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Weil, Simone - En El Umbral (Carta)

Weil, Simone - En El Umbral (Carta)

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05/12/2014

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EN EL UMBRALA la espera de Dios. (1942)
Simone Weil 
Querido Padre:Esto es una posdata a la carta que le escrib´ı a modo de conclusi´on provisional.Espero por usted que sea la ´unica. Temo que pueda llegar a aburrirle. Pero deser as´ı, repr´ocheselo a s´ı mismo. No es culpa m´ıa si creo mi deber exponerle mispensamientos.Los obst´aculos de orden intelectual que hasta estos ´ultimos tiempos me hab´ıanretenido en el umbral de la Iglesia pueden considerarse en rigor eliminados desdeel momento en que no se niega usted a aceptarme como soy. Sin embargo, siguehabiendo obst´aculos.En resumidas cuentas, creo que se reducen a lo siguiente: lo que me da miedo esla Iglesia como realidad social. No s´olo a causa de sus imperfecciones, sino por el he-cho de presentar, entre otras caracter´ısticas, la de ser un hecho social. No es que mitemperamento sea especialmente individualista. Tengo miedo por la raz´on contraria.Hay en m´ı una fuerte tendencia gregaria. Soy por disposici´on natural extremada-mente propensa a dejarme influir, sobre todo por las cosas colectivas. S´e que si eneste momento tuviera ante m´ı una veintena de ovenes alemanes cantando himnosnazis a coro, una parte de mi alma se har´ıa inmediatamente nazi. Es ´esta una grandebilidad, pero as´ı es como soy. Creo que no sirve de nada combatir directamen-te las debilidades naturales. Es preciso hacerse violencia para actuar como si talesdebilidades no existieran en las circunstancias en que un deber lo exige de formaimperiosa; en la vida cotidiana hay que conocerlas bien, tenerlas en cuenta con pru-dencia y esforzarse por hacer buen uso de ellas, pues todas son susceptibles de sercorrectamente utilizadas.Tengo miedo de ese patriotismo de Iglesia que existe en los medios cat´olicos.Entiendo el patriotismo como el sentimiento que se ofrece a una patria terrestre.Tengo miedo de ´el porque temo contraerlo por contagio. No es que la Iglesia meparezca indigna de inspirarlo, pero no quiero para m´ı un sentimiento de ese tipo. Lapalabra
 
querer
 no es la adecuada. S´e, siento con certeza, que todo sentimiento deesa ´ındole, sea cual sea su objeto, es funesto para m´ı.Hubo santos que aprobaron las Cruzadas o la Inquisici´on. No puedo sino pensarque estaban equivocados. No puedo rechazar la luz de la conciencia. Si creo ver conmayor claridad que aquellos santos respecto a alguna circunstancia concreta, yo, quetan por debajo de ellos estoy, debo pensar que tuvieron que estar cegados por algomuy poderoso. Ese algo es la Iglesia en tanto que realidad social. Si esa realidad les1
 
perjudic´o, ¿qe da˜no no podr´a hacerme a m´ı, que soy particularmente vulnerable a las influencias sociales y casi infinitamente m´as ebil que ellos?Nunca se ha dicho ni escrito nada que vaya tan lejos como las palabras del diabloa Cristo, en san Lucas, sobre los reinos de este mundo:
 
Te dar´e todo el poder y lagloria de estos reinos, porque a m´ı me ha sido entregada, y se la doy a quien quiero
.Se deduce de ah´ı que lo social es irreductiblemente el dominio del diablo. La carneimpulsa a decir yo y el diablo impulsa a decir nosotros o, como los dictadores, yocon un significado colectivo. Y conforme a su misi´on propia, el diablo fabrica unafalsa imitaci´on de lo divino, un suced´aneo de lo divino.No entiendo por
 
social
 lo que se relaciona con la ciudadan´ıa, sino solamentelos sentimientos colectivos.e perfectamente que es inevitable que la Iglesia tenga tambi´en un car´acter social;de lo contrario, no existir´ıa. Pero en tanto que realidad social, pertenece al Pr´ıncipede este mundo. Y es precisamente por ser un ´organo de conservaci´on y transmisi´on de la verdad por lo que presenta un car´acter sumamente peligroso para quienes,como yo, somos excesivamente vulnerables a las influencias sociales. Pues, siendosemejantes y estando confundidos bajo las mismas palabras, lo m´as puro y lo m´asimperfecto forman una mezcla casi inseparable.Existe un ambiente cat´olico presto a acoger calurosamente a cualquiera queest´e dispuesto a entrar en ´el. Ahora bien, yo no quiero ser adoptada en ning´unambiente, no deseo habitar en un medio en el que se diga
 
nosotros
 y ser parte deese
 
nosotros
, no quiero encontrarme como en mi casa en ning´un medio humano,sea cual fuere. Al decir
 
no quiero
 me estoy expresando mal, pues, en realidad,bien lo querr´ıa. Todo eso es maravilloso pero siento que no me est´a permitido. Sien-to que me es necesario, que me est´a prescrito, encontrarme sola, extranjera y exiliadarespecto a cualquier medio humano sin excepci´on.Esto parece contradecir lo que le dec´ıa sobre mi necesidad de fundirme concualquier medio humano por el que pase y desaparecer en ´el; pero, en realidad, es elmismo pensamiento; desaparecer en un medio no es formar parte de ´el y la capacidadde fundirme con todos implica no formar parte de ninguno.No e si consigo hacerle comprender estas cosas casi inexpresables.Hay momentos en que estoy tentada de ponerme por entero en sus manos ypedirle que decida por m´ı. Pero, despu´es de todo, no puedo hacerlo. No tengo esederecho.Creo que en las cosas muy importantes los obst´aculos no se franquean. Se losmira fijamente durante el tiempo que haga falta, hasta que, caso de proceder delas potencias de la ilusi´on, desaparecen. Lo que llamo
 
obst´aculo
 es algo distintoa esa especie de inercia que hay que superar en cada paso que se da en direcci´onal bien. Tengo experiencia de esa inercia. Los obst´aculos son algo muy distinto. Sise los quiere franquear antes de que hayan desaparecido, se corre el riesgo de quese produzcan los fen´omenos de compensaci´on a que alude, en mi opini´on, el pasaje del evangelio sobre el hombre del que sali´o un demonio para entrar otros siete acontinuaci´on.2

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