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La herencia decimonónica
No se puede hacer un análisis de la historiografía en el siglo XX, sin recordar alos historiadores decimonónicos y sus logros, fundamentalmente por dosrazones. La primera, la larga tradición que sus fundamentos teóricos y susprácticas tuvieron hasta bien entrado el siglo. La segunda, la existencia defuertes críticas a estos fundamentos por las escuelas dominantes desde losaños 50.Durante el siglo XIX, se realizó la fundamentación de la disciplina histórica ensu estado actual, lo que supuso un hecho trascendental: el abandono de laconcepción de la historia como una crónica de los hechos del pasado,conocidos mediante los testimonios transmitidos a través de generaciones y elinicio de la actividad investigadora basado en un conjunto de prácticasmetodológicas.De la crónica se pasaba al significado prístino de historia: investigación, serealizaba además aplicando una metodología que tenía la explícita voluntad deligar la práctica historiográfica a la ciencia.Más allá de las profundas diferencias entre la historiografía positivista y delhistoricismo alemán, lo s significativo fue el hecho de que todosdesaprobaron los esfuerzos para historiar el pasado reciente, por no decir nadade buscar una interpretación historiográfica a su coetáneo presente. Si bienalguno escribsobre temas contemporáneos, lo cierto es que la prácticaconllevó la costumbre de que los historiadores hablaran como tales, sobre lahistoria del pasado y como ensayistas – publicistas de los hechos presentes.La historia devenida en ciencia, pasó a ser estudiada por profesionales, que asu vez se fueron reuniendo en universidades y centros de investigación. Unade las consecuencias de esta profesionalizacn fue su crecienteideologización.Fueron estas transformaciones las que ejercieron mayor influencia en ladisciplina histórica a lo largo del siglo XX, conformando el activo sdestacado de la herencia decimonónica.
Corrientes de las ideas en el siglo XX.
Durante la primera mitad del siglo XIX, la moda se centraba en el espiritualismoy en elidealismo. En la segunda mitad, al espiritualismo sucedío elmaterialismo, o al menos el determinismo, y a la metafísica el método positivo.En el siglo XX se produce un retorno a la metafísica, a la afirmacion de unalibertad creadora para el espiritu. En Francia, este retorno está vinculado alnombre de Henri Bergson (1859-1941). Algunos de sus libros fueron: Ensayosobre los datos inmediatos de la conciencia, La evolucion creadora. Estastenian ideas filosoficas. Estas no podian dejar de ejercer una influencia sobrelos historiadores.
1.- El determinismo geográfico de Lucien Febvre
 
 
A este respecto, el resultado esencial de la revolución bergsonia ha consistidoen separar el determinismo de las condiciones geográficas e históricas y endevolver al espiritu la libertad plena de acción, la capacidad, ante lascondiciones goegráficas e históricas que se presenten ante él, de utilizar lasque convienen y dejar de lado las demás. Esta manera de ver aparece en ellibro que Lucien Febvre ha escrito sobre La tierra y la evolucion humana en lacolección “La evolucion de la humanidad”, dirigida por Henri Berr. La idea sobrela que ha insistido rapidamente es, precisamente, que las consicionesgeograficas no son determinantes; que son unicamente posibilidades, entre lascuales el hombre elige. Ya con anterioridad a el, Vidal de la Blache habiaabogado a favor de la causa del “posibilismo”.Anteriormente a Febvre y Vidal, los geógrafos tenían la costumbre demasiadofrecuente de hacernos ver que los hombres fijaban su habitat allí donde hayagua; la presencia del agua les parecia determinante. Pues no lo es, dice L.Febvre. Los hombre pueden perfectamente apartarse del agua si hay otraconsideración que interviene: por ejemplo, irán a instalarse lejos de un río, paraevitar sus desbordamientos; o en una meseta, por que allí tienen sus campos yquieren estar cerca de ellos. En este caso cavarán pozos profundos paraencontrar agua a costa de un trabajo extraordinario, en tanto que abajo, en elvalle, no tendrían más que recogerla; o bien se instalarán en lugares elevadospor que las circunstancias hist´ricas harán que los prefieran con el objeto o conel fin de defenderse con más facilidad. A mi juicio, de todas estasconsideraciones no se puede sacar ninguna conclusión metafísica a favor o encontra del libre arbitrio. Ellas no nos apartan del método positivo. Pero a mí meparecen atinadas en la medida en que, con una gran oportunidad, han dirigidola atención de los historiadores, o de los sociologos, o de los goegrafos sobreel hecho de que los motivos que se presentan al esritu humano soncomplejos. Razón de más para estar en guardia contra las generalizacionesprecipitadas.
