El Desafío de Zhur – Laura Gallego García
-De eso se trata. Dice que él sí tiene una aventura pensada, y que es unapasada.Alex se quedó callado un momento, como meditando. Luego dirigió a susamigos una mirada dolida.-Traidores -se lamentó-. Eso es competencia desleal. Yo soy el master oficial de los Sectarios, el inigualable bardo Taliesin, el que inventa lashistorias… pero hasta los mejores bardos tenemos épocas de sequía.-Es que tu sequía duraba ya un mes -se le ocurrió decir a Víctor; enseguida Alex empezó a protestar de nuevo:-No me pasáis una, tíos. ¿Qué es un mes de sequía? Nada, cuatrosábados. Y ya quiere el ilusionista ése de tres al cuarto quitarme elpuesto que tan merecidamente yo…-Corta el rollo, tío. Es sólo una aventura. Y después, si se te ocurren mása ti, pues seguirás tú.-¿Tú qué opinas, Fabio?Fabio sonrió y se encogió de hombros de nuevo. Se cargó la mochila alhombro y les indicó con un gesto que ya estaba listo para marcharse.Los tres amigos salieron del aula sin una palabra. Bajaron las escalerasen silencio, hasta que Alex comentó:-Por cierto: ¿por qué no ha venido a clase ese suplantador?-No lo sé -respondió Víctor-. Cuando me ha llamado estaba bastanteentusiasmado con su idea. Quizá se ha quedado en casa escribiendo laaventura.Fabio sintió de pronto una mano sobre su hombro, y se volvió.Una chica rubia les había estado esperando en la puerta. Era guapa, eiba muy bien vestida. Fabio la conocía de vista: iba a la otra clase; erauna típica "niña bien", y despertaba distintos tipos de sentimientos entresus amigos. Alex no la soportaba, a Víctor le resultaba indiferente, yChimo la admiraba en secreto.Se llamaba Alicia.-Os he estado esperando… -dijo ella, pero Alex la interrumpió:-Ya lo vemos.
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