Pasó el tiempo, incluido el episodio de 1986, donde la cuestión alcanzo su punto más relevante merced al impulso dado a la idea por el presidente RaúlAlfonsín.Hacia 1998, mi amigo, el filósofo oriental (uruguayo) Fernando Floresmorador, radicado en la Universidad de Luna en suecia, en visita a buenosAires, al ver la investigación, me pidió una copa para digitalizarla.Al poco tiempo me la mandó, y seguramente, pensando en las imperfeccionesdel sistema de reconocimiento de caracteres (OCR) que utilizan los escáneres,la dejé pendiente para revisarla y hacer las correcciones pertinentes.Pasó el tiempo, y en setiembre de este 2009 en curso, mi amigo el profesor Doctor Rafael Garzón, a la sazón, Presidente de la filial Córdoba de laSociedad Argentina de Escritores, tuvo la deferencia de invitarme a elaborar un capitulo de una obra colectiva que tiene proyectada realizar en homenaje al bicentenario Argentino.Me pidió, que para el trabajo, orbitando en la misma temática de lainvestigación que estamos presentando, le adjuntara la correspondiente bibliografía.Un poco por la comodidad (diríase pereza), que ofrece la informacióndigitalizada, se me ocurrió, consultar la investigación que había hecho
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