque dela historia—. Los mellizos Ormachea. Me estás hablando de laóptica Ormachea y no se diga más.—¿Usted cree? —inquirió sarcástico Ismael y haciéndose elsorprendido.—¿Qué problema has tenido con esos pobres diablos?
 
—Los acabo de matar.—No digas tonterías, por favor —replicó el viejo,escéptico.—¡Han acusado de narco a mi hermano Miguel!—¿Qué cosa? —exclamó el viejo sobresaltado.—¿Eso le parece poco? —indagó Ismael, ofuscado—. Esosmellizos andan diciendo que con la coca se ha comprado la nuevacasa, el edificio en Cayma y la camioneta. Dicen que es imposibleque un contador gane tanta plata. ¿Eso le parece justo, carajo?—Me dejas sin palabras, Ismael —le confesó el señorRamírez sin salir de su asombro.—Así me quedé yo cuando me enteré de lo que estánhablando: mudo, sin palabras. Por eso, fui y les saqué los ojos,después de molerlos a punta de puñaladas.—¿Cuándo has cometido esa locura?Ismael expulsó toda la rabia contenida abriendo su raídamochila y sacando con arrebato un verduguillo:—Oye, Ramírez, no seas tan preguntón —lo tuteó condesdén como nunca lo había hecho ni lo volvería a hacer—. A todoel que se atreva a poner en tela de juicio la honestidad de alguiende mi familia lo voy a degollar sin dudarlo, ¿entiendes?El viejo quedó estupefacto y al borde del infarto, y no tuvotiempo de responder porque el muchacho devolvió el arma a lamochila y salió de golpe de la librería. Ismael llegó corriendo alcruce de San José con Peral y quebró a la derecha. Ahora estaba aescasos treinta metros de la óptica Ormachea.¿Qué te pasa, carajo?, se preguntó en voz baja, ¿qué vas ahacer? ¿quieres que te conozcan por escribir novelas o por matarmariposas?—¡Ismael, Ismael! —repitió desde la esquina el viejoRamírez que, presuroso, había salido a alcanzarlo—. Te hasolvidado la novela.

Share & Embed

More from this user

Add a Comment

Characters: ...