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Sinceridad, No Es Lo Mismo Que Honestidad I y II

Sinceridad, No Es Lo Mismo Que Honestidad I y II

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Published by: Rafael López Correa on May 09, 2014
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05/09/2014

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Han pasado tres meses, 7 días, 2 horas, 48 minutos y una infinidad de segundos. Preguntaste, si aún te extraño, y no supe que responder, solo sonreí con los ojos cargados de melancolía, y negué con la cabeza. - ¿Ni un poco?- Solo me encogí de hombros y me dí la vuelta, con el pecho congestionado, vacío y apunto de estallar. ¿Extrañarte? Ni un poco, tal vez entre ratos, a momentos. -Yo tampoco te he extrañado, en ocasiones he creído extrañarte, pero creo que lo que extrañaba era la compañía. El ansia, y la ganas de platicar tan libremente. Creo, que eso es lo que extrañaba. Suspiré suave y dolorosamente, sonreí como siempre y te miré a los ojos, sin verte. Eso es a lo que me refería, dije. Lo nuestro era solo compañía. La amistad de dos seres solitarios e incomprendidos que se reflejan uno al otro como un espejo. Que se acercan, y bailan una complicada danza, sin siquiera tocarse. Por eso... por eso terminamos, y por eso no volveremos. -Pero... -Ambos sabemos que es cierto. Tu misma lo dijiste en un inicio, el intentarlo, solo lo complicaría. Y, así fue. Pero ahora esta bien todo, ¿no?- -Cierto, pero lo probaste, ¿no?. Al final, volvemos al inicio. Volver al inicio, era tentador, pero imposible. No podemos volver a ser los de antes, no podemos ser lo que antes fuimos, ni lo que no hemos podido ser. ¿Acaso puede un pingüino volar como un albatros?. No, era demasiado tarde para ello. Pero eso no podía decirtelo, solo... solo no pude. Prefería mentirte. -Cierto, estamos como al inicio, como antes. Pero, en este caso, los escenarios han cambiado. -¿Cómo?, no entiendo. Sonreí como un tonto, con calma; más calma de la que nunca he tenido. Y entonces, paladeé el sabor de mis palabras, de mis deseos. La bilis de mis sentimientos. -Tengo que irme. Me han hecho una propuesta y la he aceptado. Guardaste silencio por un buen rato, con la mirada baja, ignorante del frío y del tiempo.
 
-¿Tienes frío?- pregunté mientras me despojaba de mi chamarra, para cubrir tu helada piel, que tintiniaba con el viento. Contra tu costumbre, no me rechazaste, dejaste que te cubriera, y desviaste la pregunta. -¿Por cuanto tiempo?, ¿cuanto tiempo tardarás?. - No lo se. Un año tal vez... tal vez dos. ¿Quién puede saberlo?. -¿Cómo?, no entiendo... ¿Aceptaste sin preguntar?- Preguntaste sin levantar tus ojos, y aunque a prudente distancia. Yo podía muy bien sentir tu olor y tu calor. Embriagado, no pude responder. Me deje llevar, hipnotizado. Deseoso de que este momento nunca terminará, de acercarme, alejarme. ¿o que se yo?. Tu rompiste el silencio. Yo no pude hacerlo. Tu si. -Dime, por favor. - Es una extraña oportunidad, puedo hacer lo que siempre he querido. Y aunque es por contrato, es más bien una posición de confianza. Sabes, soy el único al que le hicieron esa oferta, decían que me querían a mi, que yo era el indicado. Es raro, nunca creí que me pasará, generalmente uno es el que llama, nunca al que llaman. -y, ¿que harás?- Tus silencios eran cada vez más profundos -¿Que hay de Max?- Pregunté de pronto, curioso de saber que habías por fin decidido. -Me habló el otro día. Dijo que si quería volver con el y... -¿Ya pensaste que decirle?, ¿ya te has decidido?. -Si, he decidido que volveré con él. Tal vez ésta vez, todo funcione. No se... - Y en tus ojos húmedos se reflejaban las estrellas y la noche. -¡Hay mujer!, que bueno que te al fin te decidieras. -Sonreí de nuevo, esta vez con sinceridad. Espero que seas feliz. Y si el te hace llorar... Bueno, creo que tendré que cumplir lo que aquella vez te dije- Y reí como un tonto. -Hecho, es una promesa.- y sonreíste con una de esas sonrisas tuyas que lo dicen todo, y que no dicen nadas.
 
Esa... Esa fue la última vez que nos vimos. Al amanecer partí de esa tierra, y no pudimos siquiera despedirnos en la estación. Pensandolo bien, tal vez esa noche fue nuestra verdadera despedida. No una de esas torpes y elocuentes que todo el mundo hace o finge hacer en los andenes, o en las estaciones La nuestra fue más sincera. Más emotiva. Al final, nos despedimos con un abrazó que se prolongó más de lo necesario. Te acompañe a tu casa, y me invitaste café. Esa vez no acepté, no podía. Quería, pero... tenía miedo. Se me hacía tarde y tenía que empacar. Porque, si me hubiese quedado, hubiera amanecido; se me habría hecho tarde, y no habría partido. Lo siento mucho, querida amiga. No podré asistir a tu boda. El tiempo ha pasado y mis compromisos me atan. Deseo, que en ese día (tu día). El cielo te cubra de dicha y felicidad. Deseo, de todo corazón. Que seas feliz, más feliz de lo que has sido a lo largo de toda tu vida; porque las dificultades vividas, solo son un preludio a la inmensidad de la dicha. Ahora, que inicias otra etapa, quiero que sepas que aun que no pueda asistir, mis bendiciones vuelan contigo. Te quiero, y te Felicito. He dejado la pluma goteando sobre mis ropas, hasta darme cuenta del desastre que he cometido. Han pasado tres meses, 7 días, 4 horas, 27 minutos y un par de segundos. Y pienso, que de entre mis muchos errores, hay uno solo que nunca pude cambiar. Porque nunca se dio el momento, porque nunca tuve la oportunidad. Porque, sabes. Sinceridad no es lo mismo que honestidad.

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