• Embed Doc
  • Readcast
  • Collections
  • 2
    CommentGo Back
Download
 
Los Misterios del Gusano
2 de octubre de 1850Querido Bones:Fue estupendo entrar en el frío vestíbulo de Chapelwaite, poblado de corrientes de aire,con todos los huesos doloridos a causa del viaje en ese abominable carruaje, ansioso por desahogar inmediatamente mi vejiga distendida... Y ver sobre la obscena mesita de madera deguindo vecina a la puerta una carta en la que aparecían escritas mis señas con tus inimitablesgarabatos. Te aseguro que me dediqué a descifrarla apenas me hube ocupado de las necesidadesde mi cuerpo (en un frío y decorado cuarto de baño de la planta baja donde veía cómo el alientose remontaba delante de mis ojos).Me alegra la noticia de que te has recuperado de las
miasmas
que te habían atacado hacetanto tiempo los pulmones, aunque te aseguro que comprendo el dilema moral que te ha creado eltratamiento. ¡Un abolicionista enfermo, que se cura en el clima soleado del territorio esclavista deFlorida! Pese a ello, bones, este amigo que también ha marchado por el valle de las sombras, te pide que
te cuides
y que no vuelvas a Massachussets hasta que el organismo te lo autorice. Tuinteligencia sutil y tu pluma incisiva no nos servirán si te reduces a arcilla, y si el Sur es el lugar ideal para tu curación, ¿no te parece que hay en ello un elemento de justicia poética?Sí, la casa es tan bella como me habían dicho los albaceas de mi primo, pero bastante mássiniestra. Se levanta sobre un colosal promontorio situado unos trece kilómetros al norte dePórtland. Detrás de ella se extiende un parque de alrededor de hectárea y media, donde la Naturaleza ha vuelto a imponerse con increíble ferocidad: enebros, malezas, arbustos y muchasvariedades de enredaderas que trepan, exuberantes, por los pintorescos muros de piedra queseparan la propiedad del territorio municipal. Unas espantosas imitaciones de estatuas griegasespían ciegamente entre el follaje, desde lo alto de varias lomas, y en la mayoría de los casos parecen a punto de abalanzarse sobre el caminante. Los gustos de mi primo Stephen parecíanrecorrer toda la gama que va desde lo inaceptable hasta lo francamente horroroso. Hay unaextraña glorieta casi sepultada en zumaques escarlatas y un grotesco reloj de sol en medio de loque antaño debió de ser un jardín. Éste constituye el último toque lunático.Pero el paisaje que se divisa desde la sala compensa con creces todo lo demás. Se dominaun vertiginoso panorama de las rocas que se levantan al pie de chapelwaite Head, y también delAtlántico. Un inmenso ventanal combado se abre sobre este espectáculo y junto a él descansa unenorme escritorio inflado como un escuerzo. Será un buen lugar para dar comienzo a esa novelade la que te he hablado durante tanto tiempo (sin duda hasta hartarte).Hoy tenemos un día gris, con lluvia intermitente. Cuando miro hacia fuera, todo parece unestudio en color pizarra: las rocas, viejas y desgastadas como el Tiempo mismo; el cielo; y, por supuesto, el mar, que se estrella contra las fauces graníticas de abajo con un ruido que más queruido es como una vibración. Mientras escribo, las olas repercuten bajo mis pies. La sensación noes totalmente desagradable.Sé que desapruebas mis hábitos de hombre solitario, querido Bones, pero te aseguro queme siento bien y dichoso. Calvin me acompaña, tan práctico, silencioso y confiable comosiempre, y estoy seguro de que a mitad de semana, entre ambos habremos puesto las cosas enorden y habremos concertado un acuerdo para que nos envíen desde el pueblo todo lo quenecesitamos. Además, habremos contratado una legión de criadas que se encargarán de quitar el polvo de esta casa.
 
Es hora de poner punto final. Todavía tengo que ver muchas cosas, tengo que explorar muchas habitaciones, y sin duda estos delicados ojos deberán posarse aún sobre un millar demuebles execrables. Nuevamente te agradezco el toque familiar que me trajo tu carta, y tu permanente afecto.Cariños a tu esposa de quien os quiere a ambos.Charles6 de octubre de 1850Querido Bones:¡Qué lugar tan extraño es éste!Continúa maravillándome, lo mismo que la reacción de los habitantes de la aldea vecinaante mi presencia en la casa. Dicha aldea es un lugar insólito, que ostenta el pintoresco nombre dePreacher’s Corners, o sea, esquinas de los predicadores. Fue allí donde Calvin se aseguró el envíode las provisiones semanales. También hizo otra diligencia, que consistió en comprar unacantidad de leña que creo nos bastará para todo el invierno. Pero Cal volvió con un talantelúgubre, cuando le pregunté qué le sucedía respondió hoscamente:-¡Piensan que usted está loco, señor Boone!Me reí y dije que quizás habían oído hablar del acceso de fiebre encefálica que habíasufrido después de la muerte de mi Sarah... Claro que entonces divagaba como un demente, comotú bien puedes atestiguarlo.Pero Cal replicó que lo único que sabían acerca de mi persona era lo que había contado mi primo Stephen, quien había utilizado los mismos servicios que yo acabo de contratar.-Lo que dijeron, señor, es que en Chapelwaite sólo puede vivir un lunático o alguien quese arriesga a enloquecer.Esto me dejó perplejo, como te imaginarás, y le pregunté quién le había dado esaasombrosa información. Me contestó que le habían puesto en contacto con un huraño y bastanteembrutecido plantador llamado Thompson, que posee cien hectáreas pobladas de pinos, abedulesy abetos, y que los corta con la ayuda de sus cinco hijos para venderlos a los aserraderos dePórtland y a las familias de la comarca.Cuando Cal, que desconocía su raro prejuicio, le informó a dónde debía transportar lalepa, Thompson le miró boquiabierto y dijo que enviaría a sus hijos con la madera, en pleno día,y por el camino que bordea el mar.Calvin, que aparentemente confundió mi desconcierto con aflicción, se apresuró a aclarar que el hombre apestaba a whisky barato y que luego se había explayado en una serie de desvaríosacerca de una aldea abandonada y las relaciones de mi primo Stephen... ¡con los gusanos! Calvincerró el trato con uno de los hijos de Thompson que, según parece, se mostró bastante insolente ytampoco estaba demasiado sobrio ni olía bien. Creo que en la misma aldea de Preacher’s Cornersse produjeron algunas reacciones análogas, por ejemplo en el almacén donde Cal habló con el propietario, aunque allí el tono fue más confidencial. Nada de esto me ha inquietado mucho. Ya sabemos que a los rústicos les encantaenriquecer sus vidas con los aires del escándalo y el mito, y supongo que el pobre Stephen y surama de la familia fueron un blanco adecuado. Como le dije a cal, un hombre que encontró lamuerte al caer prácticamente desde el porche de su casa es un excelente candidato para inspirar habladurías.La casa no cesa de despertar mi asombro. ¡Veintitrés habitaciones, Bones! Los paneles demadera que recubren las plantas superiores y la galería de cuadros están un poco mohosos peroconservan su grosor. Mientras me hallaba en el dormitorio de mi difunto primo, arriba, oí las ratas
 
