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¿Sirve para algo la fe en elsiglo XXI?
 J. Enrique Cáceres-Arrieta
“Nada podemos hacer contra la verdad, sino a favor de la verdad”.
 -San Pablo-
El progreso no invalida la fe
En este siglo de teléfonos móviles,
internet,
computadores conectados a laRed desde aproximadamente cualquier punto geográfico del planeta;
 
cine en
casa, automóviles que prácticamente vuelan; de edificios que no solo “rascan”
los cielos, sino que además son lujosas mansiones en el aire; de palacetes ycastillos de hada; de artefactos electrodomésticos que preparan alimentos encuestión de segundos; de
cyborgs
y robots con inteligencia y emocionesartificiales; de satélites interestelares que informan lo mínimo ocurrido en el
espacio; de telescopios que permiten descubrir “nuevas” galaxias
, otrosplanetas y planetoides; de cohetes y transbordadores que permiten permanecermuchos días en el espacio; de vehículos de transporte público cada día másveloces y eficaces; de medios de comunicación social que cubren hasta elpunto más recóndito del planeta e informan en cuestión de minutos; dealimentos y bebidas instantáneos; de trasplante de casi cualquier órgano,implante de prótesis inimaginables; de cirugías que corrigen poco más omenos cualquier inconveniente físico; de operaciones que hace solo unos añoseran soñadas o vistas únicamente en películas de ciencia-ficción; de genios de
 
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la literatura con absoluta facilidad para trasladarnos al realismo mágico; devirtuosos y fenómenos de la música, el canto y la poesía, de la pintura,biología, física, matemáticas, cibernética, astronomía, cinematografía; degenios de la comicidad con la gracia natural más que suficiente para hacernosdesternillar; de la invención de métodos y dietas para vivir más y mejor; demedicamentos que posibilitan el mejor funcionamiento de genitales, capacesde elevarnos la libido a las nubes prácticamente a cualquier edad; decompletar la lectura del genoma humano, del descubrimiento de la estructurahelicoidal del ADN; de la investigación de células madre sin destruirembriones; de la clonación de animales y posiblemente seres humanos; denacimientos de bebés probeta; del descubrimiento del origen del universo y lavida; de sondeos inimaginables en el cosmos y en las profundidades de maresy océanos. En fin, del siglo en que además del legado del glorioso siglo XXesperamos sembrar y cosechar nuestros logros como habitar nuevos planetas,descubrir nuevas leyes de la naturaleza para contrarrestar su furia, repararnuestra deteriorada capa de ozono y dejar de calentar el planeta, erradicar lasenfermedades y alcanzar la soñada inmortalidad, eliminar la injusticia, losconflictos bélicos, el hambre, la pobreza y lograr más asombrosos inventos,
¿será necesaria la fe?
Si nos dejamos abrumar (más de lo que estamos) por lo logrado y lo quealcancemos, concluiremos sin lugar a dudas que no necesitamos fe. ¿Para qué
fe si lo “tenemos todo”? ¿Para qué fe en este siglo de luces, en el cual hemos
conquistado lo inimaginable? Antes de responder esas preguntas, llama laatención que a pesar de tantos descubrimientos, avances e inventos, noscomunicamos menos, nos entendemos poco y nos sentimos peor. Comoperiodista y observador de la conducta humana, me he percatado que
 – 
en estesiglo de las comunicaciones- muchas veces la comunicación brilla por suausencia en la familia cercana, en los medios de comunicación y entre loscomunicadores y periodistas. Comunicación es lo que muchas veces no hay
entre nosotros. Esto es, somos “luz en la calle y oscuridad en casa”. “En casa
de herrero, c
uchillo de palo”.
La respuesta de por qué necesitamos fe estriba en la innegable realidad deque además de seres con alma y cuerpo tenemos un espíritu sediento no desexo, dinero y poder (las tres cosas que en general más motivan al humano),sino de aquello que sacie hambres de afecto, cure nuestro
Niño
interior y sanenuestros sentimientos de abandono y miedos al rechazo, con el objeto dehallarle sentido a la vida que a veces se nos convierte en la cruz más pesada enel planeta. ¿Para qué sexo, dinero y poder si sentimos que nadie nos quiere,nuestro
Niño
interior vive deprimido, con miedos irracionales, vacíos,soledad, sentimientos de abandono y de culpa y un sinsentido para vivir? Se
 
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nos ha olvidado que la felicidad del ser humano
no
la determinan los bienes
que posee, y que “no solo de pan vivirá el hombre”. Pregunto: Si todas esas
cosas materiales importantes, pero innecesarias para llenarnos, satisficieran lavida, ¿muchos de los que las tienen vivieran vacíos y sin sentido? Pienso queno. (En el ensayo
¿Por qué estoy tan vacío?
 
desarrollo el tema)Incontables personajes ricos y famosos se han atrevido a declarar enpúblico que aunque el dinero y la fama les ha ayudado a escalar un lugar en lasociedad, ello no ha contribuido a llenar su vida como ellos creían antes de serricos y famosos. El comediante canadiense Jim Carrey dijo hace un tiempo:
“Creo que todos deberían volverse ricos y famosos, y hacer lo que siemprehan soñado. Así verían que eso no soluciona nada”. Muchos dirán: “¡así es!”.
No es que el dinero no solucione las necesidades existenciales: pan, agua,vivienda, vestido, calzado. Con dinero se puede adquirir casi todo lo material.
Esa verdad está contenida en el pensamiento: “El dinero no compra la
felicidad, pero
ayuda a financiarla”. Ayuda a financiar lo que pueda
comprarse, pero
no
resuelve necesidades emocionales, sicológicas yespirituales.Si lo material llenara vacíos espirituales, saciara hambres de afecto yresolviera problemas existenciales, ¿por qué muchas gentes en los países conelevadísimo producto interno bruto (PIB)
 per cápita
y/o mayor calidad de vidarecurren al suicidio y a la droga social llamada alcohol? ¿Por qué eltabaquismo mata a un fumador cada 6 segundos? ¿Por qué la demanda dedrogas ilícitas aumenta cada año en las sociedades más ricas y opulentas? (Escurioso que el consumo de drogas y alcohol haya aumentado extremadamente
donde un falso laicismo y ateísmo radical han surgido como “alternativas”
existenciales. ¿Qué dicen al respecto los racionalistas y cientificistasenemigos del
Evangelio
? No dicen ni esta boca es mía.) ¿Por qué se suicida la juventud y la niñez en aquellos países? Porque la vida del ser humano
no
 consiste en los muchos bienes y riquezas que posea. No somos solo mente yalma. También tenemos un espíritu que se sacia solamente conalimento espiritual. En ninguna manera hablo de religión. De ello nosdaremos cuenta más adelante.Sin ánimo de desmeritar a otros profesionales, considero que desde que elser humano cayó en pecado allá en el Edén hay tres profesionalesindispensables para que la vida sea más llevadera, sin importar que vivamosen castillos o chozas. Los mencionaré en orden de importancia aunque por logeneral no sean vistos así por la cantidad de enfermedades que azotan a lahumanidad y el daño que unos humanos causan a otros: a) pastor cristiano dealmas; b) sicólogo; c) médico. (Si los dos últimos profesionales son tambiéncristianos nacidos de nuevo y con temor de Dios, las cosas marchan mejor) La
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