Francisco Arriaga – Año 2, No. III. Libres libros de a libra. 05 Nov. 2009
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del reino de Michoacan hasta la provincia de Aztlan. El sucesor de Huetzitin, Ocelopan,acordándose de la tierra de sus pasados, acordó de venir a ella, trayendo consigo a todos los de su nación (…)Venía con ellos una hermana suya, mujer varonil llamada Matlálatl (…) Traían por su particular ídolo a Huitzilopochtli.
Es fácil deducir que las raíces raciales,religiosas y lingüísticas de los aztecas eran toltecas […]’
El extranjero y la tierra
Se sabe que Gutierre Tibón fue sobre todo, un autodidacta, recibiendo a los 41 años suprimer doctorado Honoris Causa [por la Universidad de San Nicolás de Hidalgo enMichoacán], esto por su labor de investigación y difusión de la historia de México, sulengua y sus tradiciones. Filólogo en toda la acepción de la palabra, Tibón nació en 1905en Milán, Italia, viviendo prácticamente su vida toda en México, falleciendo enCuernavaca, Morelos, en 1999. Su libro fue publicado en 1975, y es reconocidoampliamente como una exposición de la más alta erudición, y también de la preocupaciónmáxima de un hombre que aprendió a amar, a querer a la tierra que le diera abrigo.Quizá por esto mismo pocos tan calificados y capaces como él, de sacar adelante laempresa de recolección y explicación de los distintos sucesos que fueron fortaleciendo,enriqueciendo y también difuminando, lo que se encuentra detrás de la palabra
México
yla fundación de la ciudad que llevase el mismo nombre.La lista de autores a quienes cita minuciosa y detenidamente se nutre con los nombres deSahagún, Durán, Boturini, Ixtlilxóchitl, Tezózomoc, Torquemada, Molina, Seler, León-Portilla, León y Gama, Clavijero, Eguiara, Bernal Díaz, y Cortés.Y por si esto fuera poco, se permite incluir referencias que a más de un lector podríanhaber hecho brincar, como la siguiente:
México y las conejitas… de Playboy
Mé-xi-co significa, entre otras ochocientas cosas ‘el conejo en la luna’, y ‘el ojo delconejo’. Filólogo trabajando, Tibón define claramente al animalillo silvestre: ‘El conejo:humano, demasiado humano’. ¿Por qué nos agradan tanto los conejos? RespondeGutierre que es algo perdido en lo más profundo de nuestros instintos. ‘
Nos agrada instintivamente la vida de esas criaturas, con sus preocupaciones inocentes: una vida infantil, despreocupada y serena.
’Además, y aquí viene la justificación de la referencia, los varones inconscientementeasocian al conejo con ‘el atributo de femineidad esencial: su prodigiosa fecundidad’.
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