que correteaban detrás de esos paneles, y deben de ser muy grandes, a juzgar por el ruido quehacen..., casi como si se tratara de pisadas de seres humanos. No me gustaría toparme con una deellas en la oscuridad. Ni, a decir verdad, en plena luz. De todas formas, no he visto cuevas niexcrementos. Es curioso.A lo largo de la galería superior se alinean unos feos retratos cuyos marcos deben de valer una fortuna. Algunos de esos rostros tienen un aire de semejanza con Stephen, tal como yo lorecuerdo. Creo haber identificado a mi tío Henry Boone y a su esposa Judith, pero los otros nodespiertan en mí ninguna evocación. Supongo que uno de ellos puede ser el de mi famoso abuelo,Robert. Pero la rama de la familia de la que forma parte Stephen me resulta prácticamentedesconocida, cosa que lamento de todo corazón. Estos retratos, a pesar de su escasa calidad,reflejan el mismo buen humor que chispeaba en las cartas que Stephen nos escribía a Sarah y amí, la misma irradiación de refinada inteligencia. ¡Qué estúpidas son las razones por las cualesriñen las familias! Un escritorio desvalijado, unas injurias intercambiadas entre hermanos que hanmuerto tres generaciones atrás y se produce un distanciamiento injustificado entre descendientesinocentes. No puede dejar de alegrarme de que tú y John Petty consiguierais comunicaros conStephen cuando todo parecía indicar que yo seguiría a mi Sarah al otro mundo..., al mismotiempo que me apena que el azar nos haya privado de un encuentro personal. ¡Cómo me habríagustado oírle defender las estatuas y los muebles ancestrales!Pero no me dejes denigrar exageradamente esta casa. Es cierto que el gusto de Stephen nocoincide con el mío, mas debajo de sus agregados superpuestos hay auténticas obras maestras(algunas de ellas cubiertas por fundas en las habitaciones superiores). Hay camas, mesas, y pesadas tallas oscuras en teca y caoba, y muchos de los dormitorios y antecámaras, el estudio dearriba y una salita, tienen un austero encanto. Los pisos son de sólido pino y lucen con unresplandor íntimo y secreto. Aquí encuentro dignidad, dignidad y el peso de los años. Aún no puedo decir que me gusta, pero sí me inspira respeto. Y estoy ansioso por ver cómo el lugar setransforma a medida que pasamos por los cambios de este clima septentrional.¡Qué prisa, Señor! Escribe pronto, Bones. Háblame de tus progresos y cuéntame qué noticiastienes de Petty y los demás. Y por favor no cometas el error de inculcar tus ideas en forma
demasiado compulsiva
a tus nuevas amistades sureñas... Entiendo que allí no todos se conformancon responder sólo con la boca, como lo hace nuestro locuaz
amigo
, el señor Clhoun.Afectuosamente,Charles16 de octubre de 1850Querido Richard:Hola, ¿cómo estás? He pensado muchas veces en ti desde que me instalé aquí, enChapelwaite, y no perdía la esperanza de recibir noticias tuyas... ¡pero ahora Bones me comunica por tu carta que olvidé dejar mis señas en el club! Puedes estar seguro de que de todas maneras tehabría escrito, porque a veces me parece que mis auténticos y leales amigos son lo único seguro yabsolutamente normal que me queda en el mundo. ¡Y, ay Dios, cómo nos hemos dispersado! Túestás en Boston, y escribes consecuentemente en
The Liberator 
(al que, te advierto, también le heenviado mi dirección). Hanson está en Inglaterra, en una de sus condenadas correrías, y el pobreviejo Bones está en la mismísima
 guarida del león
curando sus pulmones.Aquí todo marcha bien, dentro de los límites de lo previsible, y no dudes que tesuministraré una reseña completa cuando no esté tan apremiado por lo que ocurre a mi alrededor.En verdad creo que algunos hechos que se han sucedido en Chapelwaite y en la comarcacircundante estimularían tu sensibilidad jurídica.
of 00

Leave a Comment

You must be to leave a comment.
Submit
Characters: ...
11 / 25 / 2011<span class="translation_missing">en_US, this_document_made_it_onto_the</span>Rising List!
You must be to leave a comment.
Submit
Characters: ...