2. La mente humana no es un simple aparatoregistrador.
Otra preocupación que quizá provenga también, en cierta medida, de larevolución bergsoniana, es la que Marc Bloch ha definido siempre y queconsiste en lo siguiente: las fuerzas a las que acabo de referirme nunca actuánen la historia si no es por mediación de la mente de los hombres. Cuando selee a Tiane, por ejemplo, o a los psicólogos, sensualistas del siglo XVIII, setiene la impresión de que las fuerzas geógraficas e históricas actúan sobre lahistoria por sí mismas, y que la mente humana no es más que una especie deaparato que permite al orden de la naturaleza transferirse automáticamente a lahistoria. Por supuesto, ¡no sucede así en absoluto! Lo he dicho y lo repito: lamente humana es una fuerza y ejerce en el mundo una acción que le es propia.
 
Los deterministas de la segunda mitad del siglo reprochado por Marx el haber hecho de la mente humana un simple aparato registrador.Cuando se produce un suceso histórico, se convierte en causa a través de lapropia forma en que los hombres se lo imaginan. Por consiguiente, si esimportante para el historiador saber cómo se han producido efectivamente lascosas, no lo es menos el saber cómo se han imaginado esos hechos loshombres que vivian en esa época o un pocoo un poco más tarde; y sucede amenudo que nos los habían representado de una forma que coincide con laque nos parece ser la verdadera. Ahora bien, frecuentemente los historiadoresse han asignado la primera finalidad descuidando la segunda, o si se han fijadoen ella ha sido unicamente para extasiarse por lo absurdo de la concepción quehabián tenido de un acontecimiento sus contemporaneos. Sin embargo, si loshombres han reacciondo, ha sido según esa concepción, y, por consiguiente,ella ha sido la causa de los acontecimientos que la han sucedido. Paracomprender éstos, interesa conocer todas las razones que les han hechoseguir.
3. La ciencia en movimiento.
Hay otro hecho que ha ejercido una influencia en el mismo sentido: latransformación de las ideas científicas propiamente dichas. Ya a finales delsiglo XIX, el gran matemático Henri Poincaré (1854-1912) escribió un libro, laciencia y la hipótesis, en lo que indicaba que en lo que se denominan leyescientíficas son, en realidad de un valor relativo, y que no podemos atribuirles,como hacia Descartes, un valor absoluto; que, por ejemplo, las geometrías noeuclidianas –basadas en el postulado de que por un mismo punto puedenpasar varias paralelas a una recta dada, y no solo una –son tan validas como lageometría euclidiana: y que, si hemos adoptado esta ultima, es por queproporciona resultados mas satisfactorios o mas cómodos a escala de lasmagnitudes entre las que se mueve el hombre.De ellos resulta que incluso las verdades matematicas, toman el aspecto deverdades relativas.
4. El prestigio de Benedetto Croce.
En Italia, la repulsa hacia el conocimiento exclusivamente positivo, junto con elretorno a la metafísica, están vinculados al hombre prestigioso de BenedettoCruce, a la vez filosofo, critico literario y critico de arte. Como historiador tenemos de él por ejemplo, investigaciones críticas sobre la revoluciónnapolitana de 1799 y una historia de Italia 1871 a 1915, donde se manifiesta ala vez como un erudito y como un brillante historiador de síntesis.B. Croce experimentó primeramente la influencia del marxismo, introducido enItalia por Labriola, pero no tardo en alejarse de él para pasar al idealismofilosófico y, por mucho que niegue ser hegeliano, la influencia de la filosofía
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